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El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

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ORAI
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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por ORAI el 13/6/2013, 6:52 pm

una porqueria de sociedad
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Karapilot
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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Karapilot el 13/6/2013, 7:52 pm

No es la sociedad Orai, es ese grupo de personas.. q han infestado con su narkoculto y demás a los adeptos y fanáticos del mismo.. la sociedad somos todos y cada uno de los mexicanos.. y depende de nosotros el hacer del presente lo mejor en valores y principios, no dejar a lso niños y jovenes q se dañen, Darles una calidad y calidez de vida con buenos ejemplos.. por eso ha entrado en decadencia cierto porcentaje de la población..  En los padres están las bases para reformar y rescatar esa "juventud perdida"... al menos es en mi opinión. Y mi aporte como mexicana.
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Takeda
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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 17/7/2013, 7:41 pm

W DE "WASHINGTON"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante


Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Washington.



I. “Desde mi recámara de hotel, el Capitolio es un pezón erecto y menudo. El obelisco a Washington se erecta lechoso y sosegado. Pordioseros fuman cristal tras la estatua a Lincoln, protegidos por la pureza melindrosa de estos monumentos. Un niñato de la embajada mexicana insiste en alejarnos: ansía llevarnos a donde el party: el área de Adams Morgan, que a esta hora se ha vuelto carnaval. Un automóvil se ha atascado entre el gentío, y un adolescente se le trepa en la ventana. El carro avanza con su cuerpo saliéndosele a medias, hasta que un policía lo coge de las piernas estrellándolo en el piso. Alguien grita ‘cálmese’ y el policía se voltea, le mira fijo: ‘Esto es calma’. Y alza la macana. Al otro extremo un anciano montado en silla de ruedas nos mendiga unas pesetas. Huele a axila, alega que peleó en Vietnam y que aún se hace la chaqueta fantaseando con ‘esa puta llamada democracia’. Dice que necesita plata para sus medicamentos. Cuatro afroamericanos se le acercan: ‘¿cuánto dinero nos juntaste, abuelo?’ El veterano desenvaina un cuchillo tamaño Rambo. Los negros ríen; uno le arrebata los billetes arrugados en su bolso, entonces el veterano zarandea su machete siete veces. ‘Así no conseguirás tu dosis, viejo’. Para entonces, el pelotón enemigo ya se ha escabullido. Capital de Roma, imperio en decadencia. Veinticuatro horas después estoy en un evento en uno de los enormes museos de la ciudad. Han asistido todas las embajadas: sus mujeres, por encima de sus pechos y traseros aristocráticos, visten trajes de lentejuela negra. Un grupo norteño que en los mejores tiempos cobró fama por sus narcocorridos toca durante la velada: son la culminación de un nuevo nacionalismo. La mujer a quien expongo este argumento frunce el entrecejo, me pide la disculpe y nunca vuelve: está sacándose una foto tras el escenario improvisado mientras desliza una servilleta con sus datos, sin que nadie más que yo lo advierta, en el bolsillo del cantante del grupo. Un empleado de la embajada ruega que asistamos a una fiesta que han organizado (¿A dónde el party?). Nosotros, mai frend, regresaremos al hotel y beberemos en el lobby. Horas después un contingente desesperado de alcohólicos y toxico dependientes en esmokin atiborra una suite presidencial. El recepcionista llama para reclamar de quién es el vómito olor a agave que endureció la alfombra del pasillo. Una mujer gime en el cuarto de a lado tras la música que hemos puesto a todo volumen. Nadie contesta. No pasa nada. El siguiente tomé mi vuelo de regreso con apenas dos horas de sueño. Pedí al chofer nos detuviéramos frente al Capitolio para tomarme la única fotografía que tengo de este viaje.”

