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Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico

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Von Leunam
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Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico

Mensaje por Von Leunam el 6/4/2015, 4:35 pm

Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico



La cooperación y la rivalidad han coexistido en proporciones variables en el Círculo Polar Ártico, la región que puede convertirse en la mayor fuente de petróleo y gas del planeta y en la que Rusia tiene el grueso de sus reservas de hidrocarburos (explotables y potenciales), además de 20.000 kilómetros de frontera marítima.

En 2007, el político Artur Chilingárov colocó en el lecho marino del Polo Norte una bandera rusa fabricada con titanio. Moscú ratificaba así sus reivindicaciones sobre una zona submarina reclamada en 2001, a partir de la Convención Internacional de Derecho del Mar de la ONU (1982). Tras la anexión de Crimea, que supone una violación de tratados internacionales firmados por Rusia, el gesto teatral de Chilingárov ha adquirido un nuevo significado y la desconfianza está ganando terreno a la cooperación de la que ha sido modelo el Consejo del Ártico, la organización que integra a los ocho Estados ribereños (Rusia, Canadá, Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia, Finlandia y EE UU), cinco de ellos miembros de la OTAN.

Desde 2008, las compañías Rosneft y Gazprom, controladas por el Estado ruso, tienen el monopolio de la explotación de hidrocarburos en el Ártico y son socios obligados para todo proyecto en la zona. El 9 de agosto de 2014, Igor Sechin, jefe de la petrolera rusa Rosneft, y Glenn Waller, director de la norteamericana ExxonMobil en Rusia, eran optimistas sobre los planes comunes que forjaron en 2011. Aquel día, en el mar de Kara, Sechin y Waller inauguraban la perforación petrolera submarina más septentrional de Rusia. Desde Sochi, en el mar Negro, el presidente Vladímir Putin dio la señal de inicio y elogió la cooperación internacional como motor del “éxito comercial”. Se trataba del “acontecimiento más importante del año para la industria del petróleo y el gas”, en palabras de Sechin, y el pozo recién perforado se bautizó con el nombre de Pobeda (victoria) por ser una “victoria común” de Rusia con un grupo de “amigos y socios” internacionales. Pobeda dio su primer crudo, pero a fines de septiembre, debido a las sanciones norteamericanas, ExxonMobil tuvo que sellar el pozo y abandonar sus proyectos en Rusia.

Rosneft se propuso seguir sola, pero las sanciones occidentales obstaculizan los proyectos rusos en el Ártico, al restringir la venta de tecnología para la perforación submarina y limitar el acceso al capital. Los políticos y analistas rusos están divididos entre quienes creen que hay que forzar la explotación del Ártico para cuando los precios del petróleo suban, y los que recomiendan concentrarse en Siberia Occidental, donde existe ya infraestructura de explotación y transporte.

La explotación del Ártico es la locomotora de las regiones septentrionales, que estimula el desarrollo de la producción innovadora y la infraestructura de transporte, incluido el Corredor Marítimo del Norte y no debe interrumpirse, escribía el diario Rossískaia Gazeta. Para el Kremlin, el Ártico es una zona de interés estratégico que por primera vez ha sido incorporada de forma explícita a la nueva concepción de la doctrina militar de Rusia, firmada por Putin el pasado diciembre. Con matices, Moscú ha retomado la política de la URSS en el Ártico, tras la decadencia de los noventa, lo que se traduce en una militarización, adaptada a la nueva época, y una industrialización, en gran parte por definir.

Pueblos abandonados por sus habitantes, submarinos nucleares convertidos en peligrosos focos de radiación, equipo militar corroído por el óxido, muelles erosionados por el mar y pistas de aterrizaje inutilizables, son la herencia de los noventa que Putin quiere superar y también el escenario de algunas impresionantes muestras de la cinematografía rusa actual. “La región tiene gran importancia estratégica para los Estados poseedores de una flota de submarinos nucleares. Desde las posiciones submarinas en el noreste del mar de Barents se pueden alcanzar la mayoría de los blancos importantes en el mundo, porque por aquí pasa la trayectoria más corta para los misiles balísticos en cualquier hemisferio de la tierra”, señala una monografía del Instituto Ruso de Investigaciones Estratégicas.

Rusia ha creado un nuevo mando militar para mejorar la coordinación y alcance en el Ártico y proyecta una nueva agrupación de 6.000 soldados con dos brigadas de infantería motorizadas. Moscú restablece la cadena de bases que la URSS tenía en el Ártico, la zona geográfica más cercana a EE UU, pero también construye bases nuevas, una de ellas en el archipiélago de Novosibirsk (al norte de Siberia Oriental) y otra en la isla de Wrangel, una reserva natural protegida por la Unesco. La pista de aterrizaje del archipiélago de Nóvaia Zemliá ha sido renovada para poder recibir cazas de nueva generación, además de nuevos sistemas de defensa antiaéreos, y el Servicio Federal de Seguridad incrementa el número de guardafronteras.

