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El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

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El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 11:48 am

Compañeros, desde hace varios meses he seguido este interesante análisis del fenómeno del narcotráfico del Músico y Escritor del colectivo Nortec, Juan Carlos Reyna. El reportaje ha sido publicado por partes en la revista electrónica VICE, y su abordaje como un análisis casi paranoico, claramente influenciado por M.Foucault y su análisis del poder me parecieron fascinantes y dignos de ser compartidos en el foro. Espero lo disfruten tanto como yo.

Link: http://www.vice.com/es_mx/columns/el-alfabeto-ilustrado-del-narco-mexicano

P.D. Todas las ilustraciones corresponden a Gabriel Escalante.


Última edición por Takeda el 13/6/2013, 5:47 pm, editado 2 veces
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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 11:50 am

A DE "ALTERADO"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Por Juan Carlos Reyna, Ilustración por Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y de mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Alterado


I. “Mi cliente seguía encerrado en La Palma, ahora El Altiplano. Afuera yo trataba con el Quemado, quien había quedado al mando de la plaza. Mi cliente le había tomado mucha confianza a éste porque, según se cuenta, había salvado la vida de sus hijos. El Quemado me marcaba por el radio y saludaba, Cómo ha estado, licenciado. Hablábamos dos o tres cosas de jale y colgábamos, respetuoso el señor. Una noche me marca, Lic, qué onda; Todo bien, Señor; Mire, le hemos comprado un boleto para que mañana temprano se descuelgue a Toluca, urge hacerle una consulta. ¿Qué iba contestarle? Pues que sí, Seguro, mañana tempranito volamos a Toluca. Qué chingados haces en ese caso, ni modo que decir que tienes hueva. Ahí voy, preguntándome de qué iba todo el pedo. En el aeropuerto me recogieron en dos camionetas. Licenciado, el Señor lo está esperando, y me subieron a la de atrás. Llegamos a una colonia de casas de cartón y lámina, muy pobre, en una vi un chingo de carros. Una fila de cabrones estaba amontonándose en la entrada. En cuanto bajé me recibió un comandante de la Federal de Caminos, un comandante que me estimaba. Licenciado, me abraza, Usted no tiene que hacer la cola. En cuanto entré vi un chingo de altares y en estos hierbas, esculturas de diablos y velas. Vi que el señor estaba todo alterado, o sea El Quemado, alegándole a un ruco que estaba a un lado no sé qué mamada. Qué bueno que vino, Lic, le presento al Señor… y me dijo un nombre que no recuerdo mientras apuntaba al ruco, un viejo prieto y flaco, lleno de pulseras y colguijes. Mire, aquí el señor me ha leído mi suerte, dice que alguien de mi gente me va a traicionar, así que necesito que a usted, a todos, les eche los huesos. El viejo me miró y sobre la mesa echó una montón de huesitos. Todos nos callamos por unos cinco minutos. Entonces el ruco volvió a clavarme su mirada. ¿Qué tal si al ruco, nomás por sus huevos, se le ocurría decir que yo iba a ponerle dedo a su Patrón? Pues ahí estoy, en las afueras de Toluca, frente al pinche Brujo. Pues que el ruco voltea a mirar al Quemado y asiente con la cabeza. Chingue su puta madre, me dije, ya valió &%(*&%. Pero no: el Quemado se volteó hacia mí y se sonrió, y dice Mi Lic, sabía que usted era de los míos. Oh, qué la chingada, me dije. Pues me salí de la casa y me despedí del pinche brujo hasta de beso. Esa noche me invitaron a echar unos pistos. Fuimos toda la gente cercana, menos el Comandante. Ese güey era un bato muy fiel y hasta esa tarde siempre cuidó al Quemado como si fuera su escolta. Después de esa tarde nunca lo volví a ver”.

II. Alterado es una palabra salivada por buchones y mangueras para referirse a un estado de excitación producto del consumo de anfetaminas y perico. Alterado también es el nombre del movimiento que agrupa a los intérpretes de corrido “enfermo”, o sea narcocorrido que describe levantones y decapitaciones con esmerada meticulosidad. La letra de "Ejército satánico", de Gabriel Silva, es protagonizada por “comandos maniacos/adictos a la tortura/y a hacer volar cabezas/en pedacitos sangrientos”; en "Cárteles unidos", otro de sus corridos, el compositor manguerón advierte que “este virus —el virus de lo alterado— contagia y a todos enferma.” El corrido tradicional promueve la mentira de que el narco es cuerpo hegemónico y piramidal, constituido en jerarquías y no perturbaciones; para el corrido enfermo la delincuencia no se organiza, sino se propaga a manera de rizomas en pugna loca: el narco es virus multiplicado. Alterado, por ello, es también el nombre que mejor cuadra al paradigma que desde el inicio de la Guerra contra el Narco da sentido al Estado mexicano. La violencia, en sus formas simbólica y sistémica, es bisagra comunal; y es, aún más importante, detonador de la transición entre Estado Nación (EN) a Estado Técnico-Administrativo (ETA) a lo que denomino Estado Alterado (EA). El soporte subjetivo del Estado mexicano no es el ciudadano, tampoco el consumidor: es el sujeto "alterado", o sea aquel que en la experiencia de la violencia se establece nuevos órdenes de sentido individual y colectivo.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/a-de-alterado

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 11:53 am

B DE "BUCHÓN"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y de mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Buchón.


I. “Ahí estaba mi compadre con su chofer, cargando un marro y tumbando una de las paredes de su cantón. Nomás por pinche loco, dizque se le había ocurrido una remodelación. Le hablaron al radio para avisarle que un morro cumplía años, un morrillo que había ascendido en la organización, ¿Por qué no se descuelga para echarse unas cervezas? La fiesta era en uno de los yonques del bato que le había marcado. Me preguntó si íbamos. Compadre, ¿cómo nos vamos a presentar así todos mugrosos? Pero al güey le valía madre, así que fierro: nos fuimos a la fiesta en un carrillo todo madreado, un Neon viejito que tenía arrumbado en su cantón. Vi a un chingo de raza bajándose de camionetas con vidrios polarizados y vestida que de Armani, Versace, Ferragamo y demás marquillas pedorras. Adentro vi unas rucas bien buenas, en minifalda y tacones de diseñador, bailando enfrente del conjunto que tocaba. El bato de la fiesta (bien perfumadillo) cayó a saludar a mi compadre, le dejó un veinticuatro de cerveza y nos mandó traer unos botes de basura para que los usáramos de taburetes. Botes de basura. Mi compadre se ondeó bien cabrón. Vete al carro a traerte aquello, le dijo a su chofer, no les vamos a gorrear a estos hijos de su puta madre ni &%(*&%. Lo tomé del brazo: No la vaya a cagar, Compadre, ni haga un zafarrancho. El chófer le bajó un maletín con cien mil dólares que cargaba siempre "por si acaso". Entonces jaló a una de las rucas de la fiesta, que nos barrió con la mirada y le dijo Mucho gusto. Mira, Hija de la Chingada, quiero que vayas a comprarme unas cervezas; Cómo cree, yo quiero bailar con mis amigas; Qué bailar ni qué la &%(*&%, usted se va a ir por las cervezas. Entonces el muy cabrón abrió el maletín enfrente de ella. La ruca peló los ojos nomás lo vio sacar dos billetes de 200 dólares. Ahí sí la ruca empezó a mover la cola: Ay, Señor, lo que usted quiera. Hasta piojito le quería hacer la vieja cabrona. Cuando regresó con las Tecate y los cigarros arrimó a sus compas que se le habían amontonado por mitoteras. Al rato ya teníamos a todas las rucas y hasta al conjunto alrededor. Un pinche desmadre que traíamos, que Ji ji jí, que Je je jé. El cumpleañero y sus compas al principio se sacaron de onda mirando toda la acción. Se abrieron de volada. Mi compadre mandó traer perico y nos quedamos hasta la mañana. Los músicos estaban bien madreados: Hágannos el paro, ya estuvo. Pero pues cuál "paro", cuál "ya estuvo", Ni pedo culeros: ustedes le tienen que seguir. De las tres personas que llegamos a esa fiesta en el Neon, yo soy el único que sigue vivo.”

II. Buchón es el epíteto con el que la jerga culichi menta a los sierreños que se hacen ricos de la noche a la mañana sembrando, empacando y traficando mota. La palabra ha cruzado las fronteras de su definición original: hoy alude a la ostentación chillona de las riquezas más burdas producto del narco mexicano. En la cultura popular se le asocia a una riqueza “sin clase”, cuando es precisamente lo contrario: manifiesto de una o más clases excluidas de los frutos de la economía legitimada por el Estado. La estridencia buchona es producto de la violencia sistémica de la economía global y no pretende, como se cree, ser una suerte de manifiesto estético del narco. El traficante de Badiraguato, por poner un ejemplo, encuentra en la estridencia buchona una forma de manifestarse ante la simulación que es la economía global, una suerte de ente ajeno a los tráficos ilegales que, por el contrario, constituyen buena parte del mercado. Los 90 mil cadáveres derivados de la actual Guerra contra el Narco en México no son los únicos. La sociedad mexicana está muerta en el fraude que sostiene, en frágil equilibrio, lo que queda de las instituciones política, policiaca, eclesiástica y familiar. Un México que reclama estrepitosamente tener visibilidad se revela en el imaginario buchón; en éste hay dinero, mujeres y una nueva masculinidad que, ante la inminente muerte de quienes lo protagonizan, deriva en narcoficción. El descubrimiento de narcofosas revela que la realidad social mexicana está constituida más bien por cuerpos que reclaman ser vistos y desenterrados.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/b-de-buchon

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 11:56 am

C DE "CONTRAS"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y de mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Contra.


I. “Todos los jueves jugaba con mi compadre al dominó. A veces nos veíamos en los mariscos que estaban cerca de uno de sus cantones, pero esa vez nos vimos en una florería que el bato tenía en una zona más o menos fresona. Toda la bola de cabrones que nos juntábamos acostumbrábamos ponernos hasta el culo. Y aún así, la neta, estaba curada; o sea: agarrábamos cotorreo leve, que un güey contaba chistes, que ji-ji-jí, que ja-ja-já, que a toda madre. Nadie la hacía de pedo. La bronca era, al menos para mí, que siempre era un pinche pleito con mi ruca: siempre me hacía un pancho porque ya sabía que los que nos juntábamos éramos una bola de borrachos. Cada que que me iba al dominó era un pedote, que Ya te vas a poner hasta el culo, que Ya te vas a juntar con esos cabrones, que Si no regresas temprano te corto los huevos. Mi ruca amenazaba hasta a mi escolta, que me trajera temprano, que si no, ella se ocuparía de cortarle los huevos a él. Pinche vieja loca. El caso es que después de tanto regaño, ese día decidí retachar temprano al cantón para que no hubiera pedos en la casa. Mire, Compadre, mi ruca me la está haciendo de pedo muy cabrón, tengo que regresarme porque si no, la neta que me divorcian. Pinche mandilón, me dijo, que Cómo te vas a ir así, que Ahorita me acaba de hablar el Cholito, que va a caer. Ese güey, el Cholito, nunca iba al dominó. El Compadre me dijo que el bato quería que todos estuviéramos ahí, que dizque quería consultarnos un asunto y, de paso, apostarnos una feria en el dominó. Me sorprendió cabrón: se rumoraba que el bato, después de que el ejército se había llevado al Jefe, dizque había hecho tratos con los Contras. Pinches rumores, pues, que uno escucha y sabe que son habladurías. Pues Compadre, le dije, la neta que sí quisiera saludar al Cholito, pero neta que si no me voy mi vieja me castra. Oh qué la chingada, el bato emputado, pues a chingar a su madre. Me fui. Llegué a mi cantón temprano y, aún así, mi vieja me la hizo de pedo. Esa noche levantaron a mi Compadre y a toda esa bola de cabronas. No los volví a ver.”

II. Contras es la palabra que alude al competidor o enemigo en la jerigonza narca; también es el adjetivo que durante los ochenta se usó para mentar a los movimientos guerrilleros opuestos al régimen del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en Nicaragua. La palabra “contrarrevolucionarios”, larga para un encabezado, fue acortada así por diarios locales de la época. Los Contras fueron auspiciados por Estados Unidos mediante una red de tráfico de cocaína que gestionó la CIA utilizando a México como trampolín. Agentes federales gabachos introdujeron toneladas de la también denominada "caspa del diablo" a sus fronteras para entrenar, armar y abastecer a los Contras con los dividendos. El Frente Sandinista había instaurado un gobierno progresista de izquierda en 1979, luego de haber logrado derrocar la dictadura de la familia Somoza, en el poder desde 1936. Los Somoza sumieron a Nicaragua en la miseria absoluta al permitir la explotación de los campos mineros y cafetaleros por parte de corporativos gringos. La operación orquestada por la CIA consistió en profesionalizar, con la ayuda del Cártel de Medellín y exiliados cubanos en Miami, las rutas de tráfico de droga en México, incluyendo pistas de aterrizaje y despegue tanto en Yucatán como en el Pacífico. Así fue como el Cártel encabezado por el llamado Señor de los Cielos Carrillo se consolidó: gracias a los contactos de la CIA y a la anuencia del entonces presidente (y ahora malogrado) Miguel de la Madrid Hurtado. Gary Webb, periodista del Mercury News de San José, hizo pública esta red de narcotráfico en un reportaje basado en informes desclasificados y entrevistas con ex funcionarios de la DEA. El trabajo, titulado Dark Alliance, reveló la participación de los Estados Unidos en la consolidación de los cárteles de la droga en México y Colombia; también evidenció la responsabilidad de la CIA en el recrudecimiento súbito del consumo de piedra (perico base o crack) en las comunidades marginales de las capitales financieras del Gabacho, mientras se financiaba a los Contras en Centroamérica. Luego de la publicación de estos artículos, ninguna de las grandes empresas mediáticas volvió a contratar los servicios periodísticos del reportero. La mañana del viernes 10 de diciembre del 2004, Gary Webb apareció con dos balas en la cabeza.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/c-de-contras

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 11:58 am

CH DE "CHAROLA"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y de mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Charola.


I. “Cuando estábamos súper morras fuimos a Vallarta a tirar party. Íbamos la Brenda, Mónica, Nora, Martita, la Lore, Karla —otra morra que no conoces— y yo, entaconadas y listas para ponernos hasta el huevo. Vamos al Cactus, dijo la Brenda, y nosotras Ajá-Sí-Cómo-No. O sea, el Cactus era un antro súper fresa al que estaba muy cabrón entrar, pero la Brenda a güevo quería estar ahí; la Brenda, a quien siempre le ha gustado estar en el ojo del huracán, o sea en lo mejor de lo mejor. Llegamos y la primera bronca fue la lista de acceso: que Garza no se qué, que Salinas no se qué, que Azcárraga no se qué. Y los fresotas bien acá, saludando a los cadeneros de piquete en la nalga y demás. No había manera de entrar. En eso, la Brenda voltea a verme: ¡Gaby! ¡Saca la charola! En lo que llevaba trabajando para el Poder Judicial jamás lo había hecho, pero pues ya estando ahí dije chínguesu. Señor, y miro al cadenero, Venimos buscando a alguien; Por favor, Señorita, pase usted y sus amigas. A ver, dijo mirando a la perrada que estaba afuera, ¿Quién viene con Gaby? Y de repente toda la raza sin poder entrar empezó a gritar “¡Ga-by! ¡Ga-by! ¡Ga-by!” Entraron mis amigas y yo, y hasta jalé a otra gente que ni conocía. El cadenero le llamo a un par de chalanes que nos llevaron frente a la pista de baile. Quitaron a un grupo de morras que estaban en una mesa para sentarnos a nosotras. Qué pena, me digo ahora, Pobrecitas, pero pues ahí estábamos pisteando de gratis porque el dueño, nos dijo el mesero, les manda estos tragos cortesía de la casa. Uta, la Brenda luego luego bailando arriba de la mesa. En eso los chalanes se comenzaron a amontonar alrededor de nosotras; Oiga, me dijo uno, ¿Trae pistola? La dejé en casa (me contuve de la risa). Nos fuimos a las 7 de la mañana. Cuando nos despertamos no recordaba bien cómo había terminado el party. ¿Dónde estaba la charola? Me había valido: la había perdido en el antro. Nos habíamos limpiado con la pinche charola.”

