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Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada

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PILATUS
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Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada

Mensaje por PILATUS el 27/1/2014, 9:31 am

Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada
27 de enero del 2014

Paramilitares en Colombia. Foto: EspecialMéxico, 27 de enero.- Las autodefensas y policías comunitarias en Michoacán se podrían convertir en uno de esos remedios que salen peor que la enfermedad. La manera en que las autoridades las han respaldado ha dado lugar a un fenómeno que se le ha salido de las manos al gobierno federal, suponiendo que estuvo en sus manos alguna vez.

Una confusión semántica de Colombia para México

¿Qué Fuente Ovejuna tomó las armas primero? Este sería el comienzo para entender el fenómeno del paramilitarismo en América Latina. Después, habría que preguntarse si autodefensas de un país a otro, tomaron las armas con el mismo propósito y si comparten una base ideológica similar; o más aún, si cuando menos la tienen.

En Michoacán ya no se sabe quién es quién: si los paramilitares son autodefensas, Caballeros Templarios o grupos de choque apoyados por algún sector del gobierno. El caos de la acción es antecedido por una confusión de significado y de historia no revisada en su complejidad.

Pero entre fuego cruzado, la terminología es la que no permite una aproximación a la realidad del fenómeno social, porque hoy se habla de “paramilitares” como si se tratara igual de “guerrilla” que de “grupos de autodefensa” en México, lo que no ocurre en países como Colombia. Pero en México, a diferencia de Colombia, “policías comunitarias” y “grupos de autodefensa”, han sido confundidos ha voluntad desde el lenguaje mismo.

Primero hay que entender que en Colombia el paramilitarismo tiene su origen en el rechazo al colonialismo que a la fecha prevalece en dicha nación; sus manifiestos y acciones están dirigidos en contra de grupos que ostentan un poder territorial y económico que lleva siglos de historia, no es el caso michoacano en el paramilitarismo de los grupos de inicial de las autodefensas.

En Colombia, el narcotráfico ha llegado a auspiciar acciones paramilitares contra el orden gubernamental; en México, y particularmente en Michoacán son muchos los fenómenos que cohabitan: narcotráfico, autodefensas, policías comunitarias, comunidades aisladas. Las posibles semejanzas entre ambos países, parten del supuesto de que se trate de grupos de choque o escuadrones de la muerte, como los que utilizó Francia en la guerra contra Argelia.

El paramilitarismo en América Latina, llegó primero a través de los Estados Unidos en su búsqueda por contrarrestar a las guerrillas, es por eso que las autodefensas en Michoacán no corresponden al modelo de origen paramilitar.

“El rasgo común de los escuadrones de la muerte o paramilitares, fue el haber sido creados por parte de las fuerzas regulares de cada país, con la asesoría de la CIA” [1].

El paramilitarismo en Colombia, según el investigador Daniel García-Peña Jaramillo: “se encuentra en la vieja práctica de las elites colombianas de utilizar la violencia para obtener y mantener sus propiedades y sus privilegios en connivencia con el Estado” [2].

En México, la circunstancia colonial no es determinante en la actualidad, como sí lo es en Colombia; pero las semejanzas radican en la lucha contra la guerrilla, algo que sí se observa en el movimiento zapatista de los años 90, pero que no se presenta en el caso de las autodefensas michoacanas.

Las policías comunitarias y el paramilitarismo antes de Michoacán

¿Entonces, si no hay más precedente, a qué se parece este fenómeno en México, dentro de un marco de referencia paramilitar?

Tal vez podríamos tratar de explicarnos lo que ocurre con los grupos de autodefensa en Michoacán desde la perspectiva de los municipios autónomos en Chiapas. La búsqueda pudiera ser la misma, aunque los medios muy distintos.

Otro antecedente a las autodefensas michoacanas, se podría ubicar en Chihuahua con la comunidad mormona de los Le Barón, que en 2009, tras el asesinato de uno de sus líderes Benjamín Le Barón y de su cuñado Luis Carlos Widmar, el gobierno del estado capacitó y autorizó la formación de una policía comunitaria.

Pero antes de tener la autorización estatal, los Le Barón tenían un pasado criminal: dos hermanos de dicha familia, quienes fundaron la comunidad, tuvieron diferencias al pelearse el liderazgo religioso y uno dio muerte al otro; después algunos de sus miembros fueron responsables de varios asesinatos dentro de la congregación y fueron a parar a la cárcel, tal como lo cita un artículo publicado en 2009[3].

Mireles, sin mira

Lo veo casi impasible, pero con un ligero movimiento en su ojo izquierdo y la mitad de su rostro como paralizado: Mireles Valverde, le otorga una entrevista a Carmen Aristegui, y cuando la periodista de CNN le pregunta si es un protegido del gobierno él dice que éste “tiene obligación de proteger a todos los ciudadanos mexicanos” [4].

El llamado “doctor Mireles”, de bigote, cabello cano y enfundado en una pijama por su estado de salud, aclara que quienes le han ofrecido seguridad no han sido miembros del gobierno, sino narcotraficantes, y que ha rechazado su apoyo: “No ve usted qué estamos combatiendo, que no queremos saber de ningún cartel” [5], dice haberle contestado a un supuesto representante de Ismael El Mayo Zambada.

Y aunque el líder de las autodefensas y policías comunitarias en Tecalcatepec, no es un prócer del zapatismo contemporáneo, entrelíneas deja ver cierto anhelo separatista, muy característico de los grupos que se rebelaron al sur del país.

Lo que refleja el discurso de Mireles es más una declaración autónoma en la defensa de lo que él llama “mi territorio”, después de que según él, la gente buscara la ayuda de grupos criminales para controlar la violencia en la zona y que ahora se ha convertido en una vacilante petición de apoyo del ejército. Pero detrás de estas palabras cobra más sentido la ineficacia de los órganos del gobierno federal para restablecer la ley, además de intenciones poco claras por parte de Mireles Valverde, quien ostenta un liderazgo emergente, surgido de un poder delegado, de un poder al que el gobierno federal ha renunciado para dejarlo en manos de un sector que dice representar al pueblo michoacano.