II. La política de Washington en torno al concepto “drogas” surge de un reconocimiento fascista de las personas que integran su sociedad civil. A pesar de que buena parte de los argumentos en contra del consumo de estupefacientes son de tipo moral, la penalización del uso de drogas no tiene que ver con el incumplimiento de un código de comportamiento acorde a lo bueno y/o lo debido. A nivel mediático, la prohibición tiene que ver con un asunto de salud física, asumiendo que la experiencia del consumo es exclusiva del cuerpo. Cualquier dimensión emocional y psíquica de experimentación queda fuera de la política norteamericana frente a la idea meramente de un cuerpo-que-consume. Incluso la despenalización en varios estados del uso de mariguana obedece a un asunto estrictamente médico, rigurosamente biológico y no social. La regulación de cuerpos y no personas, que para Agamben significaba un ejercicio de biopoder paradójicamente emprendido por legislaciones democráticas, conduce a una marginalización no sólo del consumidor, sino de todos los involucrados en el universo cobijado por el concepto “drogas”. Sicarios, policías corrompidos, toxicodependientes, incluso los inocentes que mueren en medio de balaceras relacionadas al narco (las llamadas “bajas colaterales” en el lenguaje bélico) son objeto de excepción y, por ende, muy probable aniquilamiento. El régimen de Estado contemporáneo, bien encarnado en la guerra contra las drogas emprendida por Estados Unidos, pasa por alto la muerte impune de estas vidas; y no sólo eso, sino que precisa de su sacrificio para justificar las decisiones cupulares de Washington. El estado que alberga la presidencia norteamericana, por cierto, está dos niveles por encima del índice nacional de muertes inducidas por uso de estupefacientes. Washington, sin embargo, es un concepto que no es exclusivo del Estado norteamericano; en Washington se toman muchas decisiones en las que Estado(s) e industrias farmacéutica y armamentística, entre otras, se funden en un mismo aparato regulatorio cuasi invencible: una suerte de imperio desterritorializado que tiene por objeto la perpetuación del ejercicio de poder, disciplinando a sus subordinados.

Enlace: http://www.vice.com/es_mx/read/w-de-washington

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 12/8/2013, 7:11 pm

EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
X DE "XTC"
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: XTC.



I. “Sueños raros cuando te metes éxtasis, pero no en tachas, sino en polvo cristalino de MDMA. Pienso en la vez del concierto al que no pudimos entrar porque se habían acabado los boletos: habíamos comprado cantidades enormes y decidimos hacer nuestra propia fiesta en el casino, al lado del lugar.

Ella y yo nos cagábamos de risa, sorbíamos güisqui, observábamos a los viejitos engranarse en las máquinas tragamonedas y él dobleteaba el dinero que apostamos en la mesa de los dados. Fuimos los tres a cobrar las ganancias en silencio, miedosos a que los guardias descubrieran que estábamos hasta el cogote. Ella parecía que reventaría a carcajadas en cualquier instante.

Nos metimos el resto de los cristales en la casa de él (creo que hay una foto que guardo en mi teléfono). Ahí me tronó el efecto: comencé a sentir un relámpago de escalofríos en mi espalda, así que les pedí que tomáramos una cobija y nos acurrucáramos juntos en el sillón.

Tres cerditos, tres cerditos pequeños, tres cerditos recién nacidos mirando el televisor que estaba apagado, pero que reflejaba nuestras caras estremeciéndose de risa o de espanto: a estas alturas la diferencia no importaba. En la superficie negra temblaban nuestras siluetas al mismo tiempo que mis codos y rodillas. Después fuimos a un club. Ahí los perdí.

En la mañana llegué a una fiesta atascada de gente; paradójicamente, pinchó discos uno de los músicos que había tocado horas antes en el concierto al que originalmente habíamos querido entrar. Ahí conocí a una mujer morena de ojos claros. Me pareció verla desaparecer en el baño con un hombre idéntico a mi amigo, el de los dados y la casa. No había de quién despedirme, así que decidí irme a casa.

Estaba solo, ebrio y ridículamente triste, un poco como siempre, pero con la seguridad de que las sábanas de mi cama estaban limpias y bien tendidas: un orgullo absurdo me repetía que olerían a mí y a nadie más.

Aunque estaba cansado, tomé un comprimido de clonazepam y me tumbé en la cama. Entonces soñé que me extraviaba en una ciudad que no reconocí, plana y en medio de un bosque cuidado por gente armada y con la cara cubierta con pasamontaña. En mi sueño estaba oscureciendo, además parecía que iba a llover. Me metí a la ciudad sin que sus guardias me prestaran atención y las calles se multiplicaron de manera idéntica; a pesar de darles vueltas, siempre aparecía en la esquina la misma casa blanca y despostillada, vagamente parecida a la casa donde crecí.