II. “Había un lugar en ese entonces que estaba de moda en Tijuana, a donde iba puro malandrín. Se llamaba La Oh. En los lugares de ese entonces (el Guadalajara, el News, después la Baby) los de la entrada solían ser muy alivianados y con que fueras cada semana, les consumieras y los saludaras de beso, nunca tenías pedos. Recuerdo que después de las corridas de toros de los domingos, Ramón, uno de los Arellano, solía invitar la peda a todos los que íbamos al Frog’s, aunque no lo conocieras. Bueno, esto último nomás lo cuento como antecedente. Lo que más bien quiero contarte es que para entrar a La Oh sí había pedo: te podías ir súper bien vestida y ni así. Pues ahí estábamos las mismas de siempre, todas emperifolladas. Yo llevaba un tul negro, una diadema rosa y un cinto con hebilla metálica grandota en forma de flor. Haz de cuenta que estás viendo a Madonna, pero pues ni así pudimos entrar. Como era de esperarse, la Brenda, que a güevo quería estar adentro, me dijo Gaby, tienes que sacar la charola. En ese tiempo las charolas eran metálicas y pesadas. Estaban en una especie de cartera que nomás dejaba ver su brillo cuando la enseñabas. Desde lo de Vallarta me había jurado nunca volver a usarla, así que le dije que No, no lo vamos a volver a hacer; Ay no mames, Gaby; No, Brenda; Ándale, está chingonsísimo adentro; Tengo una mejor idea. Lo que hice fue lo siguiente: me quité la hebilla del cinto y les dije a todas que me siguieran; me paré enfrente del cadenero, saqué la hebilla y la deslicé rápidamente enfrente de su jeta. Soy la autoridad y vengo con siete amigas. El fulano peló los ojos súper impresionado. Señorita, por favor, pase usted. Qué bruto. Pobre gente ignorante, me dije: haz de cuenta que se habían abierto las aguas del Mar Rojo. Pero pues así eran las épocas del PRI. Era bien chistoso.”

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/ch-de-charola

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:00 pm

D DE "DECAPITADO"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, ilustración por Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y de mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Decapitado.


I. A principios de agosto del 2011, las cabezas de tres mujeres fueron halladas en el municipio de Allende, Nuevo León. Las tres tenían 24 años. La noche anterior a la mañana que las hallaron habían ido a un bar. A su salida, las tres fueron interceptadas por 14 policías municipales. Las detuvieron, de acuerdo al propio vocero de seguridad pública, Jorge Domene, “por una falta administrativa”. Luego las llevaron a la plaza central del municipio, donde las retuvieron hasta la medianoche, cuando un comando armado fue a “levantarlas” en un convoy de camionetas último modelo y vidrios polarizados. Al siguiente día aparecieron las cabezas al interior de una caja de plástico en la carretera hacia Cadereyta. Junto a la caja había una cartulina con un narcomensaje: “Esto les pasa por charoleras, ahí te van Subteniente Martínez”. Las mujeres fueron mutiladas y decapitadas de tal manera que pudieron caber fácilmente en el contenedor blanco del tamaño de una hielera mediana para cerveza. Los mexicanos, a un nivel inconsciente, reconocemos en la violencia extrema una repetición de nuestra historia. El recrudecimiento de la violencia en México se origina, no en la entrada de Calderón a la presidencia, sino hace cinco siglos, con la llegada de los españoles a Tenochtitlán. México fue fundado con un holocausto. La matanza de millones de indígenas durante la conquista marcó la pauta para que la identidad nacional se definiera a partir de la muerte. Y no cualquier muerte, sino una muerte ejemplar, producto de una violencia extrema que hermana los rituales de la Santa Inquisición con las ejecuciones de los Zetas, y a éstas con los asesinatos colectivos durante la Revolución. La decapitación de la mayoría de los muertos producto de la Guerra contra el Narco no es novedad. Los padres de la patria murieron decapitados.

II. Nos gusta ver decapitados. La velocidad con la que circulan videos de ejecuciones del narcotráfico, la mayoría concentrados en el Blog del Narco, lo confirma. Pero nuestra fascinación por lo macabro no está basada, como se podría creer, en el culto prehispánico a la muerte. Lo que bien podría denominarse narcosnuff no es herencia de mitologías mayas o aztecas, ni exclusiva de los mexicanos. Casi todas las culturas del mundo, incluso la budista, poseen una iconografía igual o más gore. La repulsión y el gozo paralelo que producen estas imágenes nos aterra y, a la vez, reconforta. Entre más repulsiva la imagen, mucho mayor es la seducción. Este es el caso de los narcovideos. La “Ejecución de Manuel Méndez Leyva”, por citar un ejemplo vuelto clásico entre millones de internautas, nos sitúa al extremo opuesto del horror. A un nivel superficial aterroriza, pero en el fondo da seguridad. Mientras es decapitado, Méndez Leyva encarna aquello que no es nuestro presente inmediato. Es decir: el dolor se vuelve algo ajeno, e incluso su decapitación adquiere la condición de prédica moral (“esto les va a pasar a todos los que estén en contra de nosotros”). A partir de lo anterior, es fácil asemejar la mayoría de los narcovideos con la iconografía monstruosa del cristianismo medieval. Sin embargo, lo que los hace distintos a una ilustración feroz es que también da otro tipo de seguridad. Quizás influenciados por los videos de grupos yihadistas islámicos, como ha sugerido el crítico Naief Yehya en un ensayo titulado "Narcovideo", grupos criminales en México comenzaron a grabar a sus cautivos. En estos registros, los ejecutores aparecen casi siempre con atuendo militar, portando armas de grueso calibre y practicando interrogatorios casi marciales. En una lectura de fondo mitifican al narco: promueven la idea de que las organizaciones criminales están controladas por sicarios organizados y todopoderosos. “Cárteles” piramidales encabezados por señores que dan y quitan vida, estoicos, en rituales de una crueldad brutal e insensible. Un narcovideo le da al capo la oportunidad de simular una constitución más dura y estable de la que verdaderamente tiene su organización. Vamos: le da una carácter casi mítico, a pesar de que los cárteles no existen como tal. El narcotráfico es mucho más escurridizo, poroso y caótico que un ejército de asesinos. La sociedad, atemorizada, le da rostro a la delincuencia, pero un rostro (encapuchado) que conviene al Estado. México ha sido secuestrado por un discurso de simulación y un Estado basado en la mentira, México a la vez son dos: uno, el propagado por los medios oficiales y el discurso presidencial, aquel que se construye en el escenario de una guerra entre una supuesta presidencia heroica y un narcotráfico más bien idealizado. El otro México es incomprensible y rizomático, imposible de ser combatido a través de una estrategia que ya cobró miles de vidas, ni mucho menos capturado en una película de horror. México es un Estado decapitado.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/d-de-decapitado

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:02 pm

E DE "EMPRESA"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, ilustración por Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y de mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Empresa.


I. "Cómo ve este asunto, me preguntó el juez; Listo para dictar formal prisión, contesté; Adelante, dijo, y me fui a mi privado. En eso veo que pasa con él un abogado cargando un maletín. Al rato el juez me mandó llamar: Oiga, Lic, estuve pensando en ese asunto, fíjese que a mí me parece que lo tenemos que soltar, pues son pruebas insuficientes para inculparlo, así que necesito que me haga las dos resoluciones: una dictándole el auto de libertad y otra la formal prisión. Qué hueva, me dije, pero ni modo, son órdenes. La cosa era ésta: la lana no había llegado completa. Dieron las seis de la tarde, el juez estaba en la ventana y yo ya tenía los dos criterios listos; Usted dígame, insistí, cuando quiera integramos la resolución; pero se hacía más tarde, mis oficiales tenían hambre y el abogado no llegaba. Todos nos queríamos ir, pero el juez estaba que Permítame, Lic, que Ya mero nos vamos. Estábamos en un segundo piso y el juez se asomaba por la ventana y daba vueltas y se volvía a asomar y nomás miraba el estacionamiento. Ya eran las nueve de la noche y el juez seguía con que Demos media hora ¡a que llegue el abogado! Estábamos hasta la madre de cansados, cuando en eso aquel llega por fin con otro maletín a encerrarse con el juez. A los cinco minutos, cuando el abogado se fue, el juez me mandó llamar; Mire, Lic, yo creo que hay que aplicar justicia: es preciso dejar libre a esta persona; Órale, le dije, Va y en chinga integré la resolución (ya me urgía llegar a mi casa a descansar). Al día siguiente me habló; Oiga, Lic, necesito que me haga un favorcito: averígüeme si sus familiares que tienen aquella Casa de Cambio me pueden cambiar estos dólares; ¿Quiere que le den un buen tipo de cambio? No, Lic, necesito que me cambie estos dólares por otros dólares. ¿Qué? Sí, Lic, hágame el favorcito. Pues le marqué a uno de mis tíos que tenía el negocio, pero pues no, cómo, o sea que quería lavarlos y pues mis parientes no le hicieron el paro. Sabe qué, le dije al juez, no se puede, y pues ahí quedó. Se los tuvo que quedar. Bueno, pues la verdad, la verdad, realmente ahí no quedó la cosa: unas semanas después me enteré que la familia que limpiaba su casa, que de hecho yo se la había recomendado a través de la que limpiaba la mía, le robó todo el dinero que tenía guardado debajo del colchón. El juez nunca dio con su paradero. A pesar de que mandó levantar a su hijo soltándole una feria a dos judiciales, ni así se armó. Creo que la mujer se compró una casa en Chiapas y ya nunca regresó.”

II. "Empresa" es el mote que recibe en la jerigonza culichi el grupo de grupos delincuenciales vinculado a Sinaloa. Esta presunta federación de cárteles, de acuerdo a la DEA, controla el 75 por ciento del mercado de la droga en Estados Unidos. Se trata, pues, de una suerte de corporativismo delincuencial integrado por diferentes sindicatos criminales o células. Éstos se ordenan en jerarquías que, paradójicamente, institucionalizan las formas en que los agentes económicos del régimen narco (incluidos Estado y empresariado) cumplen sus funciones. El engranaje determinante en la estructura de corrupción que sostiene dicho régimen es el sistema judicial mexicano. El Poder Judicial Federal es una empresa que administra la justicia de acuerdo a los grados de poder político y económico del inculpado. La figura del "machote", expediente integrado citando repetida y mecánicamente jurisprudencia, ofrece la posibilidad de construir una legalidad acomodaticia, que beneficia a quienes pueden pagar o influir la mecánica en que se decide quien es y no culpable. La "empresa" judicial mexicana somete así a los marginados del poder económico y político; no es casual, pues, que procesados y quienes reciben sentencias de formal prisión son casi siempre quienes representan el eslabón más bajo de la delincuencia organizada: dílers, chalanes, halcones, sembradores, gatos, empacadores. Para ello, juez y defensor de oficio son parte del mismo sistema: no sólo al formar parte literalmente de una misma institución, sino al recurrir a un mismo lenguaje, la jurisprudencia, al servicio de la corrupción. La frontera entre el poderoso y el marginado también es de lenguaje: es incluso paródica la acartonada sofisticación, el absurdo barroco, de la terminología legal con la que se intimida al inculpado, con la que se negocia el bien y el mal. El sistema judicial mexicano es el colmo del turbocapitalismo, de lo que aterradoramente podríamos denominar mercados de comercio moral.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/e-de-empresa

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:06 pm

F DE "FIERRO"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración por Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Fierro.


I. "De donde vengo no está saico que uno crezca metiéndose crico con sus jefes. Neta: con tus jefes jalándole del tubo de una pluma, papel de aluminio en mano quemado con un encendedor. A mí nunca me pasó porque mis jefes son fresas y sus drogas son los golpes y el alcohol. Las mías las probé hasta que conocí a un cholo bien encaramado (no me preguntes dónde, no me preguntes cuándo). Por él supe que la metanfetamina es súper rica para coger. El batillo me gustaba mucho, así que acepté que pasara por mí a la salida del colegio un viernes por la tarde. Me llevó a un motel que está por el libramiento, casi para tomar carretera. En cuanto entramos me dijo que me quitara los calzones y que me dejara la falda. Que me sentara al borde de la cama. Ahí el bato me besó. Sus manos llenas de tatuajes me pusieron bien cachonda. El bato sacó un globito que guardaba el polvito ese cristalino y blanco metálico. Me dijo que a eso se dedicaba, a hacer felices a mujeres como yo. Me dio a probar acercándome el polvito a la nariz con la punta de sus llaves. Me he de haber metido medio gramo antes de temblar de súbito y mojarme, mamándosela al güey como loca, a punto de darme un infarto. Pensé que me moría: la mirada la tenía nublada y todo vibraba alrededor del cuarto. Si así es cómo se siente morirse, pues qué chingón: es como si jodieras tanto tu cerebro que te vuelves animal. Y así cogimos. El bato me volteaba y me la metía y luego cambiábamos de posición; volvía a metérmela bien fuerte, mientras nos besábamos y le pedía que me dejara mamársela otra vez. Se metía una rallas y me metía a mí su &%(*&% como fierro por la boca, luego entre las piernas y nalgas. Así estuvimos por cuatro horas. Al final me vine tres veces. Cada orgasmo se sintió como una cachetada que me hizo temblar y gritar eufórica. Me dio miedo. Pedí al cholo que me dejara en unos cines cerca de mi cantón. Pasaron días, semanas, meses. No volví a contestarle las llamadas, pero sí volví a meterme aquello varias veces. A rayas, fumada, intravenosa. Quien lo ha hecho sabe que se siente súper rico coger así, aunque el siguiente día te sientas de la verguísima, deprimida y con ganas de matarte de a de veras."

II. Fierro es el término que en el caló norteño se utiliza para decir "listo", "vámonos", "ya hemos terminado". Originalmente es parte de la terminología que verbaliza una narco-ejecución: el fierro es la pistola con la que el sicario mata y, por ende, termina una encomienda. El fierro, en otros tiempos y lugares de México, puede ser el albur que alude al pene erecto. La dureza del fierro invita relacionar lo anterior con otro mote para aludir al "ya hemos terminado", o sea "ya estamos bien", o bien al "ya estamos al cien": el término "como hueso". Al fierro-arma-&%(*&% erecta, como al hueso, no cualquiera lo quiebra (ejecuta).