Total, que Mireles coquetea entre deponer las armas y que siempre no; luce confuso en sus miras, parece no tener objetivos claros; se muestra más como una víctima en deplorable estado de salud tras haber sufrido un atentado en aeronave cuando regresaba de una supuesta negociación para solucionar los conflictos michoacanos, de la que volvió sin éxito. Mireles, oculta sus miras, no revela sus cartas y poco se sabe de su origen. Todo en él es ambigüedad.

Con la atención que los medios han puesto en este personaje, se desdibujan los propósitos y la identidad de los grupos de autodefensa, pareciera que más allá de él no hay nada, que se trata de un movimiento autogenerado y es muy ingenuo pensar así.

Analizar la autodefensa como una organización para conocer su funcionamiento social y político tendría que ser primordial, antes de comenzar a definirla bajo la idea de grupo paramilitar, pues los grupos paramilitares se dan al margen de la legalidad y las autodefensas michoacanas han sido legalizadas, aunque una parte de su accionar se ha salido del marco de la ley, tomando la forma de una violencia organizada.


[1] Velásquez, E. Historia del paramilitarismo en Colombia, p. 4. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=221014794012

[2] Velásquez, E. cita a Daniel García-Peña Jaramillo en Historia del paramilitarismo en Colombia, p. 5. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=221014794012

[3] Rodríguez, Y. Los LeBarones, mormones con pasado criminal http://tiraderodelbote.blogspot.mx/2009/07/los-lebarones-mormones-con-pasado.html

y http://www.sdpnoticias.com/sdp/contenido/2009/07/15/446244

[4] Entrevista publicada el martes, 21 de enero de 2014 a las 22:51, en la página web de CNN en Español; http://mexico.cnn.com/nacional/2014/01/22/autodefensas-rechazaron-ayuda-de-carteles-rivales-de-templarios-mireles

[5] Op. cit.

Yuriria Rodríguez

Estado Mayor

http://estadomayor.mx/?p=38706
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Re: Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada

Mensaje por PILATUS el 27/1/2014, 9:32 am

Dos cosas muy diferentes.
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Re: Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada

Mensaje por Monakyo101 el 28/1/2014, 10:30 pm

paramilitares de Colombia
Guillermo Almeyra
Cuando a principios del siglo pasado llegó el ferrocarril a un rincón perdido del noreste brasileño, los habitantes de una aldea que estaba a tres días de cabalgata de la terminal ferroviaria enviaron al más despierto de la comunidad para que estudiase esa máquina de hierro que escupía fuego y les dijese cómo era. Al cabo de seis días el explorador volvió, pero sin saber cabalmente cómo contar lo que había visto a gente que no conocía otra máquina que la de coser. Por eso reflexionó y dijo: ¿Conocen la máquina Singer? Un coro de síes le respondió. Entonces pudo concluir su informe: “La locomotora es igual, pero completamente diferente…”

Como en el cuento, para muchos los paramilitares colombianos y las autodefensas son similares y responden por igual a la acción encubierta de la oligarquía local y de la contrainsurgencia estadunidense. Para los observadores superficiales esos ejércitos no oficiales podrían describirse por igual como grupos de hombres armados que buscan restaurar un orden subvertido. Pero resulta que ese orden, en México o en Colombia, tiene un signo opuesto. Porque los paramilitares colombianos quieren afirmar el poder de los terratenientes sobre los campesinos como señores de horca y cuchillo, verdugos y jueces, mientras que en México las comunidades y pueblos de Michoacán que forman sus autodefensas quieren en cambio acabar con las violencias, las violaciones, los saqueos, la tala de bosques, la prepotencia y la eliminación de las conquistas históricas de la reforma agraria realizada en los años 30 bajo el gobierno del michoacano Lázaro Cárdenas.

Mientras los paramilitares colombianos son ejércitos de mercenarios maniobrados por la mano oculta del poder capitalista y luchan contra los campesinos que en los años 50, en la llamada República de Marquetalia, dieron origen a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) formando autodefensas contra la violencia antiliberal de los terratenientes conservadores que siguió al asesinato de Eliécer Gaitán y que causó más de 200 mil muertos, las autodefensas mexicanas luchan hoy contra una fuerza moderna y trasnacional, la de la droga, parte crecientemente importante del capital mundial, que busca sólo el lucro y no reconoce límites entre lo legal y lo ilegal y tiene su principal matriz en el mercado estadunidense y su principal estímulo en el Departamento de Estado desde la Segunda Guerra Mundial, con los plantíos de opio de la CIA en el sudeste asiático y su acuerdo con la mafia siciliana hasta el Irangate que financió con la droga a la contra en Nicaragua.

En una palabra, los paramilitares colombianos nacieron contrarrevolucionarios, mercenarios, anticampesinos y estuvieron siempre encuadrados por el ejército y por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, mientras que las autodefensas michoacanas nacieron de las comunidades y expresan la conciencia generalizada entre los campesinos de que entre el aparato estatal y las bandas de narcotraficantes hay conexiones y complicidades así como la desconfianza de masas en la capacidad y voluntad del aparato estatal capitalista de mantener las condiciones esenciales para la democracia y el trabajo honesto y pacífico. Por eso las FARC reclutaban campesinos y las comunidades odian a los paramilitares, mientras en Michoacán los campesinos integran las autodefensas y las poblaciones alimentan y agasajan a las autodefensas. Además, las autodefensas redistribuyeron a las comunidades campesinas las tierras que los narcos les habían robado, mientras que los paramilitares colombianos, en cambio, expulsaron más de 2 millones de campesinos tras robarles las tierras.

Si, por último, el Estado colombiano tuvo que tratar de desarmar a los paramilitares es porque éstos, con sus exacciones, empujaban a los jóvenes a convertirse en soldados de las FARC, cuya disolución sería imposible mientras en gran parte de Colombia imperase el terror blanco de la extrema derecha y de los terratenientes. El Estado mexicano, en cambio, desea desarmar a las autodefensas campesinas porque el fusil en manos de los trabajadores es la principal garantía de la democracia y porque la autorganización de los pueblos, la defensa de su territorio y la selección de nuevos líderes para la acción crea las condiciones para la autonomía local frente al Estado central, e incluso para el paso posible a la autogestión para reorganizar la economía popular y crea bases firmes de un poder popular.