En marzo, Rusia realizó unas maniobras militares para comprobar la capacidad de combate de la flota del Norte y movilizó a cerca de 40.000 soldados, 41 buques y 15 submarinos, según la agencia Ria-Novosti. El ministro de Defensa, Serguei Shoigú, dijo entonces que los “nuevos desafíos y amenazas militares requieren un incremento de las capacidades de las Fuerzas Armadas”. Esta semana, el Parlamento ruso ha debatido sobre la necesidad de promover legislación sistemática sobre la zona de intereses estratégicos en el Ártico. En él, Viacheslav Shtyrov, presidente del consejo de expertos del Ártico y la Antártica, dijo que existe “una gran posibilidad de que el Ártico ruso sea la primera línea de defensa en caso de un conflicto militar global, porque esa es la dirección más probable de un ataque con misiles nucleares del adversario”.
La geopolítica de la región

La geografía: El área delimitada por el Círculo polar Ártico —el paralelo de latitud 66º 33' 46— no tiene una extensión definida al no tratarse de un continente propiamente dicho. Forman parte de ella las extremas regiones septentrionales de Europa, Asia y América del Norte. La capa de hielo que cubre el océano Ártico alcanzó los 14,54 millones de kilómetros cuadrados, su máxima amplitud en 2015, el pasado 25 de febrero. Se trata de la menor extensión desde que se monitorea ese dato.
Reservas energéticas: El US Geological Survey calcula que el Ártico alberga un cuarto de las reservas de petróleo y gas mundiales aún sin descubrir.
Consejo Ártico: El organismo que coordina las políticas regionales fue fundado en 1996 por los ocho países árticos: Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, EE UU (Alaska), Canadá, Dinamarca (Groenlandia) e Islandia. De él forman parte también seis países miembros observadores —como China— y seis países observadores, que incluyen también a España.
Regulación: La Organización de las Naciones Unidas (ONU) creó un marco normativo en 1982 y estableció que los países ribereños tienen derechos económicos sobre 200 millas náuticas (370 kilómetros) a partir de sus costas.
Población: Los habitantes del Ártico ascienden a cerca de cuatro millones. Un 10% de ellos son indígenas que viven en la región desde hace milenios. Su economía se basa principalmente en antiguas técnicas de caza y pesca. A este grupo se han ido uniendo en tiempos más recientes migrantes procedentes de otras regiones.



http://internacional.elpais.com/internacional/2015/04/02/actualidad/1427998445_036342.html

Von Leunam
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Re: Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico

Mensaje por Von Leunam el 6/4/2015, 4:37 pm

China alcanza la última frontera



El primer mapa del círculo polar ártico se remonta a 1606. En aquella antigua —y equivocada— representación, el extremo norte del mundo se dibujaba como una suerte de inmensa isla rodeada de interminables ríos, en la que una definición genérica, pigmeos, servía para identificar a sus habitantes. Cuatro siglos después, el conocimiento de ese ignoto pedazo del planeta ha crecido casi tanto como el interés global que despiertan sus reservas naturales, así como su condición de lugar de paso para una ruta comercial clave del futuro. En ese escenario, no solo los países árticos se plantean aprovechar esa riqueza. Pese a la lejanía geográfica, también China ha puesto su mirada sobre la zona: “El interés de Pekín en el Ártico se debe a la necesidad de búsqueda de recursos, indispensables para satisfacer a una población que no para de crecer”, explicó recientemente Harald Serck-Hanssen, vicepresidente del DNB, principal banco de inversión noruego, en un simposio sobre el futuro del Ártico que el semanario británico The Economist organizó en Oslo.

Las posibilidades de explorar la región aumentan al mismo ritmo que sus hielos se derriten. Según datos del Gobierno de Estados Unidos, su cantidad es la menor desde 1979, año en que se empezaron a recabar datos por satélite. Varios estudios internacionales coinciden en que, si no se toman medidas para contrarrestar la acción del calentamiento, entre 2040 y 2050 el Ártico lucirá totalmente libre de hielo.

La progresiva desaparición de la espesa capa de protección, además de conllevar peligrosas consecuencias medioambientales, facilita el acceso a las abundantes reservas de carbón y uranio y, sobre todo, al petróleo y el gas atrapados en sus entrañas, cuya masa representa, en los cálculos del US Geological Survey, la cuarta parte de las reservas mundiales aún sin descubrir.