Es común escuchar en presentaciones de conjuntos gruperos, entre narcocorridos, al vocalista gritar "estamos como hueso", seguido de " fierro", a modo de canto de guerra y sobrevivencia. La pistola que ejecuta versus al pene que es órgano reproductor, es objeto simbólico que en el término "fierro" se revela mediador entre dos extremos. De ahí el atractivo sexual de portar un arma: el fierro es significante de deseo, el punto de contacto entre las pulsiones de vida y muerte. Su fuerza significante no termina con el acto de ejecutar, sino que a pesar de haber saciado la vertiginosa necesidad del mismo, el fierro permanece como prueba de que aún queda una suerte de nostalgia necropsíquica en las hordas de sicarios: el deseo permanentemente insatisfecho de matar.

El querer poseer la vida del otro a través del asesinato no es suficiente, pues matar más bien obedece a la "ausencia de ser" característica del sicariato. El sicario es el último eslabón de una cadena inconmensurable de muertes de sentido que abarca el desmoronamiento de las instituciones que daban vida pública a las sociedades modernas mexicanas (estado, iglesia, familia estereotípica, medios tradicionales), pero que ahora encarnan simbólica y literalmente una estela de muerte colectiva.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/f-de-fierro

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:08 pm

G DE "GUERRA"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración por Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Guerra.


I. "Tenía 11 años y me juntaba con el mejor amigo de mi hermano, que es cinco años mayor que yo. Saliendo de la escuela (yo estaba en secundaria y ellos en preparatoria) fuimos a jugar Nintendo a casa de otro amigo. Éste trajo de la cocina un bulto escondido en una toalla y nos pidió que lo acompañáramos al patio. Afuera destapó la toalla y vi una bonga. Le puso lo que dijo era una "mota muy matona". Nunca antes había fumado más que tabaco, pero sabía que la mota era verde. Pues esto era una hierba sí, verde, pero mezclada con un polvo cristalino, entre blanco metálico y azul tornasolado, con una forma como de sal. Me dio miedo, pero de todos modos le fumé con la ayuda del amigo de mi hermano (no sabía usar una bonga). El jalón que le di ha sido el más fuerte que he sentido en mi vida. Sentí que mis pulmones, que eran pequeños y delgados, se llenaron de humo. Tosí. Pasaron dos o tres minutos y nada, así que le di otro jalón a pesar de que mi garganta me dolía. Otros dos o tres minutos pasaron. Mi cabeza comenzó a sentirse bien ligera y la boca pastosa. Les dije que su mota estaba bien chafa, fui por mi bicicleta y decidí irme a la casa. A media cuadra, en cuanto empecé a pedalear más recio, sentí un putazo como de una ola pegándome súper fuerte en la cara. Me tiró al piso. Abrí los ojos. De repente todo alrededor comenzó a sacudirse. Estaba oscureciendo. Las nubes se estaban volviendo rojas. Las casas de toda la colonia estaban derritiéndose. Vi que el cielo estaba cayéndose en pedacitos rojos sobre mí. Por más mamón que suene: pensé que estábamos en una guerra del fin del mundo. Las nubes se convirtieron en muchas olas que se aplastaban en mis hombros. Escuché varios ruidos, todos como de tambores adentro de mis oídos. Volteé hacia donde estaba la casa de mi amigo y vi que el amigo de mi hermano me veía con los ojos desorbitados. Su cara tenía el gesto más horrible que he visto en mi vida. No lo puedo describir, pero me hizo sentir que tenía mucho miedo como yo. Su cabeza se ensanchaba, luego se hacía chiquita, luego se volvía a ensanchar y se estiraba. Me cogió de un brazo, me jaló hacia adentro, pero tuvimos que arrastrarnos porque sentí que una fuerza enorme nos jalaba hacia el suelo. Sentí que el piso se alzó y se volvió vertical. Ahí ya no pude hacer nada y sentí que caí hasta un fondo. Ahí ya no me acuerdo qué pasó. Lo próximo que recuerdo es nomás estar en el baño de mi casa. Creo que veía al fondo del pasillo a mi hermano llorando, golpeando a su amigo. Mi hermano estaba bien enojado con su amigo por haberme dado a fumar esa madre. Si él no me hubiera ayudado (después supe que él me llevó a casa), no sé que me hubiera pasado. Ya era de noche, vi el reloj y nomás había pasado una hora. Sentí ataques de pánico y como pude me arrastré hasta mi cuarto. Cerré los ojos y como pude me dormí. Al día siguiente estaba más o menos y me sentía muy raro. De repente veía luces alrededor de mí o todo oscurecía. Lo que da más miedo no es la primera parte de mi historia, sino a segunda: hasta hoy, que tengo veinticinco años, sigo con los efectos de lo que fumé. Siento que todo a mi alrededor es como un sueño. No puedo concentrarme: a veces veo luces, otras todo se oscurece de repente. Los contornos de las cosas a veces cambian. Escucho golpes adentro de mi oído. Mi mamá me ha llevado a ver a neurólogos y, a pesar de que me han recetado de todo, su conclusión es que tengo que conformarme con tomar antidepresivos. Y ya. Mi mamá no sabe que fumé aquello, ni mi hermano ha querido contarle. Los ataques de pánico se agudizaban cuando los escuchaba pelear entre ellos por cualquier cosa. Ella piensa que todo es puro estrés. He seguido consumiendo otras sustancias, buscando curarme o apaciguar lo que siento. Me gusta la oxycodona, la tomo todo el día, que es lo único que más o menos hace que se vayan los efectos."

II. Guerra es el término que Felipe Calderón introdujo al discurso del combate al narcotráfico el 11 de diciembre del 2006. A pocos días de haber tomado posesión como presidente entre suposiciones de fraude, Calderón arrancó una serie de operativos conjuntos entre el Ejército, Marina y Policía Federal contra los presuntos cárteles de la droga mexicanos. Como resultado, el número de ejecuciones de disparó terriblemente. Cifras oficiales señalan que casi cien mil personas han muerto en el país a lo largo del sexenio. Fuentes independientes estiman que, debido a que muchos grupos pertenecientes a ambos bandos "desaparecen" sus cadáveres, la cifra podría ser 150 mil o 200. Un aproximado de entre diez y veinte por ciento serían civiles inocentes. Interpreto la guerra calderonista como un intento por instaurar un modo de ejercer acción política surgida de una decisión vertical en aras de un mito: la necesidad de ir a una guerra que, a pesar de ser interna, comprometa a todos los mexicanos. El Estado, al perder hegemonía en la dolorosa y fraudulenta transición "democrática" centrada en el cambio de partido del 2000, reclama convertirse en ese ente supremo que Calderón imaginó durante su mandato militarizando al país. Peña Nieto, su sucesor presidencial, continuará imponiendo un Estado piramidal y policiaco, poco tolerante a la crítica, pero sostenido en una pluralidad de medios de comunicación, empresarios y partidos políticos "ligados", como se advierte en los consensos entre los partidos PAN y PRI (y en la reforma laboral de 2012). Dos falacias evidencian la contradicción entre lo real en la violencia recrudecida de México contemporáneo y el discurso político de nuestros dirigentes. Una, la posibilidad de una dictadura empresarial-mediática-política tras la supuesta democracia mexicana; otra, el construcción de un enemigo folclórico del Estado en la guerra contra el narco: los supuestos cárteles de la droga. La delincuencia organizada se integra, reconozcámoslo, precisamente por empresarios, medios y políticos.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/g-de-guerra

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:10 pm

H DE "HALCÓN"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Halcón.


I. “El Halcón se ondeaba porque el pedo de ser ‘halcón’ se había devaluado. O sea: ser ‘halcón’ era ser el eslabón más pinche bajo de la cadena de la mafia. Entonces el bato se agüitaba, como si fuera un acomplejado de clase. A él le decían Halcón porque el pájaro ese esta &%(*&%, pues: ve más allá de lo que los demás animalejos ven. Era músico, como ustedes sabrán. Cantaba cabrón y sus rolas eran así como que de ver cosas más cabronas que la demás gente no ve. Puro pinche corrido machín. El pedo, sin embargo, era que el bato no veía tanto como creía. El bato se clavaba en pendejadas; para empezar, era bien pinche celoso, y lo que su vieja consideraba normal —salir con compitas a chupar, por ejemplo— el güey lo veía como un pedo culero. El bato bien empericado y sobre todo cristalón se ondeaba. Y aún ondeado el bato se aguantaba y no cagaba el palo nunca; sabía que era su loquera la que lo ondeaba, pero siempre esperaba descubrir una mamada. Su vieja acostumbraba a salir con su mejor amigo, el de él; un bato que también era músico —no voy a decir quién—, pero era un músico que invitaba a la vieja a chelear y a partysear y a jujujú y jajajá, aprovechando que el Halcón se la pasaba de gira. En lo personal, no creo que cogían, pues para mí que el compita ese —el amigo— era puto. ElHalcón no tenía de qué preocuparse, pero aún así cada que se iba de gira el bato no dejaba de marcar un putero de veces al radio de la ruca, a su celular. Luego el Halcón agarraba morritas —siempre agarraba morritas— y entonces dejaba de marcar. Al amanecer siempre era lo mismo: el Halcón se sentía del nabo y regresaba a donde su morra con un sentimiento de culpa. Ese pedo, el pinche sentimiento de culpa, era aprovechado por la vieja, al grado que la vio pelada: siguió saliendo con ese güey. No sé si siquiera se besaron, pero se la pasaban juntos, más que suficiente para que el otro cabrón se imaginara mamada y media. ¿Era un amor platónico? Sepa. Finalmente el Halcón se hartó de ese pedo y en una loquera que le duró tres días llegó con un pinche bat a su cantón; vio a su vieja y a su compa en la sala, quienes miraban películas, y terminó putéandose al bato bien bastardamente. El batito-compa huyó, pero le quedó el ardor. La vieja se ondeó y pidió el divorcio: lo dejó. Entonces el Halcón decidió no hacerla de pedo y se dedicó a su carrera, o sea a agarrar morritas bien buenas y seguir la fiesta. En el fondo el bato, creo, se seguía sintiendo culpable y, aunque no volvió a buscar a la vieja, seguro siempre la tuvo en mente. Cuando lo agarraron meses después en el yate ese, con la raza del cártel, se pandeó, pero no porque estuviera a punto de ser procesado, sino porque pensaba que la había cagado con su morra al dejarse agarrar con la plebe esa, la misma que su vieja decía le cagaba. Cuando salió del bote (no le habían fincado cargos) ni hizo nada. Pinche Halcón: poco después lo mataron, que dizque por malandro. El bato todo gordo, todo chistoso. A quienes lo ejecutaron les valió &%(*&% que cantaba recabrón; sí, le perdonaron la tortura, pues nomás lo balacearon. Su ruca aquella ni se apareció en el funeral.”


II. "Halcón" es como se le dice al morro que juega, por ejemplo, maquinitas mientras avisa a la raza pesada qué pedo con el tráfico de milicos y/o federales alrededor de donde están. Dentro de la jerarquía del narco hay quienes trabajan de manera independiente, por lo que necesitan a alguien que vigile los caminos por donde transitará el negocio.

El halcón es el eslabón con que el crimen organizado accede al espacio público para pretender imponer un régimen de control local. A pesar de que generalmente el halcón es la figura de menor jerarquía en la mafia mexicana, su existencia es el vínculo entre los ámbitos público y privado de la ilegalidad. El halcón, cual forma rudimentaria de panóptico, garantiza el control espacial de los cárteles sobre un territorio definido. Esta red cumple con los tres criterios que Michel Foucault plantea en torno al capitalismo vigilante: es barato y discreto, extiende su intensidad en cuanto es desplazable a manera viral y, por último, consolida un aparato organizado de ejercicio cuasi militar de movilización territorial.

Aún así, esta figura es el peón que es cobrado en ejecuciones por células opositoras y detenciones por el Estado. Debido a que el halcón es ojo y testigo, y por eso cualquier persona sin experiencia criminal o policial puede cumplir dicha función, es fácilmente reemplazable.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/h-de-halcon

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:13 pm

I DE "IGLESIA"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Iglesia.


I. “Fui agente del Ministerio Público mucho antes de terminar la carrera de Derecho. Como era el más morro de la unidad de Homicidios Culposos, todos me traían a pan y &%(*&%. Trabajaba 48 horas de corrido por 24 de descanso; el primer día, como era de esperarse, estaba que me cargaba el payaso de puro sueño. Mi Lic, me llamaron los honorables compañeros, Usté no se preocupe por el jale: váyase a dormir y acá le hacemos el paro cuidándole el changarro; Cómo creen, no hay pedo: está cabrón acostumbrarse, pero de que se puede se puede. La bola de cabrones me miró de reojo mientras cabeceaba, ni el café me hizo el paro (tan pendejo que era en ese entonces: ni sospechaba la trabadera de quijada que traían éstos). Finalmente las di diciéndoles Ni pedo, me voy a dormir a la camioneta unos minutos. Y me fui. Puse la alarma para que sonara en 30 minutos. Y me dormí. ¡Puta cuando desperté! Grité A la &%(*&%; o no dije nada y nomás grité un grito a lo pendejo, y sentí que me moría. Los hijos de la chingada habían retacado la camioneta de bolsas negras con los cadáveres que había recibido la morgue esa misma noche. Los habían amontonado a mis costados, aún no apestaban. Seguí de gritos y los culeros estos cagándose de risa, viéndome detrás de las ventanas de la oficina. Aguanté vara. Ni pedo. Así fue mi primer día de MP. El segundo fui asignado a investigar la aparición de 12 cadáveres en un rancho allá por el rastro, a la salida de la ciudad, en el que también habían encontrado droga. No tenían señas de haberse muerto violentamente. Estaban acomodados alrededor de un niño como de unos tres o cuatro años. El niño no estaba muerto, sino dormido. El anciano que cuidaba el rancho, el mismo que llamó a la policía, no se animó a levantarlo de ahí ya que entre los cuerpos y el niño había velas y manchas de sangre. El ruco estaba asustado. Yo también: en las paredes había dibujos como de cabras pero con forma de personas. A pesar de la sangre, te digo que los cadáveres no se veían ni mutilados ni cortados. El ruco me dijo que su patrón, un mafiosillo que estaba en la cárcel, le había mandado decir que aquí se iba a construir una iglesia. Entonces empezó a ser frecuentado ciertas noches por esta gente que ahora estaba muerta. ¿Qué tipo de misa celebraban por aquí? Pos sabe, Lic. Al niño lo llevaron al hospital para hacerle sus chequeos. Fui a ver cómo estaba antes de que terminaran mis 48 horas, a pesar de que estaba bien pinche cansado. Tardé en agarrar la onda cuando las enfermeras, bien asustadas, me pidieron que llamara a más policías: el morrito había desaparecido. Ni los guardias, ni los doctores, ni las enfermeras habían visto por dónde se había salido o quién se lo había robado. Mi turno terminaba en una rato: ya no era mi asunto. Hablé con mi relevo para que se adelantara. Yo me fui al cantón. Ya no supe qué pedo. Esa noche creo que soñé con el morrito. No recuerdo exactamente qué, pero de que lo soñé, lo soñé.”

II. Al igual que la relación entre religión y droga en México, que puede rastrearse a los rituales prehispánicos, la relación entre narcotráfico y religión se origina en la psique profunda mexicana. El narco fue durante décadas benefactor de la Iglesia Católica. El sentimiento de culpa arraigado en generaciones delincuenciales del pasado, aunado a la otrora hegemonía autoritaria del Dios-Padre cristiano, permitió que el narco aprendiera a resolver su posición ante la divinidad de manera sencilla: aseguró con diezmos millonarios su entrada al paraíso. De la rebelión al sometimiento divino, del mensaje de amor al mensaje de muerte, el narco se supo comprar el perdón de Dios a través de la limosna.