Los medios capitalistas, que sostienen que toda movilización o rebelión popular responde sólo a la intervención y las maniobras de fuerzas ajenas a los indígenas y campesinos, porque éstos, según ellos, serían incapaces de crear instrumentos propios, y que siguen sin entender el zapatismo de Emiliano Zapata o el neozapatismo de Jaramillo y los continuadores de Zapata o del EZLN chiapaneco, tratan hoy de desprestigiar a las autodefensas y de confundir a las clases urbanas cuyo único alimento cultural es la bazofia que les sirve diariamente la televisión y la mayoría aplastante de las radios y de los diarios. Por eso insinúan que un líder de las autodefensas estuvo preso hace 38 años por vender mariguana. Ahora bien, en esos años no había aún un narcotráfico organizado, la mariguana en México circula libremente desde siempre y debería ser legal, como en Uruguay y, además, la gente puede cambiar mucho en casi 40 años. Pero lo fundamental es que toda ola social de fondo arrastra hacia la superficie y politiza a personas que fueron marginadas por un sistema tan marginalizador que 85 personas tienen una fortuna similar a la de 3 mil 500 millones de otros seres humanos. ¿Acaso José Doroteo Arango, alias Pancho Villa, era un niño de coro en las sacristías del norte? ¿Pero por qué se le recuerda? ¿Por el cuatrerismo o por su acción revolucionaria?
http://www.jornada.unam.mx/2014/01/26/opinion/017a2pol


Última edición por Monakyo101 el 3/11/2015, 4:13 pm, editado 1 vez
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Re: Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada

Mensaje por Monakyo101 el 28/1/2014, 10:33 pm

Portada :: México
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México y Colombia
Las autodefensas que no son

Fernando Montiel
Rebelión



“No saben el problema en el que se están metiendo,

desactívenlas de inmediato, de verdad no saben...”

Mayor de la Policía Nacional de Colombia,

Bogotá, noviembre, 2013



Primera estación: Colombia



El Mayor –en aquél entonces todavía Capitán- de la Policía Nacional de Colombia hablaba viendo el fenómeno de las llamadas “autodefensas” en México a través del cristal colombiano.

En Colombia el concepto autodefensa indica algo diferente -muy diferente- de lo que se entiende en México.

En Colombia se habla de autodefensas para referirse a los grupos que alcanzaron una fama sombría bajo el liderazgo de personajes como Salvatore Mancuso y Carlos Castaño. El primero cobró una fama siniestra por su costumbre de despedazar campesinos con motosierras mientras que el segundo terminó torturado a muerte, según palabras de su verdugo, por órdenes de su hermano, Vicente Castaño.

En Colombia cuando se habla de autodefensas, se habla principalmente de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), y cuando se habla de las AUC se habla de grupos paramilitares, no en el sentido sociológico del término –es decir, como un grupo armado paralelo a las fuerzas armadas oficiales- sino en el sentido político clásico de la contrainsurgencia: paramilitares son aquellos entrenados, equipados y protegidos extraoficialmente por el Estado pero en la sombra –como lo llegó a reconocer Mancuso- como parte de una estrategia de Guerra de Baja Intensidad.

En Colombia cuando se habla de autodefensas –aunque tras las “desmovilizaciones” de tiempos de Álvaro Uribe ya es un término en desuso- se habla, básicamente, del grupo responsable –según Amnistía Internacional- de cerca del ochenta por ciento de las atrocidades en la tragedia colombiana: las masacres de El Tomate y la de la Mejor Esquina en 1988; la de La Rochela en 1989; las de Mapiripán y El Aro en 1997; las de El Salado y Macayepó en el año 2000; la de Chengue en 2001; la de Bahía Portete en 2004 y la de San José del Apartadó en 2005 son apenas algunas de las muchas atrocidades atribuidas al paramilitarismo de ultraderecha de las AUC en alianza con grupos de narcotraficantes y en alianza también –como acusan organizaciones de los derechos humanos- con sectores de las fuerzas armadas del Estado.

* * *

Dicho todo lo anterior se hacen comprensibles las palabras del Mayor cuando decía “No saben el problema en el que se están metiendo, desactívenlas de inmediato, de verdad no saben...”

Segunda estación: México

Pero Colombia no es México, y tampoco es claro –como muchos creen tanto en el país norteamericano como en el sudamericano- que sus senderos sean el mismo con algo más de diez años de diferencia.

Hay similitudes, sí, pero sus diferencias son más importantes y en el caso de lo que genéricamente se ha llamado el fenómeno de las “autodefensas” esas diferencias son abismales: sencillamente no hay punto de comparación más allá de que se les cuelgue la misma etiqueta.

Vale la pena destacar tres.

Primero.- Origen y financiamiento

Las Autodefensas Unidas de Colombia fueron financiadas desde sus inicios por algunos de los sectores sociales más fuertes –como el ganadero, el transportista y el político- de las regiones económicas más importantes -como Antioquia- del país, tal como reportó el diario El País de Colombia en una nota cuyo título no deja lugar a dudas: “Masivo mea culpa por apoyo a las AUC” (El País. Dic. 18, 2006).

En el caso de México, los grupos de autodefensa han surgido y se han desarrollado como iniciativas populares en regiones como Michoacán y Guerrero –poniendo de lado iniciativas como la del grupo rudo del ex alcalde Mauricio Fernández en Monterrey, Nuevo León, por ser más la excepción que la regla- que se encuentran entre las de más alta marginación del país. Si bien no es claro todavía su financiamiento, parece evidente que –al menos por el momento- es precario. Juzgando sobre la base de lo que muestra la evidencia fotográfica disponible no cuentan con vehículos ni armamento de última generación que no pueda ser explicado como resultado de la apropiación de los abastecimientos de enemigos derrotados, un fenómeno por demás común en áreas de conflicto violento. ¿Qué tienen fusiles AK-47? Sí, muy parecidos –o hasta iguales- a los que utilizan los grupos de narcotraficantes a los que dicen combatir, lo que, de suyo, confirma los dichos por ejemplo de Arturo Román -coordinador de las autodefensas en Tepalcatepec- en conversación con Javier Solórzano (Ene. 14, 2014). O como lo dijo un día antes, Estanislao Beltrán, vocero de las autodefensas de Michoacán al escuchar el señalamiento que se les hace de quemar vehículos “Nosotros, como autodefensas, jamás vamos a destruir algo que nos sirve.” (La Jornada en línea. Ene. 13, 2014).