Pekín no quiere, o tal vez, simplemente, no puede, quedarse excluido en el reparto de ese suculento pastel. Según datos de Naciones Unidas, en 2040 la población china ascenderá a 1.414 millones y casi tres cuartos vivirán en ciudades superpobladas. Sus necesidades, más allá de la energía indispensable para abastecer a la nueva población urbana, aumentarán también no solo en razón de su número; la Universidad Tsinghua de Pekín calcula que 320 millones de ellos tendrán 60 o más años y necesitarán recursos sin tener la capacidad de producirlos, ya que estarán fuera o a punto de abandonar la fuerza laboral.

Por ello, las autoridades chinas han puesto en marcha un paulatino pero incesante acercamiento al círculo polar. El gigante se define como “Estado vecino del Ártico” pese a que el punto más septentrional del país esté tan cerca de la zona como de Alemania. Desde 2013, China es miembro observador del Consejo Ártico, el foro intergubernamental en el que los ocho países árticos (Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos) afrontan y discuten los problemas regionales.

“El Gobierno chino da mucha más relevancia al cambio climático y a la contaminación que antes, respeta la soberanía de los Estados árticos y entiende cualquier proyecto en la región como una ocasión para cooperar”, asegura Ping Su, profesora del Centro de Estudios Polares y Oceánicos de la Universidad Tongji de Shanghái. Sin embargo, matiza: “China se está moviendo en el Ártico a través de su diplomacia científica y utiliza sus centros de investigación —como el Instituto de Investigación Polar chino— como punta de lanza para asentarse en la región. Pekín entiende sus maniobras en el Ártico como un proyecto a largo plazo, basado en los recursos energéticos, mineros y pesqueros”. Así sucedió con General Nice, uno de los principales importadores chinos de materias primas, que se hizo en febrero con la mina de Isua, en Groenlandia, cuyo valor se calcula en 1.850 millones de euros. De ahí extraerá los minerales de hierro que incluyen las materias primas necesarias para fabricar acero, del que China es el primer productor mundial.

La postura de Pekín no inquieta, de momento, a la diplomacia internacional: “Deberíamos alegrarnos porque la explotación de los recursos energéticos del Ártico no se ha convertido en una nueva fiebre del oro y de que todo se está haciendo respetando estrictas reglas medioambientales. Lo más importante es mantener una actitud colaboradora”, asevera Børge Brende, ministro de Exteriores de Noruega, quien subestimó las maniobras militares que el Ejército ruso puso en marcha cerca de las fronteras septentrionales noruegas y que amenazan con quebrar las buenas relaciones que hasta ahora han gobernado el Consejo Ártico.

Los abundantes recursos energéticos no son el único motivo de interés para China. El gigante asiático es el primer país pesquero en el mundo (según un informe de Naciones Unidas y el Banco Mundial, en 2030 consumirá el 38% del pescado mundial) y los mares del círculo polar constituyen una importante reserva aún inmune a la explotación masiva. Para una economía ampliamente basada en las exportaciones, además, el deshielo implica la posible apertura de nuevas rutas de navegación, más rápidas respecto a las convencionales.

Peter Hinchliffe, secretario general de la Cámara Internacional de Transporte, aclaró durante el simposio que “la plena navegabilidad del Ártico será una realidad concreta como mínimo dentro de 20 años, pero hay que crear ya las infraestructuras y la arquitectura jurídica que la hagan posible”. La posibilidad de que se concrete una ruta comercial estable, sin embargo, despierta dudas entre los expertos. Malte Humpert, director ejecutivo del think tank Arctic Institute, con sede en Washington, especifica que “aunque el recorrido es más breve que las rutas convencionales, los costes para cruzar el Ártico son tan elevados que anulan las ventajas de viajar más rápidamente”. Según datos de la Oficina de Información sobre las Rutas del Mar del Norte, en 2013 escogieron ese camino 71 barcos. Se trata de un sustancial incremento respecto a 2010, cuando lo hicieron solo cuatro, pero es todavía una cifra muy alejada de los 16.000 que en 2013 pasaron por el canal de Suez.

Así que, a la espera de que la situación geopolítica se defina, podría ser el propio mercado el encargado de contrarrestar los planes chinos: “Las tensiones internacionales podrían implicar un aumento de la regulación que haría más complicado invertir en el Ártico. Llevar adelante proyectos en la región pese a los crecientes riesgos medioambientales conlleva además la posibilidad de dañar la reputación de las empresas involucradas en ellos”, sentencia Harald Serck-Hanssen, del banco de inversión noruego DNB.

No siempre, sin embargo, las reglas y la mala imagen han sido suficientes para frenar las ambiciones chinas.

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/04/02/actualidad/1427972214_871714.html

    Fecha y hora actual: 4/12/2016, 2:19 pm