Sin embargo, el escenario actual es otro. La cosmovisión y el escenario político se han resquebrajado. También el crimen organizado ha sufrido el desmoronamiento de sus jerarquías hegemónicas: las organizaciones familiares, así como la arquitectura vertical de las estructuras delincuenciales tradicionales (cárteles, alianzas) han sido sustituidas por estructuras rizomáticas, esto significa que no hay uno, sino muchos centros de poder al interior de organizaciones cada vez más virales, los cuales frecuentemente pugnan entre sí. Esto está en perfecta concordancia con el hundimiento y fracaso de los antiguos paradigmas políticos (presidencialismo, dedazos, compradazgos) que antes gestionaban simbólicamente los modos de operar del narco.

Esta orfandad ha vuelto inoperante a la Iglesia Católica ante el crimen organizado contemporáneo (de ahí que las altas jerarquías eclesiásticas hayan comenzado a condenar ejecuciones y secuestros). La necesidad de omnipotencia, aún presente en el delirio de buena parte de los miembros de la mafia, exige recuperar los arcaicos poderes de la afectividad profunda: el mundo espiritual, lo inexplicable, lo desconocido.

De ahí que entre los eslabones más bajos del crimen organizado sean frecuentes los rituales demoniacos o la adoración a la Santa Muerte. El sicario se entrega a una pérdida de individualidad para insertarse en un todo que lo supera. Es el demonio oscuro el que jala la sierra detrás del decapitado. El sicario mata y a la vez se lanza sin condiciones a la muerte pues, al entregarse a su fe ya está “del otro lado”.

Es este apego a la religiosidad la que ha vuelto más cruentas las ejecuciones. Hay algo de Guerra Santa en la Guerra contra el Narco. La espiral de violencia que aparentemente atenta contra la moral judeocristiana es, en el fondo, una reiteración de las formas en que la carne es sacrificada por una causa mayor, cual crucificado. Pero no es la religiosidad moderna, politizada y empeñada en adaptarse al conocimiento científico, sino la concepción teísta más primaria la que alimenta el imago general mexicano; uno en el que aún late simultáneamente lo mágico y lo moderno.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/i-de-iglesia

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:15 pm

J DE "JUÁREZ"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Juárez.


I. “Juárez fue la última parada de una gira con el grupo en que chambié ese verano. O sea que su acordeonista se había enfermado. Yo creo que sí, el bato se había enfermado, pero de miedo a que lo quebraran. El güey estaba metido de malandro (siempre andaba armado) y seguro pensó que corría riesgo yéndose para aquella zona. A mí me valió madre y decidí quedarme una noche más agarrando la peda con una morrita, una vieja bien buena que conocí en el toquín. No me acuerdo ni cómo se llamaba, pero era una edecán que estaba trabajando en el evento. Cuando terminamos de tocar pasó con sus compas edecanes atrás para sacarse una foto con nosotros. Les dije, Morras: ¿a dónde será bueno caerle de aquí pa’ seguir echando desmadre? Y luego les ofrecí una chela. Mi morrita de volada me invitó a irme con ellas dizque a un antrillo. Nadie de la banda me acompañó, ya que todos se iban a regresar en autobús. Cuando llegué de la mano de la vieja me di cuenta que no habíamos caído a un bar o discoteca, sino a una casa. Las viejas todavía iban vestidas en minifalda de la Tecate y bien cargadas de maquillaje, o sea que no se habían quitado el uniforme. Me dijeron que a su “amigo”, el dueño del cantón, le gustaba verlas así. Pues quién sabe quién sería ese güey porque el cantón era una pinche casota bien grande, pero sin terminar. Estaba en obra negra y toda de adentro estaba iluminada por un chingo de velas. Un diyei estaba poniendo música electrónica. Me detengo un momento para aclarar que Juárez ya estaba súper caliente en ese tiempo, y aún así, pero por andar de caliente, dije Chingesumadre, vamos pa’ dentro. Tripié que toda la raza estaba súper morrita y hasta el culo de loquera. Todos los morritos estaban bien pinches tronados. Entonces me cayó el veinte de que las edecanes y sus compas, detrás del maquillaje, también tenían unos quince o dieciséis. Podría haberme abierto ahí, pero me siguió valiendo madre: estaba bien pedo y bien caliente. Subimos al segundo piso y ahí en el pasillo mi morrita sacó una bolsita de perico. Nos metimos unas puntas con la llave de su carro. Le pregunté que edad tenía. Se rió. Nos besamos. Luego volvió a tomarme de la mano y me metió a uno de los cuartos. Ahí estábamos fajando bien duro cuando entró un pinche cabrón gritando. Yo creo que era el dueño del cantón. Me llamó la atención que el bato era bien pinche amanerado y hasta risa me estaba dando, hasta que el güey sacó una fusca. Así de volada en cuanto la sacó me pegó un putazote en la nariz. Yo nomás vi el chorreadero de sangre y me salí corriendo. La neta ni volteé para atrás. Corrí hasta afuera. La neta no sé si el bato tenía guarros o no, pero nadie me detuvo. Ya había pasado unas tres cuadras cuando me detuve y escondí detrás de un carro. Ahí me quedé en lo que me quitaba el saco manchado de sangre y me limpiaba la nariz. Entonces escuché un disparo. Luego otro. Supuse que eran de la pistola del bato ese.”

II. El cártel de Juárez, como ningún otro, es paradigma del narcotráfico mexicano moderno: patriarcal, misógino y simultáneamente global y postindustrializado. La relación del crimen organizado con los feminicidios locales prueba las dos primeras características; su relación histórica con la economía global (Amado Carrillo, fundador del cártel, es considerado pionero del tráfico de cocaína a escala masiva) prueba la tercera y cuarta.

No es casualidad que el número de muertes violentas se haya incrementado vertiginosamente en la ciudad desde 1994, cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio. Fue en ese momento cuando también proliferó el establecimiento de maquiladoras en la frontera con Estados Unidos. La maquiladora y sus características (explotación de los trabajadores, mano de obra barata y exención de impuestos a empresas transnacionales) ejemplifica perfectamente las relaciones entre países en el escenario turbo-capitalista, que también es el marco de todos los tráficos ilegales operados por el crimen organizado. Durante los años 2008, 2009 y 2010 Juárez resultó ser la ciudad más violenta del mundo, de acuerdo a un estudio publicado por el Confederación Patronal de la República Mexicana, Coparmex.

Más de la mitad de los empleados de maquilas son mujeres de entre 16 a 25 años, aunque las hay hasta de 12 a 35 años. Desde la perspectiva industrial moderna, la mujer posee mejor habilidad para el ensamblaje, así como mayor tolerancia a condiciones de trabajo miserables. Sin embargo, este tipo de explotación, lejos de invertir los roles de la familia tradicional mexicana (e. la mujer, al trabajar fuera de casa, se convierte en el principal proveedor) los recrudece. Las jerarquías patriarcales del ámbito doméstico se adaptan al ámbito laboral, imponiendo nuevos dispositivos de control tras lo que el mundo corporativo denomina “femineidad productiva”. Estos van de la opresiva disciplina laboral a la erotización de las relaciones entre ensambladoras y supervisores. A eso hay que sumar que las figuras patriarcales convencionales (e. las autoridades gubernamentales) miran con desconfianza los ánimos de independencia y modernización de estas mujeres. Una suerte de pulsión misógina colectiva reacciona de manera hiperviolenta a este reacomodo de género: unas 400 mujeres fueron brutalmente asesinadas de 1994 al 2008 ante la complicidad del Estado y el crimen organizado; otras 700 hasta el 2011. Muchas de estas mujeres fueron encontradas a diferentes alturas del Eje Vial Juan Gabriel, uno de los más transitados. El narcotráfico, fenómeno integral de los mercados globales, ha comprado las policías juarenses. Como resultado, estos y otros crímenes han quedado impunes.

De tres mil 100 ejecuciones ocurridas en 2010, la ciudad registró en 2012 menos de 800. Sin embargo, la relación entre economía, violencia y patriarcado sigue revelándose cruda. Y abarca desde la estructura de su cártel, aún liderada por un miembro del clan Carrillo Fuentes, hasta el sometimiento que sigue perpetuando la industria maquiladora y la impunidad sobre la mayoría de asesinatos ejecutados en Juárez desde mediados de los noventa.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/j-de-juarez

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:17 pm

K DE "KILO"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Kilo.


I. “La rutina empieza al vaciar parte de la bolsita sobre uno de los ejemplares de la revista que suelo leer cada que voy al baño, inmediatamente después de inhalar una o dos rayas. No es cierto: la rutina empieza desde que me llevan la mercancía a la oficina. A partir de que se va mi valedor y empiezo a imaginar que le daré a probar de esto a una o dos gatas que trabajan para mí (empiezan diciendo que nunca la han probado, las muy hipócritas). Hay una relación clarísima entre inhalar esto y la cachondería. A mí me pone calientísimo, a pesar de que con el perico no se te para a menos que uses Viagra. Y aún así está cabrón porque corres el riesgo de acelerar la sangre y provocarte un infarto. La rutina incluye romper la piedra con el costado de una tarjeta de crédito, que luego utilizo para machacar esto lo más que se pueda. El polvo queda finito, para que su entrada por mi nariz sea suave. Peladito. La rutina aumenta de velocidad en otras horas del día. Otra cosa que cambia, aparte de las viejas, es la manera de romper la piedra. En mi casa usaba una navaja. Una vez me di dos puntitas con la esquina de la navaja, como si fueran puntas de una llave, y luego me metí dos rayas; a la segunda me di cuenta que estaba goteando un líquido oscuro y tibio sobre la revista. Cuando llegué al baño tenía toda la boca asquerosamente llena de sangre y polvo blanco. Parece que no, pero este tipo de cosas sí me hacen sentir mal. Hacen que me repudie a mí mismo, como buen católico que soy: que me sienta de la &%(*&%, así como me siento al día siguiente de los atasques, todo pinche crudo y gastado y viejo y enfermo, aunque después, al pensar en la cantidad de cabrones que hacen lo mismo que yo y tienen vidas bastante exitosas, me digo No mames, no pasa nada. Diviértete. Diviértete como la vez que te dio hueva salir un viernes en la noche y decidiste hacer una fiestecita en tu casa. Invitaste a un amigo. Nomás a un cabrón hombre. Y a un chingo de viejas de la televisora, que como todas las que trabajan en esteputero, son cabronas. Seis viejas fueron. Una de ellas tomó una de las bolsas que había comprado de perico y cocinó todo su interior. Al ratito estábamos todos encuerados, fumando crack de una puta lata de soda vacía. Parecía que nunca me iba a venir adentro de estas viejas. Primero adentro delas nalgas de una, luego las de otra. Y mi compa tirado en el suelo, mal, mientras le chupaban una &%(*&% flácida dos viejas enrabiadas, casi temblando de la pinche excitación. Procuraba estar en todo, pero a los minutos ya me perdía y nomás apretaba un chingolos dientes y empujaba muy duro las caderas. Quería golpearlas a todas, también darle sus putazos al pinche joto que ya estaba ahogado en mi piso. Y tampoco quería terminar.”

II. Un kilo de hojas de coca cuesta más o menos un dólar con 30 centavos en las selvas de Colombia, Perú y Bolivia. Un kilo de sales o cristales de clorhidrato puro de cocaína requiere de entre 350 y 400 kilos de estas hojas para su extracción. Sobre el precio bruto, que sería de unos 500 dólares, el mercado contempla un costo de producción la mayoría de las veces realizado en las inmediaciones del plantío.

Este proceso comienza con la elaboración de pasta de cocaína (dos kilos y medio por esos 400 de hoja), mediante la mezcla y trituración de la coca con queroseno, ácido sulfúrico y cal, entre otros ingredientes. A la pasta se le agrega acetona y, luego de reposar la solución, se le añade amoniaco y distintos componentes. El compuesto se filtra, lava con agua y seca, convirtiéndose en cocaína base bruta. Disuelta en éter, vuelta a filtrar y mezclada con ácido clorhídrico y demás, se obtiene finalmente un kilo de clorhidrato de cocaína.

Este kilo cuesta entre dos mil y cuatro mil dólares al interior de las fronteras donde se produjo. Luego de exportarse y pasar por filtros de policiacos internacionales, así como diferentes “cortes” en la sustancia multiplica su cantidad —y por ende su valor—, ese mismo kilo de dos mil o tres mil, incluso de hasta cinco o siete mil dólares en los puertos de embarque de Callao o Buenaventura, o en las pistas de despegue en Ureña o Santa Cruz, puede costar 27 mil dólares en el mercado mayorista en Nueva York y hasta 200 mil en el de Sidney. Al menudeo, el precio de un “eightball” (un octavo de onza) es de entre 90 y 200 dólares, dependiendo de la ciudad. Conforme la cocaína pasa de un intermediario a otro, su pureza disminuye.

Según informes de la policía de Colombia, su país exporta cargamentos de cocaína 85 por ciento pura. A nivel menudeo, un díler más o menos bueno en Estados Unidos vende cocaína 60 por ciento pura. Sin embargo, decomisos policiacos en todo el mundo, fuera de los países productores, han hallado cocaína de hasta 75 por ciento de pureza, así como de apenas 30.

Es probable que la mayoría de los consumidores recreativos y tóxicodependientes estén acostumbrados por igual a una mezcla variopinta de talco, lidocaína, anfetamina y hasta maicena; los porcentajes de mezcla varían.

A mayor poder adquisitivo del cliente, mayor el porcentaje de cocaína en cada dosis, como sucede en los envoltorios que circulan entre la élite empresarial y, por razones obvias, en la industria del entretenimiento: la cocaína es una droga que optimiza simultáneamente la eficiencia laboral en jornadas de trabajo largas y la autoestima en círculos en donde las relaciones públicas son predominantes; mantiene, pues, a raya el consumo compulsivo de alcohol originado por la ansiedad que generan estos contextos.

La cocaína, al igual que la metanfetamina, es el estimulante por excelencia del turbocapitalismo. Reproduce los arquetipos del "amo" y del "esclavo", optimizando en unos casos la toma riesgosa de decisiones, en otros el trabajo mecánico. Somete tras crear un efecto de control: compensa químicamente el beber alcohol de manera compulsiva y anestesia (más que la nariz o la garganta) nuestra ansiedad en contextos hostiles típicos de la época (contextos de competitividad, contextos en los que corremos el riesgo de sentirnos "menos" o agredidos). En el fondo sujeta al consumidor a jerarquías de poder simuladas. Simuladas porque abisman la distancia entre el tóxico-dependiente (casi siempre desgastado física, emocional y económicamente) y un mercado monstruoso de ganancias.

La ganancia final, de la selva a la calle, es de más de cien mil dólares por kilo. Reportes de Naciones Unidas señalan que el valor de mercado mundial de la cocaína es de 38 mil millones de dólares. Una parte de ese dinero termina integrándose a los mercados legales, otra sostiene el aparato de corrupción transnacional entre países productores, consumidores y de trasiego. Siete mil millones de esos 38 son la ganancia anual neta, libre de cualquier impuesto o gravamen, del contingente neoempresarial que controla 95 por ciento de todo ese mercado: los cárteles mexicanos, encabezados por el de Sinaloa.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/k-de-kilo

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:19 pm

L DE "LEVANTÓN"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Levantón.