Segundo .- Objetivos tácticos y estratégicos

Las AUC en Colombia tenían un fin no sólo instrumental –el combate a la guerrilla- sino también una meta más general -“el combate a las guerrillas comunistas”- que permitió y en un cierto sentido “legitimó” –así haya sido sólo de forma discursiva aprovechando las inercias de la guerra fría- su crecimiento y consolidación. Tácticamente la tarea –al menos nominalmente y de acuerdo con sus propios dichos- era detener los abusos de la guerrilla mientras que estratégicamente amparaban sus acciones en el marco del gastado argumento de la defensa del “mundo libre” contra la “penetración comunista” -argumentos dicho sea de paso, no muy distantes de los utilizados por prácticamente todas las dictaduras de los años sesentas, setentas y ochentas en el cono sur.

El caso de México, una vez más, es diferente. Las metas tácticas son elocuentes, transparentes y en más de un sentido, irrefutables: “Nosotros no queremos pagar cuotas, no queremos extorsiones, no queremos robo, no queremos [andar] con la cabeza agachada todo el tiempo, queremos levantar nuestra cabeza.” Así explicó un integrante de las autodefensas de Tepalcatepec al diario El Universal las metas tácticas del movimiento (El Universal. Ene. 14, 2014). Y sus palabras son respaldadas también en su dimensión estratégica por lo dicho por el vocero de las autodefensas en la conversación con el diario La Jornada que hemos referido cuando señala, “Nosotros no queremos ser policías, no queremos ser comandantes. Nuestro interés no es agarrar un puesto. Nuestro interés es tener a nuestras familias protegidas.”

Tercero.- El papel gubernamental

Dice la Corte Interamericana de los Derechos Humanos en su Sentencia en el Caso de las Comunidades Afrodescendientes Desplazadas de la Cuenca del Río Cacarica (Operación Génesis) vs. Colombia:

“Por unanimidad, la Corte declaró que el Estado de Colombia es internacionalmente responsable por haber incumplido con su obligación de garantizar los derechos a la integridad personal y a no ser desplazado forzadamente, en perjuicio de los miembros de las Comunidades del Cacarica, en Riosucio, Departamento del Chocó, desplazados por acción de grupos paramilitares en colaboración con integrantes de las Fuerzas Armadas Colombianas…”

El subrayado es nuestro, aunque por si quedara alguna duda -y para evitar confusiones- detalla:

“Los hechos del caso también se refieren a la desposesión ilegal de los territorios ancestrales pertenecientes a las comunidades afrodescendientes de la cuenta del rio Cacarica. Del mismo modo, la Corte declaró que los actos crueles, inhumanos y degradantes a que fue sometido el señor Marino López en el poblado de Bijao, así como la privación de su vida, cometidos por miembros de grupos paramilitares, son atribuibles al Estado por la aquiescencia o colaboración que prestaron agentes de la fuerza pública para las operaciones de esos grupos, lo cual les facilitó las incursiones a las comunidades del Cacarica y propició o permitió la comisión de este tipo de actos.”

Para decirlo en pocas palabras: contra lo que el gobierno colombiano está dispuesto a reconocer –por razones obvias- instancias autorizadas como la Corte Interamericana de los Derechos Humanos han determinado que las operaciones de las AUC han sido respaldadas por elementos de la fuerza pública civil y militar. En qué medida se dio este respaldo puede ser ilustrado por la vida y muerte de la Unión Patriótica (UP), partido político que fue ahogado en sangre por el paramilitarismo y que incluso diarios oficialistas como El Tiempo –del que incluso la familia presidencial era co-propietaria hasta hace poco- describe en los siguientes términos:

“…conviene recordar que en ese entonces la UP, que surgió en 1985, durante el proceso de paz que sostuvo el gobierno de Belisario Betanur con las FARC, ya se encontraba bastante diezmada por la atroz campaña de exterminio de la que fue objeto y en la cual, según lo han determinado numerosos fallos, participaron agentes estatales, además de narcotraficantes y organizaciones paramilitares.

Y ofrece un recuento de los daños:

“Es importante rememorar el saldo que dejó tal persecución, que se hizo más intensa a finales de los 80 y comienzos de los 90. Alrededor de 5,000 de sus militantes murieron, entre ellos, dos candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal, en 1987, y Bernardo Jaramillo Ossa, en 1990; además de 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales y 11 alcaldes.” (El Tiempo. Jul. 10, 2013)

Así, no es extraño que sectores críticos en Colombia se refieran la tragedia descrita como el genocidio de la UP.

¿Y en México? En México algunos medios deslizaron la posibilidad de que la formación y crecimiento de las autodefensas fuesen una estrategia política oficial. Sin embargo, ante la incompetencia e inoperancia de los poderes locales, el gobierno federal, por vía de sus voces más autorizadas –Secretaría de Gobernación, Secretaría de la Defensa y Secretaría de Marina, Procuraduría General de la República y básicamente todo el gabinete de seguridad- ordenó el desarme de las autodefensas y su integración formal –a modo de policías o, lo que a nivel local se conoce como guardias comunitarias- a las tareas de seguridad pública.

¿Está el gobierno a favor de una estrategia de proinsurgencia –en el sentido que da al mismo la obra clásica sobre la materia de Peter Kornbluh y Michael T. Klare Contrainsurgencia, Proinsurgencia y Antiterrorismo en los 80: El arte de la guerra de baja intensidad (Grijalbo. México, 1990)? Lo lo parece.

En primer lugar las estrategias de proinsurgencia se utilizan para desestabilizar al gobierno en turno: los Estados Unidos articularon la proinsurgencia mujaidin en Afganistán durante la invasión soviética de 1979, del mismo modo en que los soviéticos hicieron lo propio –aunque de un modo diferente- en la Nicaragua bajo el régimen de Somoza, régimen que fue derrocad ese mismo año por el movimiento revolucionario.

¿Qué ocurre en México? En este caso lo que se tiene es que tanto el gobierno local como el federal pertenecen al mismo partido político. ¿Qué ganaría la federación o la autoridad local con socavar su único –y último- patrimonio político que es aquello que incluso las teorías políticas más conservadoras identifican como la característica distintiva del Estado (“el monopolio de la violencia legítima”)?