Pegada a la casa esa, una máquina como de engranes reventaba una docena de globos transparentes. Eso me daba mucho miedo, hasta que desperté.”



II. X es un código que frecuentemente identifica a algunos de los líderes del Cártel del Golfo, la organización criminal más antigua de México: Jorge Eduardo Costilla Sánchez, alias el XX, quien ejerció brevemente el liderazgo del cártel hasta su captura en septiembre del 2012; o Mario Ramírez Treviño, alias el X 20, quien actualmente es considerado el jefe máximo del grupo. X también es la marca tradicional sobre la superficie de los primeros comprimidos comúnmente asociados al MDMA y al resto de las anfetaminas, aludiendo a su nombre de calle: el éxtasis o XTC. Para la DEA, México no es un productor decente de anfetaminas, sino de metanfetamina (informes gubernamentales reconocen al país como el surtidor del 80 por ciento del cristal que se consume en Estados Unidos); históricamente, el producto nacional de exportación se reduce a mariguana de ladrillo, que es una mota de baja categoría, y a heroína negra, también subvalorada en comparación con la pureza asiática y afgana de los derivados tradicionales de la adormidera.

Los datos del consumo interno de drogas en México, sin embargo, parecen reducirse a encuestas como la Nacional de Adicciones (ENA) que data del 2011. ¿Cuántas veces se habrá multiplicado el consumo en dos o tres años, suponiendo que esa encuesta sí arroja datos fidedignos de consumos más bien íntimos? A los vertiginosos giros característicos de los mercados contemporáneos (aún más tratándose de mercados “ilegales”), así como a la creación de nuevas rutas y redes de comunicación y flujo de capitales matéricos y simbólicos, habría que reinventar el modelo obsoletísimo con el que el que organismos médicos y gubernamentales piensan y articulan el universo de consumos de droga problemáticos y recreativos.

Los indicadores oficiales, así como los resúmenes en prensa que advierten porcentajes en masa de consumidores de cristal o de inhalantes o de cocaína dejan fuera lo imprescindible: que cada caso de consumo es un caso único, que ni la toxicodependencia o uso recreativo en general no es uno de cuerpos que consumen, sino de personas y complejidades. Los índices oficiales se empeñan en numerar y clasificar cuerpos como si fuesen variables “x” y no universos personales, por lo que las políticas de prevención actuales también —al igual que las del combate al narcotráfico— están destinadas a fracasar. Una política real que de respuesta a las problemáticas relacionadas al consumo tiene que pensar este como hilo enrevesado de historias de gozo y sufrimiento.
Enlace: http://www.vice.com/es_mx/read/x-de-xtc

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 12/8/2013, 7:17 pm

EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Y DE "YATE"
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante


Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: XTC.



I. “Mi patrón le cantaba a mucho mañoso, batos que nos invitaban a tocar para ellos nomás sabían que daríamos un concierto por el rumbo. Los paricillos privados a los que íbamos se ponían cabrones, pero no así de que Ay-Qué-Suave o Qué-A-Todo-Dar; más bien cabrones de lo malandro y no mamadas: la raza enfierrada y empercherada; chingos de perico, pisto y putas. Al principio, las fiestas no eran así, porque al principio todas las fiestas, ya te la sabes, son familiares: ai’ veías a los batillos estos con sus esposas e hijos; que la carnita asada, que la chelita, que el cotorreo dizque tranquis. Pero nomás se oscurecía y Ay, cabrón: a chingar a su madre las rucas y los morros, decían, nos quedamos los puros compas. Y ai’ sí: a tocar, putos.

Luego-luego rolaban las pacas de perico. Nos amenazaban: Pobre de ustedes que no se metan una rayota gorda porque se agüitan los señores, así que póngale macizo.

Y



Mo

Nos

recio.

Al mismo tiempo traían a las furcias: pura chichona y culona. A mi patrón le encantaba el argüende, se ponía bien felizote de echar gritos ai’ con sus compas. Se ponía bien loco, pues. De milagro no nos quebraron a mí y a mi compadre, que siempre lo acompañábamos; yo en el sexto, mi compa en el acordeón. Siempre escucho a otros músicos contar que les pusieron fuscas en la cabeza, que los obligaron a meterse perico por las orejas, que los pusieron a tocar tres días seguidos sin cagar y sin comer… pues eso no pasó en todo el tiempo que trabajamos pal patrón, porque a ese güey sí lo querían. Bueno, lo querían en ese entonces. Lo querían hasta lo del yate.