I. “He estado deprimida desde antes de que me levantaran; mi estabilidad, el sentirme más o menos bien, depende de antidepresivos desde niña. La gente cree que me vino por el secuestro, pero no: desde antes, desde la época en que estuvo más violenta la ciudad, desde que vivía con tus tíos en la colonia pudiente, esa donde había ejecutados todos los días. En las noches me daba terror escuchar tanto balazo, no dormía y toda la noche me la pasaba mirando el cerro (yo creo que esperando ver un muerto). Una madrugada vi unas luces que salían de la loma, cinco luces que daban vueltas y se detenían a unos tres metros del nivel del piso; parecía que las luces estaban mirando hacia mí y después de un rato se iban. Seguí viendo las luces varias noches, le conté a tus tíos (les conté muchas veces) y siempre me tiraron a loca; era la época, también, en la que ellos se la llevaban de pleito. Una noche las luces se posaron cerca de la casa. Vi que tenían forma de platillos voladores. De la luz de en medio salió una cosa con forma de humano. Se acercó hasta la ventana. La cosa esa era cabezona y con unos ojos bien grandes. Verás cómo tenía miedo. Salté de la cama, aferrada a mi almohada y a mis cobijas. Corrí al cuarto de tus tíos. Les grité para que se despertaran, los moví, pero nada. Era como si estuvieran muertos. Me acurruqué a los pies de su cama. Me tapé toda con la almohada y mi cobija. Sentí que la cosa esa ya se había metido a mi cuarto. Sentí que estaba ahí. Vi la puerta del cuarto de tus tíos abrirse despacito. Y vi que estaba ahí la cosa esa. De repente no me pude mover. No podía gritar. Me quedé toda tiesa. La cosa se acercó y me desmayé o algo, porque no me acuerdo qué pasó después. No me acuerdo de nada, hasta lo que pasó al siguiente día. Amanecí en mi cama, sudando y triste. Es la primera vez que sentí ganas de morirme. Desde entonces estoy deprimida. Tus tíos siempre han pensado que estoy loca. Después de que se divorciaron, tu tío me llevó al psiquiatra y desde entonces tomo antidepresivos. No puedo dejar de tomarlos. Cuando me levantaron y me tenían en esa bodega cochina, le dije a los hombres que necesitaba medicamento. Al principio no me creyeron, hasta que me escucharon gritar y patalear. Se asustaron: dijeron qué trae esta vieja loca, yo creo, luego me vieron llorar y les conté que estaba enferma. Yo creo que por eso no me mataron. A quien querían matar era a tu tío, sabe. A mí al final no me hicieron nada. Ni cobraron rescate.”


II. El levantón es abducción; es decir, extracción del firmamento cotidiano de la víctima que lo desplaza a una realidad más bien trascendental. El secuestro del narco es más que modo de financiamiento veloz durante las crisis de armas o mercancía, es una operación de venganza entre grupos enemigos con sesgo moralista: secuestro que termina en ejecución debido a la traición de un miembro del propio organismo —o autoridad en su nómina— en base a un código de valores presuntamente universal.

En un levantón, el cuerpo de la víctima retuerce las leyes del mercado para señalar en él las faltas de la contra. Si bien el narcotráfico contempla el secuestro en el horizonte capitalista (un horizonte en el que se disipa cualquier frontera ética y se elimina cualquier tipo de integridad humana en aras del lucro por sí mismo), su fin es expiatorio.

Para una guerrilla de izquierda al secuestro es una “retención” que tiene como fin de expropiar bienes para el provecho colectivo “justo”. Para el narcotráfico mexicano esta mercantilización del cuerpo humano precisa una relación más subjetiva con el secuestrado: la víctima permanece sujeto en cuanto a que se establece con él un diálogo de reclamos. En la mayoría de videos en los que el cártel publica entrevistas con sus secuestrados, víctimas y victimarios anticipan la inminente ejecución enumerando los males cometidos para merecer la muerte: en un video subido a internet, www.mund0narco.com miembros del cártel de Sinaloa advierten a los “jóvenes” que no traicionen por unos cuantos dólares (“decapitan con una sierra a sicarios del Chapo Guzmán”), mientras que en otro, Zetas ejecutan a familiares de operadores del cártel del Golfo después de una suerte de juicio oral en el que enumeran sobre todo sus faltas morales: traición, abusos, traición a los acuerdos (Zetas degollan—sic—a dos mujeres y un hombre del CDG). En el primero son la víctimas quienes enumeran sus pecados, en el segundo son los victimarios. Unos y otros se unen a una o más faltas que precisan redimirse; el secuestro se presenta, pues, como oportunidad de inmolación ante la necesidad de someter nuestra humanidad y sus deslices mundanos.

A diferencia de la mercantilización del sujeto en el horizonte ideológico de la guerrilla, el narco no contempla al ser humano como un medio puro de extorsión o embargo de bienes; para el narco el levantón posee un sesgo de castigo: el verdugo es el ejecutor de las expiaciones del cártel, una Santa Inquisición en el que traidores y enemigos son ajusticiados en aras de una moral regida paradójicamente por un régimen económico.

En este sentido, el levantón también es un dispositivo meta moderno, un más allá barroco en el que las leyes del mercado se retuercen para reinterpretar el paradigma capitalista y convertirlo en fervor sentencioso. El cuerpo es objeto, pero objeto de martirio, objeto expiado, sacrificio.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/l-de-levanton

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:21 pm

M DE "MANGUERA"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna


I. “Estábamos acostados y encuerados cuando ella luego sacaba eso de que En tiempos de la Biblia —¡la morra!— esa cicatriz que traes en la frente significaría que no eres un batillo de fiar. ¿Tiempos de la Biblia? Orita-te-doy-tus-tiempos-de-la-Biblia-chingada-vieja-frentuda, y le daba ora’ sí que sus vergazos, pero literalmente: o sea le daba unos golpecitos bien suavecitos con la cabeza del pito en la frente haciéndole la señal de la Cruz. Según yo la bautizaba. Hasta que en una de esas —ya bien pegadote— le dije que la cicatriz de la frente me la había hecho un bato con la culata de un cuerno de chivo: Tipo que estaba echándome unos tacos después de dar de rol con unos compas, luego de reunirme con ellos y el resto de la plebe que había ido a la misma primaria y secundaria que yo; era una reunión del colegio, advertí a mi morra, años después de que cada quien había agarrado su camino. Seguí con que Estábamos Fulano, Mengano y Zángano en los tacos aquellos, los que la raza decía que estaban bien malandros porque siempre caía puro dizque narco; pues los batos con los que iba —y esto sí es verdad— eran batos bien fresas: racilla de la primaria y de la secundaria que yo había dejado de ver cuando me cambié a la prepa federal y que, por lo mismo, no sabía ni qué pedo con sus vidas; taqueando estábamos, algunos vomitando, cuando llegan unas cinco o seis camionetas negras blindadas de las que bajaron chingomadral de cabrones vestidos de negro, encapuchados, empercherados, armados hasta los putos dientes y con las fuscas apuntándonos. Hasta este punto mi ruca seguía bien entrada oyéndome: que No me asustes y que Mejor hazme el bautizo y la chingada; y yo bien entrado en el pinche cuento y también encuerado, ya hasta el culo de pedo, siguiéndole machín. El comando nos tumbó a todos al suelo: Quién de ustedes es Fulano, y nadie contestaba al principio; que Quién de ustedes es Fulano, dos, cuatro, seis veces hasta que Fulano dice Yo, y que le dicen A chingar a su madre, Culero, y que lo agarran del cuello y lo arrastran del piso hacia una de las camionetas; están por levantarlo cuando de repente grito Qué pedo, putos, lo que quieran con mi compa, conmigo. Todos voltearon: ¿Ah, sí? Pues \"%/($\"?, que me sueltan un putazo en la frente con una de las metralletas, la culata estrellada aquí mero y yo todo bañado en sangre. ¿Y no te mataron?, pregunta mi ruca a punto de llorar. Pues no: o sea que el malandro me seguía apuntando bien cabrón, hasta que le dije Si me matas, me vas a matar de pie; y en cuanto me paré, el bato se medio alivianó; me di la vuelta y comencé a caminar y de espalda nunca disparó. La morra: ¿Y tu compa? ¿Qué le pasó? La neta ya ni supe, le dije. La neta quien ya no supo fue ella que mi cuento era puro chorizo: la razón de mi cicatriz en la frente es que la vez que fui a cenar tacos con aquellos cabrones andaba tan pedo que comencé a decir pendejadas en voz alta, así de que Yo soy hijo de mentado capo, Yo soy sobrino de mentado otro capo: nada cierto, pendejadas de esas nomás por pedo. Cuando en una de esas me paré a tomar un rábano de una platón que estaba en la barra del taquero, un bato que estaba sentado en la mesa de al lado y que me había oído, sacó una fusca y me soltó un putazo con la cacha de su pistola miada. Me dijo Deje de manguerear, culero.”

II. Manguera es el mote con el que la jerigonza norteña apoda a buchones wannabe que bajo el influjo del alcohol o del perico aseguran ser quien no son; generalmente hijo o pariente de un narco, e incluso empleado directo y/o asistente de un capo. Para ello mencionan nombres de policías o pistoleros que ya pertenecen al imaginario colectivo de la región. Intercalan desplantes de ingenio buchón (usar términos como “fierro”, “al cien”, “como hueso”) conversando con otros mangueras en código, generalmente una combinación entre el “código mil” de la policía mexicana y aquel usado por la facción del crimen organizado con el que quiere ser relacionado (con apodos como El Doctor, El Ingeniero, El Komander et al).

El manguera, al echar mano del imaginario colectivo, cumple dos condiciones sociales del fenómeno narco: la perpetuación del mito y el sometimiento a la jerarquía paternalista de las estructuras populares del crimen organizado. El manguera, en lugar de poder alegar que es él mismo es un capo (lo podría, pues finalmente se trata de una falacia), se pone en el lugar del mando menor al servicio de éste. El miedo subyace bajo su articulación, el miedo al presunto líder y no la idolatría a éste es, por ejemplo, lo que los lleva a corear corridos “alterados”. Sobre decir que el manguera termina ejecutado por las mismas razones que un bocón es silenciado; la muerte del manguera, sin embargo, se vuelve necesaria puesto que representa el acto sacrificial que inmortaliza no al mismo manguera, sino al discurso del amo.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/m-de-manguera

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:25 pm

N DE "NÓMINA"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Nómina.


I. “Por el tipo de reo que era, mi cliente tenía un chingo de restricciones en el penal. No sólo era un reo federal de alta peligrosidad, sino que su aprehensión representaba un capital político de la más alta importancia. Una persona entre que funcionario y miembro de nuestra organización me puso en contacto con un bato que supuestamente podía alivianar a mi cliente. Sin saber quién era —en estos casos uno nunca pregunta demasiadas cosas para no meterse en pedos— me comuniqué con él y me citó en un restaurante en la zona más mamona de la capital. Había reservación a nombre de esta persona, así que cuando llegamos al lugar, el capitán de meseros o el gerente o el socio o el dueño… la verdad que no sé quién chingados era, pero un viejo guango ahí medio faramalloso nos recibió personalmente: Señor, por favor pase usted hacia nuestro privado. El ruco nos condujo a mí y a las dos personas que me acompañaban al fondo. Nomás nos sentamos el viejo cerró el área con unas cortinas gruesas de terciopelo oscuro, muy mamón el pedo. Bueno, pues al minuto llegó el bato que habíamos contactado; un bato muy elegante: sus zapatos italianos, su traje inglés, mancuernillas de plata, corbata chingona… con una presentación impecable. Y muy serio el güey. Nos saludamos de mano, que Licenciado, mucho gusto; el bato sin mayor preámbulo fue al grano: ¿Qué es lo que quiere su cliente, Lic? Pues el señor quiere tres cosas: una Biblia, un reloj de mano (un reloj cualquiera, de esos baratos, nomás para llevar la hora) y quiere que se le permita tener semanalmente visita conyugal. Está bien, dice el bato; lo dijo de volada, muy quitado de la pena. Aclaró que nos iba a costar un millón de dólares; Sin bronca, respondí. Tratándose de mi cliente, creí pertinente preguntarle cómo me garantizaba que podría cumplir estas tres peticiones. Mire, Lic: después de que usted me haga entrega del dinero, me advirtió, jamás volverá a saber de mí; entonces sacó su teléfono, habló dos o tres cosas con quien supuse era su jefe y me dijo Listo: su cliente ya tiene Biblia y reloj. Pedí a uno de mis acompañantes que radiara a la escolta que nos esperaba afuera del restaurante para que sacara de la camioneta un maletín con la mitad del dinero que pedía. Le dimos al bato el maletín y quedamos en que entregaríamos el resto después de que mi cliente recibiera su primera visita conyugal. Al siguiente día sería el pedo, aprovechando que yo tenía audiencia, así que acordamos volver a vernos, por última vez, en un par de días. Llegué al penal con la esposa de mi cliente; no voy a explicar el proceso para entrar a un penal federal, pero es un desmadre. A la primera aduana pregunté a los guardias si de casualidad hoy había quebrada de visita conyugal; haciéndome pendejo, pues. Pues que Su cliente no la tiene permitida; ellos lo sabían, yo ya lo sabía. ¿Por qué no revisa por ahí entre sus papeles si ve un cambio de política? No hay cambio, sostuvo. ¿Podría confirmar ese dato? En lo que el bato hacía una llamada, por dentro me dije Ya nos chingó aquel bato. Pues cuál va siendo la sorpresa —yo creo que más del mismo guardia— que efectivamente había visita conyugal ese mismo día. La señora pudo entrar sin pedos, yo la esperé afuera. Vi a mi cliente horas más tarde en la audiencia; el señor estaba muy contento y lo único que dijo al respecto fue Gracias, Lic. Para no hacer el cuento largo, al siguiente día se le entregó el resto de la feria a aquella persona. Antes de despedirme le pregunté que, con todo respeto, quién chingados era; o sea: cuál era su pedo en este mitote. Pues que Soy el asistente personal de la Primera Dama, dijo el bato. Ni qué decir.”

II. “Nómina” es el término que, de manera similar que en el ámbito empresarial, el crimen organizado utiliza para referirse a la red de pagos tácticos a sus empleados. El concepto es irónico, sin dejar de ser acertado, pues por “empleados” el narco se refiere a funcionarios de gobierno. La nómina se integra por policías, alcaldes, comandantes, gobernadores, jueces, secretarios de gobierno e incluso presidentes; esta estructura de sobornos sistemáticos es el núcleo y origen de la gobernabilidad mediocre y pusilánime que ejerce actualmente el Estado mexicano. A pesar de que lo anterior no siempre se ha comprobado de manera judicial, los modos en que opera el delito (no sólo el del narcotráfico, sino el del tráfico ilegal en general) en la economía nacional y los mercados globales, revelan un aparato de corrupción alimentado por todos los niveles de gobierno.

La delincuencia organizada mexicana, con tentáculos económicos y sociales transnacionales, se constituye por una red urdida entre miembros de la sociedad civil y enormes partes de la iniciativa privada legalmente constituida; sin embargo, es gracias a la participación del Estado que puede desplazarse de la supuesta oscuridad de los mercados ilegales a la legitimación que le otorga la economía formal. No es la incapacidad de los gobiernos la que permite a la empresa un nivel de operatividad sobradamente holgado, sino la cooperación entre los mismos. Medidas operativas contempladas en convenciones contra la delincuencia organizada transnacional y la corrupción han sido ignoradas deliberadamente para permitir que esta nómina fluya y, sobre todo, para amamantar la inmunidad de funcionarios curtidos en traficar con influencias, malversar fondos y financiar sus empresas políticas con dinero del narco.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/n-de-nomina

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:30 pm

Ñ DE "ÑETAS"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Gabriel Escalante (testimonio e ilustración) y Juan Carlos Reyna (ensayo)

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Ñeta.