El surgimiento de grupos civiles armados –independientemente de si uno está de acuerdo o no con ellos- apunta a una conclusión incontrovertible –tal vez la única con que podría ser calificada así: que la autoridad formalmente establecida es incapaz de cumplir con su función, es incompetente en la tarea de proporcionar seguridad, es inútil como órgano regulador de la vida social y es impotente cuando se trata de hacer valer el estado de derecho.

Eso es lo que hace evidente la gestación, crecimiento y consolidación de las autodefensas. Qué ganaría con esto el gobierno federal –o para lo que todavía pueda contar, el gobierno local- más allá del desprestigio y la exhibición de su inoperancia total -e incluso de su inexistencia de facto- es algo que escapa a la lógica. De tal suerte que la idea de las autodefensas como una estrategia proinsurgente del gobierno –federal o estatal- no tiene sentido, ¿por qué? porque no tiene asidero.

Al menos por el momento.

Aunque la hipótesis contraria, si las acusaciones que se han hecho contra la autoridad estatal -de haber llegado al poder con el apoyo del grupo del narcotráfico contra el que combaten las autodefensas- son reales, parece tener sentido.­ Y en ese caso, que el gobierno local decida despachar, justo ahora y no antes, en el corazón mismo en el que opera el grupo conocido como “los Caballeros Templarios” –Apatzingán- puede leerse no tanto como un compromiso del gobernador de atender la crisis en su epicentro, sino como un esfuerzo para proteger a sus financiadores de campaña del avance de las autodefensas.

Pero una vez más, esa lectura sería válida sólo si las acusaciones de vínculos entre el gobierno local con los traficantes de drogas –como acusa, entre otros el reportero Álvaro Delgado en su artículo “Michoacán al fracaso: Complicidades intactas” (Proceso. Ene. 14, 2014) resultan ciertas.

* * *

Las autodefensas en México no son las autodefensas de Colombia del mismo modo en que el sendero que camina México no es el mismo que recorrió Colombia.

Y sólo para sumar otro elemento: allá el desarme de las autodefensas fue lo último que hicieron, aquí, lo primero.

Tercera estación.- Una cuestión conceptual

En Colombia, los conceptos son importantes. El paramilitarismo de las Autodefensas Unidas de Colombia denominaba eufemísticamente a las masacres que cometían como “hechos militares” –del mismo modo en que, supongo, denominarían a los despojos de tierra, a la extorsión, el robo y el secuestro “hechos económicos.

Pero no son los únicos que juegan con las palabras.

El gobierno colombiano dice que ya las autodefensas no existen, que lo que vino a ocupar su lugar ahora son las bacrims (abreviación de “Bandas Criminales”) de entre las que destaca una, la de las Águilas Negras. Eso dice y tal vez tenga la razón, sin embargo, más allá de los cambios bautismales, al día de hoy, los matones del pasado no parecen muy diferentes de los asesinos del presente.

* * *

En México los conceptos también son importantes. Autodefensas no es lo mismo que guardias comunitarias y éstas no son lo mismo que guardias blancas. Ciertamente hay también un mundo de diferencia entre autodefensa –como se entiende hoy en México- y guerrilla del mismo modo en que no es sin controversias acaloradas –como es debido- que se busque criminalizar a los integrantes éstas últimas asimilándolas como delincuentes a rajatabla, o peor aún, como algo todavía más torcido mediante el uso de concepto engañosos, imprecisos sociológicamente y manipulables políticamente como el de terroristas.

Todas son formaciones armadas y todas son diferentes, no sólo entre sí, sino también, dentro de sí (no es lo mismo el EPR que el EZLN en el caso de las guerrillas), y reconocer y hacer justicia a esta complejidad –que no se limita al ámbito semántico- puede ser un buen comienzo.

No hacerlo puede abrir una puerta que tal vez no podamos cerrar más tarde.

Última estación.- Última oportunidad

Pedir el desarme de las de las autodefensas parece algo lógico desde la óptica del Estado, pero sería imprudente –y hasta insensato- para un padre de familia cuya hija ha sido violada, como otras tantas en el pueblo, por delincuentes a quienes la autoridad no sólo no ha castigado y con quienes –una vez, más si la acusación resulta cierta- tiene connivencia.

Solicitar confianza a las personas que integran las autodefensas con promesas de que ahora sí se hará el trabajo que se tenía que hacer y que por alguna razón no se hizo sin ninguna garantía más que una palabra que ya de por sí estaba empeñada es pedir todo –porque la confianza de la ciudadanía en la autoridad en materia de gobernabilidad lo es todo- sin dar nada a cambio. Una solicitud aquí, ahora y así, es, por decir lo menos, una tontería.

Exigir a las autodefensas que respeten a las instituciones parece natural desde la óptica de la normalidad democrática, en la que -según el contrato social- la autoridad velará por la protección de los gobernados. Sin embargo aquí eso es precisamente lo que no existe, normalidad democrática: para comunidades enteras que desde hace años sólo han visto la autoridad de la delincuencia organizada como eje articulador de la vida y la muerte social, la demanda es sencillamente ridícula.

* * *

¿Más armas –así sean las del ejército y la policía- van a resolver la crisis? Las primeras que llegaron mataron al menos a tres personas inocentes, civiles desarmados –y cuentan las crónicas que entre los que perdieron la vida había una niña de apenas 10 años.

¿Menos armas entonces –así sean las de las autodefensas? Las primeras que se fueron sólo sirvieron para ahondar la desconfianza: “¡Regresen las armas que nos quitaron! ¡Por qué nos desarman a nosotros y no a Los Caballeros Templarios! Si no nos devuelven nuestras armas ¡les vamos a quitar las suyas!” (Montes, Rodolfo. “Chocan militares y pobladores por desarme de autodefensas.” Milenio, Ene. 14, 2014).

Aunque es uno de los aspectos más visibles del conflicto, las armas aquí –como en cualquier otro lugar- no son un factor absoluto: Suiza es tal vez la sociedad más armada per capita del mundo y no es necesariamente la más violenta. ¿Se ven mucho? Sí, ¿son importantes? también. ¿hay que hacer algo con ellas? sin duda. Pero no son un factor absoluto y mucho se esconde debajo de su fulgor y su estruendo.