Una vez fuimos a tocar al puerto para uno de esos güeyes, uno que tenía laboratorios no muy lejos en el cerro. Yo creo que más bien lo que tenía era mucha cola que le pisaran. Nos recibió arriba del barco, a punto de zarpar y que comenzara el pari. Había bien poquita raza, como cinco batos bien pinche feos, de esos gordos tipo judicial. Pa no hacer el cuento largo, nomás llegamos y no sé de dónde \"%/($\"? salieron un chingo de marinos. Los cerdos en chinga se treparon al yate; lo primero que hicimos todos fue arrojar los celulares y radios al mar, no así dos cuernos, tres fuscas, los 20 mil dólares que le iban a pagar a mi patrón y un kilo de perico. Ni modo: todo (y todos) a chingar a su madre. El Patrón se veía muy asustado: fijó la vista al océano inmenso, cabrón y oscuro que es el mar de este lado. Ahí yo creo que supo que había valido &%(*&%. A nosotros nos soltaron esa misma noche. A él no. A él lo arraigaron 40 días.

Nomás lo soltaron le caímos a su cantón. El bato estaba flaco, callado como de susto; sí nos volvió a contratar, pero que anduviéramos truchas. Sabrá dios qué le habrían hecho. Ya no era el bato risueño de siempre.

Un año después lo quebraron en un pueblillo de la sierra con otros dos. De eso sí nadie averiguó qué pedo.”



II. En la mitología helénica se decía que el Océano era el titán que había dado a luz a los dioses marítimos, reflejados en cada animal acuático. Sin embargo, habría que precisar que por Océano se aludía a Okeanos Potamos, una suerte de espacio ignoto personificado por el titán aquel que se mantuvo al margen en la guerra entre sus hermanos y los Olímpicos, al igual que Prometeo y Temis. Océano también se negó, en su estoicismo cósmico, a asistir a su hermano Crono en el coup d’État de su padre Urano, gobernante del universo. En un fresco de 1954, Giorgio Vasari pinta a Crono castrando al padre, sin saber que Urano también planeta de la constelación solar, revelaría en el 2010 a los científicos de la NASA tener océanos de diamante líquido. ¿Cuánta heroína proveniente de Afganistán no se ha traficado por diamantes? En el llamado Triángulo Dorado Mexicano, un trozo sinuoso de montañas, peñascos y barrancas de la Sierra Madre Occidental que mancomuna a Chihuahua, Sinaloa y Durango, se halla un mar enorme de amapola. En los últimos cinco años, de acuerdo al último reporte sexenal del ejército denominado Combate al Narcotráfico (2010), el número de plantíos decomisados de amapola ha sido 40 por ciento mayor al de mariguana. Quién que ha fumado weed derivado de los plantíos en California —malinchismo aparte— jamás podría preferir la mariguana mexicana. La amapola, también llamada adormidera y precursora de goma de opio y heroína “negra”, es un producto de exportación mucho más rentable que la mota por razonas casi obvias. “Un yate lleno de heroína” es el nombre de una canción de Barmageddon, incluida en el disco Bloodbath in Babylon, producción de un disco que jamás has escuchado y que, quizá, jamás ha sido publicado. Barmageddon es una banda sueca de hardcore metal que, en esta pieza, mezcla el género con una suerte de surf-rock alucinante. La ciudad de Tijuana, cuna del hardcore mexicano y receptáculo de turismo juvenil californiano desde la década de los sesenta, registró el mayor índice de consumidores de heroína en su historia en el 2010, de acuerdo a la organización no gubernamental Prevencasa. Una nota publicada en el diario El Mexicano a mediados del 2004 registra la muerte de Luis Güereña Burgueño, “de 44 años”, por broncoaspiración después de haber consumido heroína. “El Güereña”, como se le conocía en el medio musical, fundó la banda de hardcore punk Tijuana No a principios de los noventa. El grupo, del cual surgirían las cantantes Julieta Venegas y Cecilia Bastida, se disolvió en el 2002. Semanas después de asistir al último concierto de Tijuana No leí La Ilíada, en donde Homero describe el escudo de guerra de Aquiles enmarcado por el gigantesco flujo del océano. Un gigantesco buque de guerra canadiense incautó a principios de abril de este año un yate con media tonelada de heroína en el océano Índico. Las secretarías de defensa canadiense y australiana relacionaron el cargamento a grupos terroristas de Medio Oriente y a cárteles de la droga mexicanos.
Enlace: http://www.vice.com/es_mx/read/y-de-yate

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 7/10/2013, 3:57 pm

La última:

Z DE "ZOMBI"
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante


Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Zombi.