I. “Mi amigo se encontraba en la casa de sus abuelos en la playa, lugar en donde su familia religiosamente se juntaba cada año a celebrar las navidades. También, siempre era un buen pretexto viajar allá para atender ‘juntas’ con prostitutas que duraban una semana al lado de su padre, o para estar durante largas sesiones de spa con su madre. Por entonces llegó uno de sus tíos favoritos, uno de los pocos que le impedían aflorar su personalidad infantiloide. Éste lo invito a jugar un partido de tenis en el club. Desde hace años, en su familia es una suerte de honor personal ganarle a los tíos y papás en el juego. Calentaron con intensidad, y después de algunos reveses empezaron a soltar los brazos en pocos minutos. Normal: un juego en donde se marca todo y duele ir perdiendo por dos juegos. Como es común en los clubes sociales de alcurnia, los miembros juegan entre sí mientras discuten algún arreglo, negocio, licitación, contrato, o cualquier devenir jurídico y empresarial. Se van cambiando de canchas y van jugando todos entre los que están. Saúl llevaba ya un rato perdiendo contra su tío, que aún conserva un buen golpe y un colmillo para el juego a pesar de sus casi sesenta primaveras. En un momento, los invitan a jugar “dobles” un hombre chaparro que se acompañaba en el juego por un tipo más viejo. Aceptan. Aún haciendo pareja con su tío, mi amigo siguió perdiendo; caliente de estar de nuevo en desventaja, comienza a maldecir su falta de concentración; de pronto, observa que la pelota dirigirse a él suavecita. El hombre chaparro estaba en la mira de su raqueta. A pesar de la fuerza del impacto, la pelota nomás pudo rozar el short del hombre chaparro. Éste último se rió, mirando fijamente a mi amigo: Tranquilo chavo, le dijo acercándose a la red, ¿Con quién crees que estas jugando? Luego se fue, cambiándose a otra cancha junto a su acompañante. El tío se acerco apresuradamente a mi amigo: No mames, cómo eres puñetas. ¿Por qué? ¿Quién era? El Chueco, le contestó el tío. ¿Quién? El Gobernador, pendejo. ¿Por que le dicen así?, replicó todo atolondrado. ¿Quieres ir a darle otro pelotazo y preguntarle?”

II. Ñetas es el diminutivo de puñetas, que es como popularmente se le denomina a quien ha propasado los límites sobrentendidos al interior de una jerarquía, ya sea por ignorancia como por estupidez. Esta transgresión, cuando no es por ignorancia, puede interpretarse como deslealtad: el robo de mercancía, el coqueteo a la mujer del patrón, la toma de decisiones sin el consentimiento de un superior, la ejecución de un objetivo equivocado, la anteposición del interés propio al interés de la organización o simplemente la mera ingratitud.

Este acto de negligencia comparte con la traición la necesidad de dar al infractor un castigo ejemplar para así restituir la estructura de poder. Este castigo, una suerte de contrainsurgencia, no sólo fortalece la organización, sino que centraliza cualquier intento por crear una pequeña empresa paralela al mercado controlado por un capo. El ñetismo, sin embargo, ha florecido desde que se resquebrajaron los cárteles gestionados por el Estado. La alternancia de partidos en el poder en México a finales del siglo XX y la posterior disputa por las plazas tradicionalmente repartidas, llevó a un incremento de aprehensiones y ejecuciones de líderes de la mafia, especialmente en los sexenios de Fox y Calderón. Ello permitió que mandos medios, e incluso mandos de sicarios, crearan células independientes que recrudecieron estas disputas hasta llevar el arquetipo del puñetas a jefe de algunas organizaciones, especialmente en el norte del país.

De ser el ñetismo un “estado de excepción”, se convirtió en norma. Y no sólo al interior de los cárteles: también entre funcionarios de gobierno hubo y ha habido desobediencias ante las jerarquías propias de la política nacional. Sólo así se podría explicar la aprehensión y hundimiento mediático de algunos gobernadores (Narciso Agúndez, de Baja California Sur; Pablo Salazar, de Chiapas, y Mario Villanueva, de Quintana Roo, éste último el más inmiscuido con el narco) en comparación a la impunidad de otros (Andrés Granier, de Tabasco; Juan Sabines, de Chiapas; Humberto Moreira, de Coahuila; Tomás Yarrington, de Tamaulipas; Mario Marín, de Puebla; Ulises Ruiz, de Oaxaca, y Patricio Patrón, de Yucatán, entre muchos otros). La represión al ñetismo en aras de la restitución del poder presidencial tradicionalmente ejercido por el PRI, se ha vuelto aún más evidente con la detención por lavado de dinero de Elba Esther Gordillo, lideresa sindical intocable en los sexenios donde la figura del mandatario estaba más debilitada estaba, y ahora despanzurrada en el imaginario público con el regreso no sólo del PRI, sino de la ideología normativa y soberana del caciquismo caudillista encarnada en el presidente Peña Nieto.

Curioso que regresen las formas en que el poder se ha representado durante décadas, ahora que se hallan absolutamente repudiadas, en especial en la redes sociales. Política y narco son espejos de una misma crisis: la de la abolición del tabú del poder. No sólo es posible la caída de una lideresa sindical o la ejecución humillante de un capo como Arturo Beltrán Leyva, sino que se pierde las distinciones entre medios y fines. El ciclo intermitente (y quizá ad infinitum) entre el surgimiento de ñetas y su posterior represión, apunta hacia un nihilismo perpetuado desde el poder intrínseco a la fusión inevitable entre guerra y política. Así lo advertimos en el sexenio calderonista, así lo advertiremos en lo que resta del peñanietista.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/n-de-netas

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:37 pm

O DE "OPERATIVO"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración por Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Operativo.


I. “Seguido se me aparece el bato que entrevisté para la nota de las narcofosas. El bato participó en las dos matanzas a la fuerza, poquito después de que lo levantaron mientras viajaba en autobús. El ejército lo encontró en un rancho; estaba solo, amarrado y sin comida. Llevaba días así y en cuanto vio a los güachos se puso a llorar. Lo hicieron testigo colaborador de la Procuraduría. Así lo conocí. Al bato lo mataron dos semanas después de la publicación. Desde entonces el bato me visita durante la noche, siempre en el mismo sueño: estoy de morrito y voy en el carro con mis jefes, quieren llegar a la casa antes de que se haga noche. Por la ventana miro que está lloviendo muy cabrón y se ha formado una corriente que jala un chingo de cadáveres. Unos cadáveres se atoran en los postes de luz y forman una pila: los que están hasta abajo son grises y los que están hasta arriba son amarillos, pero todos tienen agujeros de diferentes tamaños por todo el cuerpo. Les sale agua de los agujeros. No todos los cadáveres están completos: algunos son pedazos de pierna, el puro torso o nomás la cabeza. Al llegar a la casa mi papá se sube a su cuarto y se encierra, ya no lo vuelvo a ver. Mi mamá me pide que no encienda la luz. Cierra la puerta de enfrente y me pide que baje las cortinas de toda la casa. No ha parado de llover. Al revisar la ventana de la sala miro al bato que entrevisté encuerado, corriendo en chinga. Lo viene siguiendo un grupo de albañiles vestidos con rompevientos. Cargan piedras, machetes y lanzas hechizas. Lo más pinche cabrón es que los albañiles parecen muertos en vida: unos están pálidos y otros amarillos, así que pueden haber salido de algunas de las pilas enormes de cadáveres. El bato que entrevisté se esconde como replegándose a una de las bardas del cantón. Azota la reja de afuera, grita pidiendo auxilio. Miro al güey cagarse de miedo desde la ventana: está jaloneando la reja y grita y la patea. Los albañiles están acercándose. El bato comienza a treparse por la reja. El bato se brinca y cae a la cochera. Así todo madreado me voltea a ver. Está llorando. Me da un chingo de miedo verlo así y subo corriendo. Desde la ventana de mi cuarto veo que los albañiles han llegado a los lotes baldíos de alrededor del cantón. Le toco a la puerta a mi jefe y no me abre. No sé si también mi jefa se encerró. Puta Qué Hago, me digo. El bato que entrevisté está golpeando la puerta. Bajo. Le abro y en chinga se mete. Se sube corriendo y se mete, no sé cómo, al cuarto de mis papás. Ahí me despierto.”

II. Operativo denomina el plan de inteligencia que una organización sigue para el cumplimiento de objetivos específicos a corto plazo. En la jerga militar y policiaca se refiere a la movilización de unidades para la aplicación de una estrategia que precisa casi siempre del uso de la fuerza. Con el paso de los años, la palabra ha terminado por aludir a tácticas de exterminio. Entre militares, como entre paramilitares mexicanos y miembros del crimen organizado, la palabra “operativo” sugiere casi siempre a la aniquilación sistemática de personas. Estas ejecuciones metódicas han vuelto norma lo que en otros tiempos se denominaba “estado de excepción”: pensemos en la frecuencia con la que aparecen narcofosas desde 2010, cuando se hallaron 236 cadáveres en ocho tumbas clandestinas en San Fernando, Tamaulipas. La militarización, así como la paramilitarización de muchas de las células del crimen organizado no sólo en Tamaulipas, sino también en estados como Veracruz y recientemente en Michoacán, han convertido al país en un campo de exterminio. La desaparición de segmentos enteros de población es ya en una realidad frecuente en México, como en otros países del mundo que simultáneamente están en vías de desarrollo e integrándose de manera vertiginosa a modelos económicos capitalistas cada vez más agresivos. Las formas actuales de tráfico legal e ilegal precisan de modelos de ejercicio de poder que resultan en el despojo de las condiciones humanas más básicas. Lo que Edward Luttwak y otros economistas contemporáneos han denominado “turbo-capitalismo” refiriéndose a los modelos incontrolados de economía actual, ha derivado en lo que Achille Mbembe define como “necropolítica”: un ejercicio de soberanía tal que son agentes internacionales los que deciden quién debe vivir y quién debe morir en un momento dado, atendiendo a criterios estrictamente económicos. El periodista Diego Osorno ha utilizado el término para describir las políticas de Estado mexicanas a partir del gobierno de Felipe Calderón; en sus investigaciones sobre el modo de operar de los Zetas, deja en claro la forma en que la “necropolítica” opera en México beneficiando a empresarios a través del combate al narcotráfico. La “Guerra contra el Narco”, tanto la calderonista como la que sigue emprendiendo Enrique Peña Nieto y la enorme mayoría de células del crimen organizado podría definirse como un compendio terrible de actos bélicos nomádicos que buscan afianzar recursos y territorios estratégicos para el tráfico de droga, personas, piratería, órganos, influencias, entre otros capitales, en función exclusiva del interés privado. Estos operativos han conseguido hacer de la población una mercancía desechable ante estos mercados. Se trata ya no de un entender biopolítico, en el que el ser humano encarna las formas del ejercicio de poder del Estado, sino de un entender necropolítico, en el que la vida se vuelve una baja colateral ante la inutilidad de cualquier resistencia, la inevitabilidad de todo sacrificio y la preponderancia absoluta del terror.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/o-de-operativo

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 25/3/2013, 12:42 pm

P DE "PERIODISTA"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Periodista.


I. “Lo levantaron en las afueras del edificio de Seguridad Pública Municipal. Permaneció desaparecido un mes, luego su cadáver fue encontrado envuelto en una cobija, en el fondo de un barranco de 40 metros de profundidad a mitad de la carretera. Sus colegas del diario donde trabajaba dicen que lo asesinaron por andar tras la pista de una banda de secuestradores y polleros; de acuerdo a los exámenes periciales que le fueron practicados, fue golpeado hasta la muerte. Esta es la única información con la que cuentan su ruca y sus cuatro morritos, quienes hasta el día de hoy no han tenido acceso al expediente ministerial. El bato fue secuestrado por un comando de cinco personas armadas frente a un grupo de policías municipales que se hicieron más bien pendejos. Para sus carnales, la ejecución del reportero está relacionada a las indagaciones que realizaba en torno al levantón de un vecino y compa; la ruca de éste último le habría entregado una lista de los posibles responsables. Jamás pidieron rescate.

El lugar donde encontraron el cadáver del reportero es el mismo donde se halló a un judicial ejecutado en las mismas condiciones; su muerte fue relacionada con grupos dedicados al tráfico de personas. Este bato había sido informante del reportero en otros casos relacionados a secuestros y polleros.

El bato era fundador de un diario morrito surgido de la fusión de otros dos periódicos, también morritos, creados por su jefe y carnales; en todas las publicaciones familiares el bato cubrió la fuente policiaca. Desde que empezó a jalar, el bato adquirió el mote de ‘El Escorpión’. El Escorpión: no sé porqué.

Un año después de su muerte, luego de la insistencia de la familia en esclarecer el asesinato, las autoridades estatales dieron un girón a la investigación y a todo el pedo: comenzaron a señalar a su ruca como la principal sospechosa. El argumento de los placas que aquella lo mandó asesinar para cobrar los seguros de vida ‘millonarios’ del bato. Todo esto luego de que la ruca, ante medios locales, aseguró conocer a los asesinos.”


II. El ejercicio del periodismo fuera de Ciudad de México padece dos formas de violencia: una la que encarnan amenazas y ejecuciones de reporteros por parte del crimen organizado, otra la que acarrea pertenecer a los márgenes de la concentración inmensa de poder que caracteriza al centro geográfico y simbólico del país. A diferencia de los cronistas consagrados que publican libros a destajo, acuden a foros internacionales de periodismo, publican textos que cotizan entre 600 y 1,200 dólares, los reporteros de estas provincias (no sólo las de los diarios independientes, sino también las del ejercicio del periodismo independiente en general) se parten en la madre a diario cubriendo sus fuentes sin el cobijo que dan los reflectores del prestigio internacional, sin la protección de los monopolios mediáticos y editoriales, sin el amparo de ninguna ley que proteja de manera real un trabajo que paga el equivalente a 600 dólares al mes. La inmensa mayoría de reporteros en México trabajan en estas condiciones, sin el capital simbólico que dan las bondades etéreas y cuasi-carismáticas de una carrera periodística cercana al poder. La tradición periodística latinoamericana deriva del ejercicio político de los antiguos cronistas de la Colonia, quienes fungían como ojos de la monarquía española. Herederos de esa proximidad, periodistas mexicanos construyeron durante décadas dos formas de ejercicio periodístico: la orgánica, sometida a los intereses del Estado; y la divergente, atrincherada en la denuncia. Con la alternancia lenta, supuesta y dolorosa de la democracia, así como la incursión del país en el modelo turbo-capitalista, el periodismo fue traspasado como un bien inherente a los tratados comerciales, de las formas de poder estatal a los poderes del mercado. La “autoridad moral”, fama, prestigio internacional, talento, habilidad, acceso a los círculos de poder, notoriedad y otras virtudes del periodista reputado no son más que formas en que el capital económico o cultural se conoce y reconoce, parafraseando a Bourdieu. Estas cualidades, aunque parecen concernir exclusivamente al periodista, existen en la medida en que las políticas del mercado las avala. Estas políticas reconocen, en especial, las formas en que mucho del periodismo sobre el narcotráfico construye mitos y estereotipos del poder, pero también idealiza a las víctimas del mismo. Es como si el capital de esta información fuera extraído del sufrimiento del otro, mientras la mirada, como los ojos del colonizador, permanece en una trinchera privilegiada. Al hacer de las víctimas del narco el objeto de nuestro estudio, corremos el riesgo de hacer de la muerte una curiosidad etnográfica y, por ende, del periodismo una sofisticada forma de exclusión. Los consorcios mediáticos, al reproducir los mecanismos en que el poder opera, reproducen también la desigualdad, la represión, el exterminio de segmentos población enteros. Esto sólo puede llamarse violencia institucionalizada.