Más importante es atender las causas que provocaron la crisis –y la crisis no es que las autodefensas se organizaran, crecieran y emprendieran la toma de la comunidad de Nueva Italia y otras. No, la crisis cuyas causas hay que atender es la de la ausencia del Estado y la subsecuente instauración de la delincuencia organizada gobierno de facto. Las autodefensas son apenas el síntoma superficial de problemas más profundos: la corrupción, el desdén y la opacidad..

Pero ni en México ni en Colombia se atienden estos fenómenos endureciendo la política de seguridad, cosa que por cierto lo único que consigue es hacerla más brutal, pero no más efectiva.

* * *

En Colombia la vinculación entre paramilitares de las AUC, narcotraficantes y políticos involucró a casi 1 de cada 4 congresistas (68 –a 2008- de un total 268) en lo que se conoció como el Escándalo de la parapolítica que llevó al arresto de más de 30 congresistas –equivalente a encarcelar en México a 55 de 500 legisladores), que produjo también la renuncia de la Canciller y que puso bajo sospecha a decenas de gobernadores, concejales y otros funcionarios públicos.

El nivel de podredumbre del sistema político colombiano quedó al descubierto. Internacionalmente fue una ve#$%&/üenza, sí, pero también fue importante y más aún: fue necesario para comenzar a enderezar el camino.

Pero eso ocurrió en Colombia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Re: Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada

Mensaje por Rey Misterio el 28/1/2014, 10:39 pm

PILATUS escribió:Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada
27 de enero del 2014

Paramilitares en Colombia. Foto: EspecialMéxico, 27 de enero.- Las autodefensas y policías comunitarias en Michoacán se podrían convertir en uno de esos remedios que salen peor que la enfermedad. La manera en que las autoridades las han respaldado ha dado lugar a un fenómeno que se le ha salido de las manos al gobierno federal, suponiendo que estuvo en sus manos alguna vez.

Una confusión semántica de Colombia para México

¿Qué Fuente Ovejuna tomó las armas primero? Este sería el comienzo para entender el fenómeno del paramilitarismo en América Latina. Después, habría que preguntarse si autodefensas de un país a otro, tomaron las armas con el mismo propósito y si comparten una base ideológica similar; o más aún, si cuando menos la tienen.

En Michoacán ya no se sabe quién es quién: si los paramilitares son autodefensas, Caballeros Templarios o grupos de choque apoyados por algún sector del gobierno. El caos de la acción es antecedido por una confusión de significado y de historia no revisada en su complejidad.

Pero entre fuego cruzado, la terminología es la que no permite una aproximación a la realidad del fenómeno social, porque hoy se habla de “paramilitares” como si se tratara igual de “guerrilla” que de “grupos de autodefensa” en México, lo que no ocurre en países como Colombia. Pero en México, a diferencia de Colombia, “policías comunitarias” y “grupos de autodefensa”, han sido confundidos ha voluntad desde el lenguaje mismo.

Primero hay que entender que en Colombia el paramilitarismo tiene su origen en el rechazo al colonialismo que a la fecha prevalece en dicha nación; sus manifiestos y acciones están dirigidos en contra de grupos que ostentan un poder territorial y económico que lleva siglos de historia, no es el caso michoacano en el paramilitarismo de los grupos de inicial de las autodefensas.

En Colombia, el narcotráfico ha llegado a auspiciar acciones paramilitares contra el orden gubernamental; en México, y particularmente en Michoacán son muchos los fenómenos que cohabitan: narcotráfico, autodefensas, policías comunitarias, comunidades aisladas. Las posibles semejanzas entre ambos países, parten del supuesto de que se trate de grupos de choque o escuadrones de la muerte, como los que utilizó Francia en la guerra contra Argelia.

El paramilitarismo en América Latina, llegó primero a través de los Estados Unidos en su búsqueda por contrarrestar a las guerrillas, es por eso que las autodefensas en Michoacán no corresponden al modelo de origen paramilitar.

“El rasgo común de los escuadrones de la muerte o paramilitares, fue el haber sido creados por parte de las fuerzas regulares de cada país, con la asesoría de la CIA” [1].

El paramilitarismo en Colombia, según el investigador Daniel García-Peña Jaramillo: “se encuentra en la vieja práctica de las elites colombianas de utilizar la violencia para obtener y mantener sus propiedades y sus privilegios en connivencia con el Estado” [2].

En México, la circunstancia colonial no es determinante en la actualidad, como sí lo es en Colombia; pero las semejanzas radican en la lucha contra la guerrilla, algo que sí se observa en el movimiento zapatista de los años 90, pero que no se presenta en el caso de las autodefensas michoacanas.

Las policías comunitarias y el paramilitarismo antes de Michoacán

¿Entonces, si no hay más precedente, a qué se parece este fenómeno en México, dentro de un marco de referencia paramilitar?

Tal vez podríamos tratar de explicarnos lo que ocurre con los grupos de autodefensa en Michoacán desde la perspectiva de los municipios autónomos en Chiapas. La búsqueda pudiera ser la misma, aunque los medios muy distintos.

Otro antecedente a las autodefensas michoacanas, se podría ubicar en Chihuahua con la comunidad mormona de los Le Barón, que en 2009, tras el asesinato de uno de sus líderes Benjamín Le Barón y de su cuñado Luis Carlos Widmar, el gobierno del estado capacitó y autorizó la formación de una policía comunitaria.

Pero antes de tener la autorización estatal, los Le Barón tenían un pasado criminal: dos hermanos de dicha familia, quienes fundaron la comunidad, tuvieron diferencias al pelearse el liderazgo religioso y uno dio muerte al otro; después algunos de sus miembros fueron responsables de varios asesinatos dentro de la congregación y fueron a parar a la cárcel, tal como lo cita un artículo publicado en 2009[3].

Mireles, sin mira

Lo veo casi impasible, pero con un ligero movimiento en su ojo izquierdo y la mitad de su rostro como paralizado: Mireles Valverde, le otorga una entrevista a Carmen Aristegui, y cuando la periodista de CNN le pregunta si es un protegido del gobierno él dice que éste “tiene obligación de proteger a todos los ciudadanos mexicanos” [4].

