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Asia, la nueva Guerra Fría

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Von Leunam
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Asia, la nueva Guerra Fría

Mensaje por Von Leunam el 20/12/2012, 6:57 pm

Asia se prepara para la guerra fría

Los perfiles nacionalistas de los nuevos dirigentes de China, Japón y Corea del Sur agravan las disputas fronterizas y el desencuentro entre Pekín y Washington

Con el triunfo de la conservadora Park Geun-hye en las elecciones presidenciales de ayer en Corea del Sur se cierra un año en que los tres países de Asia del Noreste —China, Japón y Corea del Sur— cambian de liderazgo en un momento crucial de sus relaciones y cuando todo apunta hacia el inicio de una nueva guerra fría en Asia. El auge del nacionalismo en los tres países y los islotes en disputa entre China y Japón, unos; y entre Japón y Corea, otros; unido al cambio en la estrategia de Defensa de Estados Unidos, hace temer un agravamiento de las tensiones en la zona y un avance de la ya iniciada carrera armamentista, sobre la que planea la amenaza nuclear de Corea del Norte.

Xi Jinping, elegido secretario general del Partido Comunista Chino (PCCh) en noviembre pasado, pidió a sus Fuerzas Armadas que “intensifiquen su capacidad para el combate real”, durante la primera reunión que mantuvo con los altos mandos del Ejército Popular de Liberación (EPL) como máximo líder comunista. Xi se refirió a los nuevos retos que enfrenta el Ejército más numeroso del mundo, con 2,3 millones de efectivos, “en la era de la información” y le conminó a “mejorar la habilidad de luchar en guerras regionales”.

Las palabras de Xi, que será nombrado presidente de la República Popular el próximo marzo, no tranquilizaron a sus vecinos. El presupuesto militar de China hace ya casi una década que crece dos dígitos por año. En 2012 ascendió a 80.423 millones de euros, lo que supone un aumento del 11,2% con relación al año pasado. Este año también ha botado su primer portaaviones y ha mejorado considerablemente las capacidades de su Armada, lo que es visto con extrema preocupación por Japón y los países del sureste asiático con los que se disputa otros islotes en el mar del Sur de China.

El ascenso en Japón de Shinzo Abe, halcón del Partido Liberal Democrático (PLD), tampoco suaviza las tensiones. En su primer discurso tras su apabullante victoria en las elecciones legislativas del pasado domingo, Abe dejó claro que las islas Senkaku (en japonés) y Diaoyu (en chino) “son parte integral del territorio de Japón” y rechazó cualquier tipo de negociación al respecto. Con ello, este, dejó claro a Pekín desde el principio de su mandato cuales son sus líneas rojas, aunque posteriormente le tendió una rama de olivo al subrayar que China es el “primer socio comercial de Japón”.

Abe apoya que Japón transforme sus fuerzas de autodefensa en Ejército regular, lo que requiere reformar el artículo 9 de la Constitución pacifista impuesta en 1946 por EE UU como potencia ocupante tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Ya en 2006, durante los 11 meses en que Abe encabezó por primera vez el Gobierno japonés, dio importantes pasos en este sentido. Pese a las limitaciones que impone la actual Carta Magna, Tokio tiene el sexto mayor presupuesto militar del mundo (45.000 millones de euros en 2012, aunque para 2013 se prevé una reducción del 1,8%).

Las Senkaku / Diaoyu, que Washington quiso mantener bajo su control hasta que las devolvió a Japón junto con el archipiélago de Okinawa en 1971, se encuentran protegidas por el Tratado de Defensa mutua entre Estados Unidos y Japón. De ahí, que esta disputa encona también las relaciones entre Pekín y Washington. “China debe sentir la contención de Estados Unidos para que no continúe su expansión. Hay que ejercer presión y no solo militar sino también económica”, señalan fuentes diplomáticas japonesas.

Para China, la nueva estrategia de seguridad nacional del presidente Barack Obama, que da prioridad a la región de Asia-Pacífico, no tiene otra intención que “cercarla e impedir su ascenso”. De ahí, el malestar existente por la decisión estadounidense de estrechar las relaciones estratégicas con Japón y Corea del Sur, países en los que tiene estacionadas tropas, además de con otros vecinos de China como Filipinas, Vietnam, India y Myanmar (la antigua Birmania).

China no acepta las críticas de Washington por el fuerte incremento anual de su presupuesto militar y le echa en cara que apenas llega al 1,8% de su Producto Interior Bruto (PIB), mientras el de EE UU, con 662.000 millones de dólares (500.380 millones de euros) supera el 2% del PIB estadounidense. Además, la decisión de potenciar el espionaje, los robots de combate, las operaciones especiales y la guerra cibernética es vista por buena parte del Partido Comunista Chino como “la prueba evidente de que Washington ha desatado una nueva guerra fría en Asia porque no está dispuesto a permitir el ascenso pacífico de China”, según diferentes analistas.