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 6/4/2013, 12:39 pm

Q DE QUINTERO
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Quintero.



I. “Uno de los batos era el más cagapalos de la escuela, el otro el más cabrón para los putazos. El primero, no mames: hizo que la secundaria esa, fresa y pedorra, fuera un infierno para mí; me agarraba del cuello en el recreo y me estrellaba en la puerta del salón; en el patio, en la cafetería, en la cancha se la pasaba chingando la banana —la mía y la del resto—; nadie le decíamos nada por miedo a que con su compa se armaran los putazos. Un día me agarró a sopapos frente a la morra que me gustaba, la morra como que jipi, como que desmadrosona de la generación; qué chingados se iba fijar en mí, que era un nerdillo vale &%(*&%. La vieja la jugaba a estar ondeada, pero estaba bien buena y lo sabía. El bato bueno-pa-los-putazos una vez le preguntó si quería ser su novia y me agüité. Pero más me agüité cuando los sopapos de su compa; tanto que a partir de esa madre me les voltee, me agarré las bolas y luego del cuello del bato cagapalos; le apreté el pescuezo: Bájale de huevos, y el bato se asustó; Te pasaste de &%(*&%. Hasta entonces me empezaron a respetar e incluso me hicieron su compa, comenzaron a sentarse uno a cada lado de mi mesabanco. A quien mejor conocía era al bato cagapalos; al bueno-pa-los-putazos lo comencé a tripear hasta entonces: sabía que estaba cabrón más bien por rumores y porque estaba mamado, nadie en verdad lo habíamos visto pelear. El cagapalos me advirtió que su compa era sobrino de un narco bien famoso que hasta hoy sigue en el bote. Pues en una fiesta el bato bueno-pa-los-putazos se puso pedo y tumbó a la morra jipi desmadrosa de un madrazote en el estómago; alguien llamó a la placa y su compa cagapalos sacó fusca y los abrió a cuetazos. Los chotillas pidieron refuerzos; al detener a aquellos güeyes se descubrió que efectivamente uno era el sobrino de aquel narco. Los batos confesaron de volada que se dedicaban a cruzar droga. Para ese entonces ya me habían invitado a jalar y, a pesar del pedo, jamás me pusieron dedo; total, yo ni tuve que ver en ese desmadre. De eso han pasado un chingo de años; los batos siguieron en el bote, yo cero: seguí trabajando como si nada.”



II. A Rafael Caro Quintero se le responsabiliza de haber industrializado el cultivo de mariguana, aludiendo la existencia del legendario rancho El Búfalo, en Chihuahua, que operaba él mismo en coordinación con la Dirección de Seguridad Federal mexicana de la época. En el rancho, donde trabajaban unos diez mil campesinos, fueron incautadas mil hectáreas sembradas de cannabis, por lo que bien podría señalársele como el arquetipo histórico del narcotráfico como negocio implícito en la economía actual. Tras la supuesta ilegalidad de la producción y tráfico de estupefacientes, casos como el del rancho operado por Caro Quintero y la DSF revelan, desde hace más de treinta años, que el narco es constitutivo de la economía global por su alta rentabilidad tanto de mercado, como política. Lo primero, debido a que produce una acumulación de ganancia descomunal y extraordinaria, tanto por las condiciones que reclama su producción (geografía, procesos químico-farmacéuticos específicos); la segunda, debido a que su característica de “ilegal” permite que las llamadas luchas contra las drogas o guerras contra el narco deriven en violaciones impunes de derechos humanos por parte del Estado. Lo más importante, sin embargo, es que casos como los de El Búfalo, revelan cómo el aparato capitalista que sostiene el tráfico de droga avala formas de esclavitud complejas amparadas en la supuesta oscuridad de dicho negocio. Así, segmentos de población son esclavizados en el campo para producir droga. Esta esclavitud no se limita al ámbito campesino, sino que se reproduce en todos los que involucra el “lado oscuro” del crimen organizado. ¿Ejemplos? Pequeños empresarios obligados a trabajar para pagar un derecho de piso, o migrantes reclutados en estados fronterizos como sicarios a cambio de no morir.

Link: http://www.vice.com/es_mx/read/q-de-quintero

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 4/6/2013, 6:28 pm

R DE "RANCHO"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Rancho.



I. “Los recuerdos más fuertes que tengo relacionados a este desmadre son tres. El primero es la sonrisa de mi tía, que ya es de la tercera edad, saliendo de una farmacia; más que una sonrisa es una mueca de euforia porque logró que le vendieran tranquilizantes sin receta médica. El segundo es la cara de mi sobrino aplastándose a la almohada y apretando los ojos la noche del día en que un comando asesinó a su papá, mi cuñado (éste es el más fuerte y el que más me duele). El tercero es muy viejo, de hecho es uno de los recuerdos más viejos que tengo de mi papá, que en paz descanse. Mi papá está platicando con mi mamá y la maestra de piano de mis hermanas, quien supuestamente hacía trabajos de brujería además de dar clases de música. Los tres hablan de un brujo al que llaman El Profesor, un señor que se supone hacía magia negra. El caso es que en un momento la conversación, no recuerdo exactamente cómo, mi papá platica sobre un rancho en el que se hacían rituales satánicos. En su relato El Profesor mata niños y los ofrece al Diablo a cambio que sus clientes, la mayoría narcotraficantes, puedan volverse invisibles. El Profesor intercede para que las fuerzas oscuras los ayuden a cruzar, sin que los vean, toneladas de droga al otro lado de la frontera. En mi recuerdo todos están en la sala y hablan muy bajito. Estoy oyendo la conversación desde la recámara de la maestra de piano, quien me mira de reojo desde el fondo del pasillo; arruga los ojos y la boca mientras me mira fijamente, sin que el resto se percate. Mi papá habla sin pausas sobre las víctimas del brujo, que a lo mejor no eran niños, sino hombres vírgenes, como seguramente lo era un gringo que desapareció en una borrachera del lado mexicano. El gringo fue hallado en pedacitos adentro de una olla de pozole, meses después, en el rancho del Profesor. Recuerdo haber sentido mucho miedo, tanto que empecé a llorar, tanto que mi papá tuvo que entrar a la recámara y abrazarme: No va a pasar nada mientras estemos juntos, me dijo, Yo te voy a cuidar. En mi recuerdo no paro de llorar y me aprieto no a la almohada, sino a su brazo, que huele a loción y humo de cigarro.

El rancho del Profesor fue quemado por la policía, luego de hallarse al gringo hecho pedazos. El consulado había presionado para que la corporación lo buscara, aunque ésta seguro ya sabía su paradero: es probable que la policía avisó al Profesor que allanarían el rancho para que pudiera huir. Años después la policía federal intentó aprehenderlo en un departamento en el que se escondía con dos de sus amantes, un hombre y una mujer adolescentes, en una ciudad del Sur. Durante el intento de arresto se desató una balacera que duró un par de horas durante las cuales el brujo arrojó por la ventana fajas de billetes. A mucha gente le valió &%(*&% cruzarse entre las balas y corrió a recoger los dólares. Esa gente se fue al infierno con El Profesor, quien murió abatido por una bala impactada en directo en el corazón.

A donde estaba el rancho hoy ya no hay nada. Supongo la gente cree que el terreno baldío está maldito.”



II. El rancho es el espacio arquetípico en el que se constituyen los paradigmas que caracterizan el universo narco. El rancho El Búfalo, erigido por Caro Quintero y la Dirección Federal de Seguridad en Chihuahua, representa un modelo de esclavitud campesina que desde los ochenta se repite en sembradíos de enervantes en estados como Durango y Michoacán. El Rancho Santa Elena, en Tamaulipas, donde Adolfo de Jesús Constanzo creó un centro de tránsito de mariguana a Estados Unidos, también se organizaron rituales de Palo Mayombe que derivaron en una docena de sacrificios humanos en 1987. Constanzo creó un culto integrado por capos y policías, con quienes celebraba misas negras, prácticas que siguen repitiéndose en algunos círculos del narco. En el rancho Las Mendocinas, Raúl Salinas de Gortari presuntamente cobró casi 18 millones de dólares a los cárteles de la droga para financiar la campaña presidencial de su hermano Carlos. En un informe elaborado a finales de la década de los noventa por la fiscal suiza Carla del Ponte se incrimina al PRI a partir de cuatro encuentros realizados en 1993. Raúl y políticos como Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones se reunieron con Juan y Humberto García Abrego, Joaquín Guzmán Loera, Amado Carrillo Fuentes y los hermanos Arellano Félix para, de acuerdo al testimonio de un testigo protegido identificado como El Brujo, pactar acuerdos. Las Mendocinas es un lugar muy simbólico, pues en esas reuniones pudieron haberse gestionado las divisiones “oficiales” de plaza que perduraron hasta la llegada del PAN a la presidencia, cuando las jerarquías tradicionales del crimen organizado se resquebrajaron. El Brujo, alias de un narcotraficante colombiano apresado en Estados Unidos, relató que los asistentes a las reuniones llegaban en helicóptero al rancho ubicado en Puebla, de donde bajaban maletas negras Samsonite repletas de dinero.

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 4/6/2013, 6:29 pm

S DE “SICARIO”
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, ilustración por Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Sicario.



I. “El autolavado lo dejé desde hace tiempo. Entre más lavaba carros, menos me pagaban. Si faltaba a trabajar me descontaban dos días de un sueldo miserable y eso me hacía encabronar. Para subsistir no me he limitado. Los lunes me levanto desde temprano para descargar los puestos del tianguis que llega al pueblo. Aunque eso de por sí es una putiza, ayudo también a cargar bultos y eso me deja una feria extra. Por la tarde desarmo los puestos; entre más de volada lo haga está mejor, porque así me da tiempo de desarmar hasta tres y juntar 300 pesos al final del día. Lo mejor de todo es que los tianguistas me dan verdura y fruta para toda la semana. Los martes, miércoles y jueves bajo a la carretera y me paro afuera de los restaurantes. Y ahí, pues a esperar; porái pasan un chingo de remolques, muchos de los traileros buscan descansar, pero necesitan quien los cuide pa’ que no les roben sus refacciones, y es que una llanta vale como dos mil pesos. Lavo cabezas de motores, reviso el aceite. Al final junto también unos 300 pesos. En el autolavado la clientela me escupía, burlándose de que a mi edad intentaba aprender a lavar un coche. Me trataban con la punta del pie y yo me llenaba de rabia, de mucho coraje y por instinto apretaba el puño para no dejar que me siguieran humillando. Al final me resignaba a llorar al mismo tiempo que me tragaba las lágrimas. Puta, no sabes el pedo que es aguantarse tanta chingadera. Pero pues no tengo que flaquear, me digo para no cagarla, No tengo que meter la pata porque si la riego ya todo valió madre. Y no es que no me dan ganas de hacer lo que mejor sé hacer, que es matar gente: he querido volver a quebrar a un chingo de raza, pero no puedo permitírmelo a estas alturas de la vida; sería muy pendejo de mi parte echar por la borda todo lo que he ganado: la libertad de no sentirme perseguido. Sigo teniendo un chingo de miedo, eso nunca se va, pero ahora puedo más o menos andar tranquilo sabiendo que nadie sabe dónde estoy. Eso ni con todo el dinero del mundo se puede comprar. Yo sé que vivo preso de un pasado que no quiero recordar, o sea que soy preso de todo lo que hice, incluso —de algún modo— de las personas a las que les di piso. Y es que tengo culpas que no podré borrar mientras tenga vida, pero la neta hasta ahorita la he librado de haber muerto mientras jalaba para la organización o de haber terminado preso. No sé después, pero hasta ahorita eso he logrado y lo tengo qué cuidar. ¿Cómo? Imitando la manera de ser de los demás, desde cómo hablan hasta cómo caminan; tengo que perderme cabrón entre la raza para no llamar la atención de nadie, ser un güey más de la bola que se chinga todos los días en la calle jalando costales. Ni pedo. Nomás así puedo llevármela tranquilo, sin meterme en pedos; dar que los buenos días, dar que las buenas tardes o las buenas noches, convivir como si nada con la señora que me da de comer en la pensión en donde vivo. Fíjate: hasta fingir que uno está medio pendejo.”



II. En el Sutra de Angulimala, Buda cuenta la historia de un asesino que descuartizaba a sus víctimas. No conformándose con robarlas, cortaba en pedazos a quienes osaban cruzar el camino entre las regiones de Savatthi y Kosala. Angulimala, que en sánscrito significa “el del collar de dedos”, se colgaba las extremidades de los cientos de personas que había matado. Veinte años después de su iluminación, Buda se cruzó en su camino; Angulimala advirtió desde el un punto más alto del cerro que el monje no iba acompañado. A pesar de que le habían insistido que se alejara de la ruta del asesino, Buda había decidido acercársele. El asesino no pudo creer la imprudencia del monje y decidió matarlo de las formas más horribles. Lo persiguió, corrió tras él por todo el busque durante horas a toda velocidad. El monje nunca aceleró su paso y, por más que Angulimala lo cazó, nunca pudo ser alcanzado. El homicida le gritó al Buda que se detuviera. Éste le contestó que ya lo había hecho. En realidad, el asesino era el único que seguía en movimiento: al no haber sido capaz de renunciar a la violencia, se precipitaba interminablemente y no paraba. Cuando Angulimala se dio cuenta cayó exhausto a los pies del Iluminado y le rogó que lo tomara como discípulo. Y así fue. El pueblo de Kosala de inmediato pidió su cabeza y el Rey se vio obligado a viajar hasta donde el Buda acompañado de 500 guerreros. El monarca se conmovió al descubrir que el monje había transformado al asesino, a pesar de que el ejército había intentado reprimirlo con ferocidad innumerables veces. Sin embargo, el resto jamás lo perdonó: cuando lo vieron orando con la cabeza a rape y vestido con una túnica le destrozaron el cuerpo a palos y pedradas. Ya que estaba completamente ensangrentado, el pueblo lo dio por muerto. El Buda lo encontró arrastrándose en el bosque y le aconsejó que soportara su pena: sólo así evitaría un futuro infernal hundido en el crimen. Angulimala comprendió y, a pesar del terrible castigo, fue feliz.

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 4/6/2013, 6:32 pm

T DE "TRAICIÓN"
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Traición.