I. “Trago en ese plato. Me acuesto en esa cama. Hago caca en ese baño. No tengo permiso de salir de mi cuarto porque los muertos que siguen vivos se metieron a la casa. Mis carnales me cuidan encerrándome.

Mi papá y mi mamá se fueron a descansar cuando yo era niño. Mis carnales dicen que se murieron porque la gente mala se robó todas sus cosas. Dicen que yo siempre he estado enfermo. Por eso no recuerdo nada de eso.

Mis carnales me traen películas. Todo el día veo la televisión. Mis carnales me traen comida. Pero en la noche, cuando la casa huele a hule quemado, se olvidan de mí. Me agacho para meter la nariz abajo de la puerta. Les grito que ese humo pica y los va a enfermar. No me contestan. Entonces pongo la oreja en la pared y oigo que hablan mucho. Mis carnales fuman el hule quemado y hablan de pistolas. Hablan de ranchos y de camionetas. Hablan de gente que no tiene cabeza.

Luego se hace más noche y ya no quiero ver televisión. Mi cama está destendida. No tengo sueño. Me paro a dar vueltas enfrente del escusado. Abro y cierro mis manos sudadas. Ahí el único que se acuerda de mí es El Muerto.

Hay un muerto que vive en la casa y no habla, pero se queja toda la madrugada. Lo oigo cuando pongo la oreja en la pared. Primero es como un animal que respira bien hondo. Luego es como un animal que se queja de un dolor bien feo. Pero habla conmigo pegándole a la pared. Cuando le contesto pegándole también, El Muerto golpea más rápido. Le pega a la pared más fuerte.

Una vez lo oí chillar. Entonces le grité Hey, Muerto, cuéntame tu historia, ¿Cómo te moriste? Luego chilló más y le pegó a la pared más fuerte. ¿Qué te duele, Muerto? ¿Por qué no te has ido a descansar? Luego uno de mis carnales abrió la puerta de mi cuarto. Me pegó en la cabeza y me dijo Qué chingados estás haciendo, pinche mongolito. Me empujó a la cama y me dijo Duérmase, cabrón, ¿qué no sabe que el muerto se lo puede llevar con él al infierno?”



II. Zeta es cosmovisión de muerte. Zeta es el signo que a la vez resguarda y desborda las formas en que los mexicanos nos abandonamos al más feroz de los aniquilamientos. Zeta es el culmen de siglos de historia(s) violenta(s) que han terminado por disipar cualquier límite simbólico entre morir y existir. Zeta deriva de la letra fenicia Zai, que en entre los numerales griegos y la metátesis hebrea tiene un valor equivalente a “7”, el número místico por excelencia. Fue Gurdjieff quien convenció a Stalin del poder oscuro del número 7; Stalin ordenó a sus arquitectos la construcción de siete rascacielos en el centro de Moscú, "Las Siete Hermanas de Stalin", quizá por cada millón de ejecutados durante el régimen. En México, Zeta no sólo es el nombre de un ejército innombrable (“los de la letra”); Zeta también es el nombre que recibe una generación más joven, la de los muertos vivientes. Zetas son todos aquellos dispuestos a morir y ver morir al otro hipnotizados por una espiral de miseria y miedo que parece infinita.

Zetas no sólo son los miembros de ejércitos que se organizan de manera rizomática desde el noreste al resto de México con el objetivo de imponer las leyes de una necropolítica. Zetas no sólo son los colectivos que se agrupan y se disuelven detrás de la última letra para darle nombre a la violencia desbocada, coludida con políticos y ministeriales. Zetas no sólo son los Decenas, Lazcanos, Treviños, primero al servicio del narcotráfico y luego al servicio de un totalitarismo exterminador infiltrado en el Estado. Zetas también son quienes se resignan, abandonados, a vivir derrotados ante el horror insólito. Zetas monstruosamente somos todos.
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