El llamado “doctor Mireles”, de bigote, cabello cano y enfundado en una pijama por su estado de salud, aclara que quienes le han ofrecido seguridad no han sido miembros del gobierno, sino narcotraficantes, y que ha rechazado su apoyo: “No ve usted qué estamos combatiendo, que no queremos saber de ningún cartel” [5], dice haberle contestado a un supuesto representante de Ismael El Mayo Zambada.

Y aunque el líder de las autodefensas y policías comunitarias en Tecalcatepec, no es un prócer del zapatismo contemporáneo, entrelíneas deja ver cierto anhelo separatista, muy característico de los grupos que se rebelaron al sur del país.

Lo que refleja el discurso de Mireles es más una declaración autónoma en la defensa de lo que él llama “mi territorio”, después de que según él, la gente buscara la ayuda de grupos criminales para controlar la violencia en la zona y que ahora se ha convertido en una vacilante petición de apoyo del ejército. Pero detrás de estas palabras cobra más sentido la ineficacia de los órganos del gobierno federal para restablecer la ley, además de intenciones poco claras por parte de Mireles Valverde, quien ostenta un liderazgo emergente, surgido de un poder delegado, de un poder al que el gobierno federal ha renunciado para dejarlo en manos de un sector que dice representar al pueblo michoacano.

Total, que Mireles coquetea entre deponer las armas y que siempre no; luce confuso en sus miras, parece no tener objetivos claros; se muestra más como una víctima en deplorable estado de salud tras haber sufrido un atentado en aeronave cuando regresaba de una supuesta negociación para solucionar los conflictos michoacanos, de la que volvió sin éxito. Mireles, oculta sus miras, no revela sus cartas y poco se sabe de su origen. Todo en él es ambigüedad.

Con la atención que los medios han puesto en este personaje, se desdibujan los propósitos y la identidad de los grupos de autodefensa, pareciera que más allá de él no hay nada, que se trata de un movimiento autogenerado y es muy ingenuo pensar así.

Analizar la autodefensa como una organización para conocer su funcionamiento social y político tendría que ser primordial, antes de comenzar a definirla bajo la idea de grupo paramilitar, pues los grupos paramilitares se dan al margen de la legalidad y las autodefensas michoacanas han sido legalizadas, aunque una parte de su accionar se ha salido del marco de la ley, tomando la forma de una violencia organizada.


[1] Velásquez, E. Historia del paramilitarismo en Colombia, p. 4. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=221014794012

[2] Velásquez, E. cita a  Daniel García-Peña Jaramillo  en Historia del paramilitarismo en Colombia, p. 5. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=221014794012

[3] Rodríguez, Y. Los LeBarones, mormones con pasado criminal http://tiraderodelbote.blogspot.mx/2009/07/los-lebarones-mormones-con-pasado.html

y http://www.sdpnoticias.com/sdp/contenido/2009/07/15/446244

[4] Entrevista publicada el martes, 21 de enero de 2014 a las 22:51, en la página web de CNN en Español; http://mexico.cnn.com/nacional/2014/01/22/autodefensas-rechazaron-ayuda-de-carteles-rivales-de-templarios-mireles

[5] Op. cit.

Yuriria Rodríguez

Estado Mayor

http://estadomayor.mx/?p=38706

Yuriria no mames por favor, quieres?

Ibas bien, hasta que saliste con que el origen de los paras en Mexico era para conservar el poder por las elites sin tener conexion con los hechos actuales.

Que no sabes quien financia a estos grupos? De que chingados te sirvio tanto investigar si a la hora de los chingazos ivas bien y luego la cagaste de manera monumental para depues tratar de llenar el huecon con un chorizo que no aguanto ni u minuto de analisis?

No la chingues amiguita, si no sabes que pedo, mejor no hables o mas bien no escribas lo que te dice el chino para desviar la atencion.
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Re: Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada

Mensaje por PILATUS el 29/1/2014, 9:03 am

Rey Misterio escribió:
PILATUS escribió:Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada
27 de enero del 2014

Paramilitares en Colombia. Foto: EspecialMéxico, 27 de enero.- Las autodefensas y policías comunitarias en Michoacán se podrían convertir en uno de esos remedios que salen peor que la enfermedad. La manera en que las autoridades las han respaldado ha dado lugar a un fenómeno que se le ha salido de las manos al gobierno federal, suponiendo que estuvo en sus manos alguna vez.

Una confusión semántica de Colombia para México

¿Qué Fuente Ovejuna tomó las armas primero? Este sería el comienzo para entender el fenómeno del paramilitarismo en América Latina. Después, habría que preguntarse si autodefensas de un país a otro, tomaron las armas con el mismo propósito y si comparten una base ideológica similar; o más aún, si cuando menos la tienen.

En Michoacán ya no se sabe quién es quién: si los paramilitares son autodefensas, Caballeros Templarios o grupos de choque apoyados por algún sector del gobierno. El caos de la acción es antecedido por una confusión de significado y de historia no revisada en su complejidad.

Pero entre fuego cruzado, la terminología es la que no permite una aproximación a la realidad del fenómeno social, porque hoy se habla de “paramilitares” como si se tratara igual de “guerrilla” que de “grupos de autodefensa” en México, lo que no ocurre en países como Colombia. Pero en México, a diferencia de Colombia, “policías comunitarias” y “grupos de autodefensa”, han sido confundidos ha voluntad desde el lenguaje mismo.

Primero hay que entender que en Colombia el paramilitarismo tiene su origen en el rechazo al colonialismo que a la fecha prevalece en dicha nación; sus manifiestos y acciones están dirigidos en contra de grupos que ostentan un poder territorial y económico que lleva siglos de historia, no es el caso michoacano en el paramilitarismo de los grupos de inicial de las autodefensas.

En Colombia, el narcotráfico ha llegado a auspiciar acciones paramilitares contra el orden gubernamental; en México, y particularmente en Michoacán son muchos los fenómenos que cohabitan: narcotráfico, autodefensas, policías comunitarias, comunidades aisladas. Las posibles semejanzas entre ambos países, parten del supuesto de que se trate de grupos de choque o escuadrones de la muerte, como los que utilizó Francia en la guerra contra Argelia.

El paramilitarismo en América Latina, llegó primero a través de los Estados Unidos en su búsqueda por contrarrestar a las guerrillas, es por eso que las autodefensas en Michoacán no corresponden al modelo de origen paramilitar.