A su vez, Washington está muy molesto con Pekín porque no frena las amenazas nucleares de su socio norcoreano, cuyo régimen considera “muy poco fiable”. La puesta en órbita de un satélite la semana pasada es vista como un nuevo ensayo de misil intercontinental y viola las ordenanzas de la ONU, pero no es posible imponer sanciones a Pyongyang porque Pekín lo impide al considerar que si se aisla aún más a ese régimen se le hace más peligroso y beligerante.

La victoria electoral de la conservadora Park Geun-hye juega también un importante papel en la zona. Corea del Sur es un destacado socio militar de Washington, pero la disputa por las islas Dokdo (en coreano) / Takeshima (en japonés) ha envenenado en los últimos meses las relaciones con Japón. Además, Shinzo Abe, durante su primer mandato como jefe de Gobierno, rechazó que el Ejército imperial utilizara “esclavas sexuales” coreanas durante las guerras de expansión por Asia en la primera mitad del siglo XX, lo que desató aireadas protestas en Seúl. Abe se vio obligado a pedir perdón para no romper las relaciones con su vecino.

Seúl casi está más preocupado por el aumento del nacionalismo japonés que por el del chino. Pero lo que sus vecinos aguardan con interés es ver que actitud tomará ante frente a Pyongyang. Buena parte de los surcoreanos apoya una mejora de las relaciones entre los dos países, lo que favorecería económicamente a ambos.

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/12/19/actualidad/1355944420_348889.html

Takeda
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Re: Asia, la nueva Guerra Fría

Mensaje por Takeda el 24/4/2013, 11:51 pm

Con dedicatoria para el buen Rogersukoi, ojalá se dé una vuelta por el tema:

Bajo la Lupa

El Memorándum Crowe: la inevitabilidad de la guerra entre EU y China, según Kissinger

Alfredo Jalife-Rahme

Militares chinos se preparan para una ceremonia oficial en el Gran Salón del Pueblo, en Pekín, la semana pasadaFoto Reuters
E
n su polémico libro Sobre China, Heinz Alfred ( Henry) Kissinger consagra su epílogo (¿Se volverá a repetir la historia?) al célebre Memorándum Crowe–inevitabilidad de la Guerra entre Gran Bretaña y Alemania–para sopesar los alcances de la confrontación entre Estados Unidos y China.

El diplomático británico sir Eyre Alexander Barby Wichart Crowe –quien curiosamente nació en Leipzig de madre alemana y fue educado en Düsseldorf y Berlín– publicó siete años antes del estallido de la I Guerra Mundial el histórico memorándum sobre el estado presente de las relaciones británicas con Francia y Alemania, en el que resaltó que Alemania deseaba la hegemonía en Europa, y eventualmente en el mundo, lo cual constituía una amenaza al equilibrio del poder en Europa similar al de Felipe II de España y la Francia borbónica y napoleónica, por lo que se pronunció en contra del apaciguamiento de Alemania.

Llama la atención que el controvertido premio Nobel de la Paz Kissinger –con el estigma de su participación en el golpe de Estado de Pinochet, la Operación Cóndor en Sudamérica y el genocidio de Indochina– desarchive el célebre Memorándum Crowe, que ejemplifica la rivalidad anglo-alemana como un augurio (sic) de lo que le puede esperar a Estados Unidos y a China en el siglo XXI.

Estados Unidos, como Gran Bretaña, es primariamente una potencia naval, mientras China, a través de su historia, ha sido más poderosa que cualquiera de la plétora de sus vecinos. Aquí va una corrección a Kissinger: nunca China superó el poderío de la URSS.

Kissinger revive sus conceptos sobre el equilibrio del poder desde el Tratado de Westfalia de 1648, que se basa en el equilibrio de las amenazas y los sistemas establecidos por estados soberanos que desembocó en la alianza transatlántica del siglo XX, la cual desea aplicar a las relaciones del transpacífico del siglo XXI.

Juzga que un sistema internacional es relativamente estable si el nivel de garantías requerido por sus miembros es alcanzable por la diplomacia que, cuando no funciona, se concentra más en la estrategia militar, primero en forma de carreras armamentistas, luego en las maniobras para ventajas estratégicas, a riesgo de confrontación y, finalmente, en la guerra misma.