I. “Antes de ser policía fui maestra. Aparte de dar clase daba pláticas sobre drogas para que los chamacos no se metieran de mañosos. Resultaron muy exitosas en la prepa donde trabajaba, así que la policía me invitó a impartirlas en el resto de la ciudad. Quien me jaló fue un comandante muy guapo que después mataron: ay, cómo me gustaba el comandante. Y yo le gustaba a él así de grandota y güera como me ves, pero en ese entonces con una cinturita, con un bustote, con unas piernototas. Un día el Comandante Cuero me rogó que le ayudara en un cateo. Como no había mujeres en la corporación, quería que lo acompañara a la casa que catearía. Que ahí tocara el timbre y dijera Soy Fulana, la muchacha que pidieron. Pues ai’ voy de aventada con el Comandante y su contingente, yo en tacones y escote. Toqué el timbre y dije Soy Fulana, la muchacha que pidieron. En cuanto abrieron la puerta me pasaron encima todos los judiciales. Cuando pude levantarme, vi a unos hombres tirados en el piso. El comandante esculcaba maletas y cajones, por supuesto que lo que buscaba era dinero. Al fondo de la casa miré a una india correr con unas maleta; me le abalancé y, como pude, se la arrebaté tan fuerte que del jalón se abrió. Ya encontré la droga, le grité al comandante. Pues bien, la emoción que tuve en ese instante me hizo querer ser policía. A los días le dije a mi papá que me inscribiría a la academia y, aunque al principio se negó, aceptó enviándome a la capital acompañada de mi hermano. A pesar del machismo de mis compañeros, llegué rápidamente hasta Comandante de la Judicial Federal. El punto más alto de mi carrera fue cuando fui asignada a una ciudad de playa con turismo internacional. Ahí me negué a pactar con Zetas: Ustedes hagan lo que se les pegue en gana, les advertí, Yo no trato con delincuentes. Todo estuvo bien, hasta que de sorpresa me avisaron que sería enviada a la sierra. Y me fui a la sierra. Pues a tres meses de estar adscrita en mi nueva plaza fui acusada de dirigir una red de narcomenudistas en la ciudad de playa. Supuestamente participé en un cateo donde hallé droga y dinero que nunca reporté al gobierno federal; además, que dizque asesiné a varios policías en la balacera aquella famosa, una en la que hubo once ejecutados. La verdad que sí participé en ese cateo, pero no reporté lo decomisado por órdenes de mi superior, el delegado. Fui arrestada en medio de un operativo bien aparatoso, llevada de inmediato a la capital y encarcelada nomás por los huevos de quien me traicionó. Estuve presa durante cuatro años. Después se comprobó mi inocencia y fui absuelta de todos los delitos. Desde entonces no ha pasado un solo día en que no piense en la persona que me traicionó.”



II. La traición es un paradigma fundamental en el universo simbólico del narco. La fidelidad a un pacto establecido entre dos o más partes adquiere un valor cuasi obsesivo en el marco de la violencia, pero también de los vertiginosos traslados del poder. La traición recrudece el castigo: algunas veces tortura y ejecución, otras muerte política. El caso del malogrado ex gobernador Mario Villanueva es prueba de ello.

Extraditado en los Estados Unidos, en espera de una sentencia que lo podría encarcelar por veinte años en una prisión de máxima seguridad, El Chueco fue castigado no por sólo por su vínculos con el narcotráfico, que comparte con otros ex gobernadores en libertad, sino por haber traicionado políticamente a la jerarquía priísta. Al intentar imponer a un sucesor en la gubernatura, El Chueco se distanció definitivamente de la cúpula de su partido. Ello lo convirtió en un apestado, luego en un perseguido. Las escurridizas divisiones entre lo legal y lo ilegal hacen del ejercicio delincuencial una práctica arquetípicamente vertiginosa: el equilibrio sólo puede ser alcanzado mediante contratos pactados verbalmente, pero con el crédito que otorga el dinero y/o el poder político. La traición ocupa el centro de los temores de todos los agentes inmiscuidos en la delincuencia organizada: la traición es la pérdida de ese equilibrio sostenido por un aparato inmenso, edificado a veces con mucha sangre, otras con mucho esfuerzo. La traición revela que dicho equilibrio es incierto y toda estructura, a pesar del dinero y el poder, frágil.

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 4/6/2013, 6:33 pm

U DE “ULTRALIGERO”
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Ultraligero.



I. “Estaba por abrir la puerta de la cantina hacia afuera y Uta, me dije, por favor que no sea de día.

Raza bien morrilla desplazó a los rucos que tradicionalmente caían a este congal; es de los más viejos y no sé a qué hora cierra, pero a las seis o siete de la mañana la plebe sale toda aftereada. Yo le caigo desde hace un chingo —ya tengo mis añitos— y no me agüita que se llene de ese tipo de gente: el lugarcillo está cotorro, bien oscuro, lleno de pendejadas como fotos y sombreros en toda la pared. Precisamente en el viaje de esa noche tripié que la plebe joven le caía acá por la decoración; luego me acordé de los mañosos que le caían antes, cuando se llenaba de meseros que terminaban de jalar en otros antros. ¿Se habrán fijado que en el techo están escritos los nombres de raza que ya está muerta? ¿Aluciné esos nombres? No puedo saber: no he vuelto desde entonces. En fin. Abrí la puerta y Uta, volví a decirme, qué chingón que todavía es de noche; el piso estaba como respirando y los muros parecían coloreados con lápices de tonos pastel. No me acordaba dónde había dejado estacionado el carro, así que caminé unas tres cuadras hacia el lado de la playa. De repente un carro se orilló: Qué pedo, pinche Loco, ¿a dónde vas? Era un carnalito que hace rato no veía. No encuentro mi carro, Dud, y perdí mi celular, ¿qué hora traes? Todavía es tempra, cabrón, súbete y yo te llevo. Su ranfla era un lanchón de la verguísima con vidrios polarizados; en cuanto me acerqué el bato bajó los vidrios de atrás y vi que lo acompañaba una pareja: un ruco trajeado, con canas, pero carita el bato, y una morra vestida con un trajecito sastre, mucho más joven y súper hermosa de la cara. En cuanto me subí, mi compa me dijo si no quería ir primero a hacer una rayas con ellos. Chingue su madre, ya estaba bien encaramado: por la plebe que iba con el güey, supuse que sería un trip bien maniacón.

Fierro, puto.

En el camino me presenté con la pareja y les ofrecí un joint de mota; los batos se paniquearon y me dijeron que No, cómo crees, tú llégale y la chingada: nosotros no le hacemos a esa madre. Bueno, me dije, yo sí voy a fumar. En cuanto llegamos al cantón me volvió a estallar el ajo, pero cabrón: miré que las copas de los árboles en el jardín de mi compa estaban iluminadas por una luz roja. La sala de la casa tenía un ventanal enorme desde el que seguía viendo esos árboles y esa luz. Una vez que nos sentamos alrededor de la mesa, advertí que no era perico lo que íbamos a esnifar, sino crico. Se hicieron efectivamente unas rayas del polvo azulado y cristalino que nuestro anfitrión probó con un popote; pensé Si los batos se asustan con un pinche churro pedorro, no mames con mi compa que les está poniendo unas rayas de esa… Y \"%/($\"?: todavía no había terminado de articular la frase en mi cabeza cuado la vieja se dio dos pinches rayones gordos. Qué pedo que hasta dijo Uy, qué rico. Entonces el bato se aflojó la corbata: Vámonos recio, que se dio también un par. Al principio pensé que era mi trip, pero pura &%(*&%: los batos eran unos pinches atascados.

Luego me tocó a mí.

Saca una pipa, le pedí al dud, acabo de fumarme el gallo y traigo calientita la garganta. Me di un tanque de esa madre que llegó bien pronto a mi cabeza. Me sentí entre eufórico; mejor dicho con ganas de cogerme a la vieja que, en ese punto, bailaba frente a los tres quitándose el saco, la blusa y los tacones. Todos estábamos riendo. Le di una palmada al ruco y, nomás para probar terreno, le dije Qué buen culo te estás picando. Volteó y dijo A huevo. Todos seguíamos riendo.

Mi compa había puesto música disco, ya estaba amaneciendo y la morra ahora fumaba de la pipa mientras bailaba sola frente al inmenso ventanal. No sé cuánto tiempo habrá pasado en lo que la veíamos entre carcajadas y rayas y pipazos, pero de repente el ruco se paró; la vieja (su vieja) ya estaba a punto de encuerarse, así que supuse que el bato se había ondeado. Vístete, gritó; miraba su reloj mientras apretaba recio la mandíbula. Qué pasa, preguntó mi compa. Se nos hace tarde. Es domingo y apenas amaneció, le espeté. Por eso: tenemos que irnos a trabajar. No mames que van a irse a trabajar. Es que en una hora sale nuestro vuelo. ¿Vuelo? Sí: soy capitán de aviación y ella es mi aeromoza.

&%(*&%.

¿Para qué aerolínea trabajan?”



II. Ultraligero es el término que designa a los aviones monoplaza habilitados para volar a baja altura y poca velocidad. Debido a la dificultad de ser detectados por radares de detención aérea, son utilizados para cruzar droga de México a Estados Unidos. Su tamaño permite aterrizajes improvisados, aunque la Patrulla Fronteriza ha advertido que la mercancía traficada suele ser arrojada desde el aire mientras vuela; desde el 2009 y 2010, dicha agencia ha registrado más de 200 “incursiones” por año a territorio gabacho. Ultraligero, además, es un término que podría definir uno de los motores quintaesenciales de la psiconáutica: el conjunto de drogas alucinógenas integrado por materias psicodélicas, disociativas y delirantes. Ultraligero es uno de los efectos a los que conduce su consumo y es metáfora de algunos de los visuales arquetípicos que genera especialmente el grupo de sustancias psicodélicas: la idea del “viaje” o desplazamiento a nivel psíquico. Uno se siente “ultraligero” en cuanto a que las barreras que podrían contener la consciencia se han derribado y se revela una extensión de nuestros límites sensoriales. Sustancias tan dispares como el LSD y la Salvia Divinorum comparten la alteración de sentidos, al grado de que ambas sustancias derivan en una disolución del ego, pero también la visualización de nuevos márgenes de existencia. Bajo el efecto de esta droga se perciben mutaciones momentáneas (y radicales) del entorno: se encienden luces donde no las hay, las cosas parecen estar dibujadas con lápices de color y vertidas en un plano bidimensional y todo se mueve como si pasara un viento por el entorno. Sin embargo, en el caso de los psicodélicos más intensos, como el DMT o la misma Salvia, la visualización puede cruzar los límites de la vida misma: es común que quien los consume son capaces de sentir la experiencia de estar casi muerto, o incluso estar más allá de muerto. Ese “ir más allá de la muerte” parece ser el fin último de un alucinógeno. Un más allá que es muerte simbólica, paralelo a la aspiración innata a sobrevivir eternamente, justo como en el plano terrenal lo han querido muchos de los grandes capos del narcotráfico.

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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

Mensaje por Takeda el 13/6/2013, 5:48 pm

V DE “VENGANZA”
EL ALFABETO (ILUSTRADO) DEL NARCO MEXICANO
Por Juan Carlos Reyna, Ilustración de Gabriel Escalante

Éste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones específicas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompañado de un dibujo y mi definición sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aquí les dejo la palabra de esta semana: Venganza.

I. “La noche del día que mataron a mi marido dejé que mi hijo subiera a acostarse solo. Mijo’ fingía que no pasaba nada, pero luego de que lo vi meterse al cuarto cabizbajo, imaginé que lloraría. O que nomás pegaría su cabeza a la almohada, como si con eso detuviera los recuerdos de su papá pidiéndole que se lavara los dientes o que recogiera su ropa sucia. Imaginé que daría vueltas en la recámara mirando de reojo la pared, pensando en cómo lo habían matado. Todos los días mi marido lo llevaba a la escuela. (Dios mío, no quiero pensar qué hubiera ocurrido si no hubiera salido con prisa en la mañana).
La cara de Mijo’ esa noche es la más triste que he visto, pero hasta ahora sólo la he mirado en mi cabeza. Adentro veo también a su papá acostado en el sofá de la sala mientras lee los mensajes de uno de sus dos teléfonos. Le acaricia el lomo a su perra, su animal favorito de entre todos los que hay en casa. La gorda, la peluda, la panzona: su consentida. ¿Qué voy a hacer ahora con tanto perro? No puedo con todos. Él se hacía cargo de ellos, sacándolos a pasear cuando podía, dándoles de comer y provocándolos nomás regresaba del despacho. Ay, cómo los molestaba; en especial a uno, al más viejo: el pobre perro creció formándose un carácter endemoniado de tanto que lo amargaba arrebatándole sus muñecos del hocico.
Toda la noche del día de la ejecución ese perro se quedó en medio del patio, frente el ventanal que da a la sala de casa, sin mover la cola. Ambos tenían el mismo carácter. Qué carácter tan fuerte. Eso sí: mi marido nunca me gritó, ni puso dedo encima. Era un padre cariñoso, un esposo atento. Tenía un sentido del humor rarísimo, negro y acedo. Era culto. La gente que le conoció de cerca (muy pocos) aseguran que fue un gran amigo. Convivía con mi familia un rato nomás, casi siempre después de beberse varias cervezas, pero luego se escabullía. Subía a la recámara y se acostaba solo con sus demonios. ¿Qué imaginaba yo mientras lo veía subir las escaleras? Que había cosas que había hecho, pero que no se atrevía a decirme. Confieso que muchas veces le temía.
A veces llegaba de malas del despacho, casi siempre echando lumbre de la boca cuando un juez se resistía a resolver a su favor. Luego del encabronamiento seguía el desquite consigo mismo, por dentro maldiciéndose por no poderse imponer a toda esa porquería de jueces y magistrados que pedían más y más dinero.
Después seguía el miedo.
Luego se subía a la recámara a tomarse su pastilla y contestar mensajes de texto antes de dormirse a fuerza.
Hacía meses que nos habíamos distanciado. Confieso también que llegué a rezarle a la virgen para que facilitara el proceso de separación, si Dios así lo quería. Hay días que lo extraño mucho, casi siempre por las mañanas. Por las noches más bien estoy tranquila.”
 
II. Venganza es el leitmotif que recurre siempre al interior del narcotráfico. La fidelidad entre miembros del crimen organizado termina donde comienza la ambición. Al igual que en Macbeth, aquí la sucesión de ajustes y vendettas revela los peligros que entraña la avidez desmedida. Aspirar a dominar los terrenos propios del narco es un enorme agente corruptor: así como la rapacidad hunde al personaje shakespereano en una espiral vertiginosa de poder, también el aspirante a capo se precipita invariablemente hacia la muerte: en principio la muerte del otro, luego la de sí mismo. Un paradigma turbio diferencia la traición de la venganza; mientras la primera tiene como fin arrebatar el poder, la venganza tiene por objeto restituirlo. Un orden se ha perdido, pero jamás se podrá restaurar: ese paradigma de imposibilidad pauta la escalada de muerte sin fin que caracteriza el recrudecimiento de las disputas intestinas del crimen organizado. ¿En qué lugar de este entramado se sitúa la ejecución de un inocente, llamada “baja colateral” por el Estado? En un conocido sutra budista, un hombre acaudalado es asesinado por una flecha envenenada. El hombre no permite que sus criados retiren la saeta. El hombre se empeña en averiguar quién lo atacó y por qué. Ahí está aquel hombre empeñado en darle vueltas en la cabeza a su agresor, cuando muere. Hay quienes en el momento de su muerte violenta pensarían en su esposa e hijos. Hay quienes pensarían en traición. Hay quienes en venganza. Me inclino a pensar que en nuestra humanidad desbocada, la mayoría pensaríamos en todo lo anterior a la vez.



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Re: El Alfabeto (Ilustrado) del narco mexicano.

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