“El rasgo común de los escuadrones de la muerte o paramilitares, fue el haber sido creados por parte de las fuerzas regulares de cada país, con la asesoría de la CIA” [1].

El paramilitarismo en Colombia, según el investigador Daniel García-Peña Jaramillo: “se encuentra en la vieja práctica de las elites colombianas de utilizar la violencia para obtener y mantener sus propiedades y sus privilegios en connivencia con el Estado” [2].

En México, la circunstancia colonial no es determinante en la actualidad, como sí lo es en Colombia; pero las semejanzas radican en la lucha contra la guerrilla, algo que sí se observa en el movimiento zapatista de los años 90, pero que no se presenta en el caso de las autodefensas michoacanas.

Las policías comunitarias y el paramilitarismo antes de Michoacán

¿Entonces, si no hay más precedente, a qué se parece este fenómeno en México, dentro de un marco de referencia paramilitar?

Tal vez podríamos tratar de explicarnos lo que ocurre con los grupos de autodefensa en Michoacán desde la perspectiva de los municipios autónomos en Chiapas. La búsqueda pudiera ser la misma, aunque los medios muy distintos.

Otro antecedente a las autodefensas michoacanas, se podría ubicar en Chihuahua con la comunidad mormona de los Le Barón, que en 2009, tras el asesinato de uno de sus líderes Benjamín Le Barón y de su cuñado Luis Carlos Widmar, el gobierno del estado capacitó y autorizó la formación de una policía comunitaria.

Pero antes de tener la autorización estatal, los Le Barón tenían un pasado criminal: dos hermanos de dicha familia, quienes fundaron la comunidad, tuvieron diferencias al pelearse el liderazgo religioso y uno dio muerte al otro; después algunos de sus miembros fueron responsables de varios asesinatos dentro de la congregación y fueron a parar a la cárcel, tal como lo cita un artículo publicado en 2009[3].

Mireles, sin mira

Lo veo casi impasible, pero con un ligero movimiento en su ojo izquierdo y la mitad de su rostro como paralizado: Mireles Valverde, le otorga una entrevista a Carmen Aristegui, y cuando la periodista de CNN le pregunta si es un protegido del gobierno él dice que éste “tiene obligación de proteger a todos los ciudadanos mexicanos” [4].

El llamado “doctor Mireles”, de bigote, cabello cano y enfundado en una pijama por su estado de salud, aclara que quienes le han ofrecido seguridad no han sido miembros del gobierno, sino narcotraficantes, y que ha rechazado su apoyo: “No ve usted qué estamos combatiendo, que no queremos saber de ningún cartel” [5], dice haberle contestado a un supuesto representante de Ismael El Mayo Zambada.

Y aunque el líder de las autodefensas y policías comunitarias en Tecalcatepec, no es un prócer del zapatismo contemporáneo, entrelíneas deja ver cierto anhelo separatista, muy característico de los grupos que se rebelaron al sur del país.

Lo que refleja el discurso de Mireles es más una declaración autónoma en la defensa de lo que él llama “mi territorio”, después de que según él, la gente buscara la ayuda de grupos criminales para controlar la violencia en la zona y que ahora se ha convertido en una vacilante petición de apoyo del ejército. Pero detrás de estas palabras cobra más sentido la ineficacia de los órganos del gobierno federal para restablecer la ley, además de intenciones poco claras por parte de Mireles Valverde, quien ostenta un liderazgo emergente, surgido de un poder delegado, de un poder al que el gobierno federal ha renunciado para dejarlo en manos de un sector que dice representar al pueblo michoacano.

Total, que Mireles coquetea entre deponer las armas y que siempre no; luce confuso en sus miras, parece no tener objetivos claros; se muestra más como una víctima en deplorable estado de salud tras haber sufrido un atentado en aeronave cuando regresaba de una supuesta negociación para solucionar los conflictos michoacanos, de la que volvió sin éxito. Mireles, oculta sus miras, no revela sus cartas y poco se sabe de su origen. Todo en él es ambigüedad.

Con la atención que los medios han puesto en este personaje, se desdibujan los propósitos y la identidad de los grupos de autodefensa, pareciera que más allá de él no hay nada, que se trata de un movimiento autogenerado y es muy ingenuo pensar así.

Analizar la autodefensa como una organización para conocer su funcionamiento social y político tendría que ser primordial, antes de comenzar a definirla bajo la idea de grupo paramilitar, pues los grupos paramilitares se dan al margen de la legalidad y las autodefensas michoacanas han sido legalizadas, aunque una parte de su accionar se ha salido del marco de la ley, tomando la forma de una violencia organizada.


[1] Velásquez, E. Historia del paramilitarismo en Colombia, p. 4. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=221014794012

[2] Velásquez, E. cita a  Daniel García-Peña Jaramillo  en Historia del paramilitarismo en Colombia, p. 5. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=221014794012

[3] Rodríguez, Y. Los LeBarones, mormones con pasado criminal http://tiraderodelbote.blogspot.mx/2009/07/los-lebarones-mormones-con-pasado.html

y http://www.sdpnoticias.com/sdp/contenido/2009/07/15/446244

[4] Entrevista publicada el martes, 21 de enero de 2014 a las 22:51, en la página web de CNN en Español; http://mexico.cnn.com/nacional/2014/01/22/autodefensas-rechazaron-ayuda-de-carteles-rivales-de-templarios-mireles

[5] Op. cit.

Yuriria Rodríguez

Estado Mayor

http://estadomayor.mx/?p=38706

Yuriria no mames por favor, quieres?

Ibas bien, hasta que saliste con que el origen de los paras en Mexico era para conservar el poder por las elites sin tener conexion con los hechos actuales.

Que no sabes quien financia a estos grupos? De que chingados te sirvio tanto investigar si a la hora de los chingazos ivas bien y luego la cagaste de manera monumental para depues tratar de llenar el huecon con un chorizo que no aguanto ni u minuto de analisis?

No la chingues amiguita, si no sabes que pedo, mejor no hables o mas bien no escribas lo que te dice el chino para desviar la atencion.

Jjajajajajaja Muy buena "cátedra"!!!!

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Re: Paramilitarismo y autodefensas: la violencia organizada

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