A mi juicio, si se extrapola esta fase a la delicada situación en el noreste de Asia ( v. gr. escalada en la península coreana y la confrontación entre China y Japón por la posesión de las islas Diaoyu), exacerbada por el pivote de la doctrina Obama dirigida para contener a China, se pudiera inducir que la relación de Estados Unidos y China, muy contradictoria (con traslapes de cooperación/confrontación), se ha encaminado a un estadio peligroso de preguerra, muy ominoso debido a la ausencia de un sistema de seguridad en toda Asia, en donde Estados Unidos sentó sus reales con el lanzamiento de dos bombas nucleares en Hiroshima/Nagasaki, cuando Japón se encontraba totalmente derrotado, con el objetivo de detener a la URSS (ver La decisión de usar la bomba atómica, Gar Alperovitz, 1995; ver Bajo la Lupa, 10/4/11 y 5/8/12).

Pese a haber nacido en Fürth (Alemania), Kissinger es proclive a la decisión de Gran Bretaña de haber librado su guerra en contra de la Confederación Alemana, a quien no le duró mucho el gusto unificador (43 años).

En retrospectiva, el Memorándum Crowe es muy perturbador, porque prejuicia las intenciones (sic) de Alemania cuando cualquier acto desfavorable a Gran Bretaña era considerado bélico.

En la óptica de Kissinger –quien no le concede mucha importancia a Francia ni a Rusia–, resalta la bipolaridad imperante en ese momento en Europa, donde alguien tenía que triunfar entre Gran Bretaña y Alemania, situación que parece extrapolar, a mi juicio, la nueva bipolaridad que no se atreve a decir su nombre, entre Estados Unidos y China, donde también destaca la ausencia de la nueva Rusia, ya no se diga de los BRICS, en el incipiente nuevo orden multipolar.

¿Se volverá a repetir la historia?, pregunta Kissinger, quien se contesta: Sin duda (¡supersic!), si Estados Unidos y China caen en un conflicto estratégico, una situación comparable a la estructura de Europa previa a la I Guerra Mundial que se puede desarrollar en Asia, con la conformación de bloques puestos uno contra el otro y con cada uno buscando socavar o por lo menos limitar la influencia y alcance del otro.

Se desprende del análisis del diplomático británico Crowe, a quien Kissinger enaltece en forma ditirámbica, que el conflicto era inevitable debido al ascenso vertiginoso de Alemania y su nuevo poderío naval.

Juzga Kissinger que “una vez que Alemania consiguiera la supremacía naval, esto solo en sí mismo –sin miramientos a sus intenciones– sería una amenaza objetiva (sic) a Gran Bretaña, e incompatible con la existencia del imperio británico, y aduce que si Crowe analizara la escena contemporánea pudiera emerger con un juicio similar al reporte de 1907: el exitoso ascenso de China es incompatible con la posición de Estados Unidos en el océano Pacífico y, por extensión, en el mundo.

Kissinger expone el desafío ideológico de sus rivales neoconservadores straussianos en Estados Unidos, para quienes el cambio de régimen es el objetivo final para la política exterior de Estados Unidos al tratar con sociedades no democráticas, cuando la paz con China es menos un asunto de estrategia que de cambio (sic) en la gobernación de China.

Para equilibrar, Kissinger cita a los triunfalistas chinos como el coronel Liu Mingfu y su sueño chino, quien vislumbra la relación entre China y Estados Unidos como una competencia maratón y el duelo del siglo.

Para Kissinger, Estados Unidos está más enfocado en un poder militar apabullante, mientras China opta por el impacto sicológico decisivo y aduce que “una guerra fría entre los dos países detendría el progreso durante una generación a ambos lados del océano Pacífico”, por lo que la relación entre ambos no debe convertirse en un juego de suma cero.

Más allá de las vulnerabilidades domésticas de China y del tema polémico de los derechos humanos, Kissinger arguye que un proyecto estadunidense explícito, para organizar a Asia con base en contener a China o crear un bloque de estados democráticos para una cruzada ideológica, es improbable (sic) que tenga éxito.

¿No es acaso la base tanto del pivote de la doctrina Obama y de la Alianza del Pacífico (TPP, por sus siglas en inglés), del que forma parte el “México neoliberal itamita” en forma masoquista?

La salida a la compleja relación entre dos imperios con aspiraciones universales es para Kissinger la coevolución: continuación de sus imperativos domésticos, cooperación cuando sea posible, y ajuste a sus relaciones para minimizar conflictos, que desemboque en la comunidad transpacífica, en imitación a la alianza del Atlántico, con esferas de influencia muy bien delimitadas.

A mi juicio, el epílogo del polémico libro de Kissinger era tan fatalista que le valió una recapitulación, donde diluye la concentración del vino bélico del Memorándum Crowe para favorecer un codominio entre Estados Unidos y China en la cuenca del Pacífico, donde no aparece Rusia.

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    Fecha y hora actual: 4/12/2016, 2:23 pm